Montenegro podría no tener traducidas todas las leyes de la UE a tiempo para su adhesión; Bruselas sopesa una excepción que permitiría usar el croata como idioma sustituto.
Es posible que Montenegro no llegue a traducir con precisión toda la legislación de la Unión Europea (UE) antes de su adhesión al bloque. La Comisión Europea está estudiando varias opciones de derogación temporal, entre ellas permitir que el país utilice mientras tanto una lengua ya oficial en la UE.
Montenegro aspira a convertirse en el 28º miembro de la UE en 2028. Pero antes tiene que adoptar y traducir el llamado acervo comunitario, las decenas de miles de normas de la Unión Europea que conforman el marco jurídico del bloque. En Bruselas aumenta la preocupación de que no llegue a tiempo.
"Montenegro tendrá que producir traducciones del acervo comunitario a su lengua oficial con suficiente antelación a la adhesión y tendrá que formar un número suficiente de traductores e intérpretes necesarios para el buen funcionamiento de las instituciones de la UE tras su adhesión", se lee en el marco de negociación del país con la UE.
Podgorica ha invertido de forma significativa en su capacidad administrativa y asegura que el trabajo estará terminado a tiempo. Pero el Ejecutivo comunitario ha empezado a estudiar planes de contingencia, han informado a 'Euronews' varios responsables de la UE.
El motivo es que Croacia ha expresado dudas sobre la calidad de algunos textos jurídicos traducidos. Zagreb está inmersa en una disputa bilateral con Montenegro que podría retrasar todo el proceso de adhesión.
Desde que Croacia, el miembro más reciente del bloque, se incorporó en 2013, el cuerpo de legislación de la UE casi se ha duplicado.
Los países candidatos deben traducir toda la legislación pertinente de la UE a su futura lengua oficial. Las instituciones europeas solo son responsables de una revisión final antes de la publicación en el Diario Oficial en el momento de la adhesión.
La traducción es además solo una parte de la preparación lingüística. Algunas normas deben adaptarse al contexto institucional del país candidato, por ejemplo, designando qué autoridades se encargarán de la supervisión.
"Los servicios de la Comisión están en contacto regular con Montenegro y revisan el ritmo de trabajo a este respecto", señaló a 'Euronews' un portavoz de la Comisión.
La Comisión está evaluando varias opciones de derogación potencial, entre ellas permitir que Montenegro utilice otra lengua oficial de la UE hasta que tenga tiempo de cubrir las lagunas y traducir con precisión la legislación restante.
La elección correspondería a Podgorica, pero el croata es el candidato evidente. Es la única lengua oficial de la UE que comparte las mismas características básicas y resulta comprensible para un hablante montenegrino.
"La lengua estándar montenegrina pertenece al mismo continuo dialectal que las lenguas estándar bosnia, croata y serbia, y todas son mutuamente inteligibles", señala un estudio reciente sobre el idioma montenegrino.
Una opción entre varias
Aun así, esta es solo una opción entre varias, y puede que no sea bien recibida en Montenegro. Las cuestiones de identidad están muy arraigadas en los Balcanes occidentales, y Podgorica luchó durante años para que el idioma montenegrino fuera reconocido oficialmente a nivel internacional.
Las derogaciones no son algo nuevo. Malta sentó un precedente: ante la falta de traductores cualificados, obtuvo una derogación excepcional y transitoria de la obligación de traducir todos los actos de la UE al maltés durante los tres primeros años tras su adhesión en 2004, con cualquier atraso pendiente que debía completarse antes de finales de 2008.
Irlanda es otro caso, con una diferencia clave. Su derogación llegó décadas después de su adhesión, cuando el irlandés se convirtió en lengua oficial de pleno derecho, y suspendió temporalmente la obligación de traducir todos los actos de la UE a ese idioma.
En otras palabras, Bruselas ha demostrado flexibilidad y no trata la traducción completa del acervo comunitario como una condición absoluta para la adhesión. Aun así, en este caso, la solución más evidente puede ser también la más difícil de aceptar políticamente.