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Los hutíes dicen que no atacarán buques de EE.UU. en el mar Rojo después de que Trump descartara una ofensiva

Archivo: los hutíes de Yemen marchan durante una campaña de movilización en Saná, diez de septiembre de 2026
Archivo: combatientes hutíes de Yemen marchan durante una campaña de movilización en Saná, diez de septiembre de 2026 Derechos de autor  AP Photo
Derechos de autor AP Photo
Por Aleksandar Brezar
Publicado última actualización
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Los hutíes aseguran que no atacarán buques estadounidenses en el mar Rojo, mientras Arabia Saudí intensifica los bombardeos contra posiciones del grupo en Yemen.

Los hutíes de Yemen han asegurado a Washington que no atacarán buques estadounidenses en el mar Rojo, después de que se informara de que Estados Unidos anuló en el último momento los bombardeos previstos contra el grupo, según explicó el lunes un alto cargo hutí.

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Mohamed Al Bukhaiti, miembro del buró político de los hutíes, explicó que Washington contactó con el grupo tras su rápido avance por la costa occidental de Yemen hasta el estrecho de Bab el Mandeb a principios de este mes.

"Confirmamos que no estamos atacando a Estados Unidos ni a ningún otro país en el estrecho, con la única excepción del enemigo saudí", afirmó. "Eso sigue siendo así".

Al Bukhaiti dijo que el grupo tiene capacidad para librar una guerra en varios frentes "si algún país se ve implicado en la agresión contra Yemen junto a Arabia Saudí".

"Hoy Yemen es capaz de librar la batalla, no solo un conflicto interno, sino también uno internacional", dijo.

Aseguró que los ataques hutíes contra la vecina Arabia Saudí continuarán hasta que Riad ponga fin al bloqueo de una década sobre las zonas de Yemen controladas por los hutíes y permita que los buques lleguen a los puertos del mar Rojo que están en manos del grupo. Entonces estarán dispuestos a negociar, señaló.

Washington lanza mensajes contradictorios

Las declaraciones de Al Bukhaiti llegaron después de que medios estadounidenses informaran de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, decidió el domingo echarse atrás en el último momento y no atacar a los hutíes, apenas unas horas después de haber decidido golpear posiciones del grupo respaldado por Irán tras una conversación con el líder de facto de Arabia Saudí, el príncipe heredero Mohamed bin Salman.

En una señal previa de que Estados Unidos estudiaba sumarse a los combates del lado de Riad, Trump interrumpió antes de tiempo un fin de semana en Camp David, el complejo presidencial aislado en la zona rural de Maryland, para regresar de forma inesperada a la Casa Blanca.

La Casa Blanca no ofreció ninguna explicación para ese regreso adelantado ni comentó las informaciones. En su lugar, Estados Unidos advirtió el domingo de que los combates entre Arabia Saudí y los hutíes podrían intensificarse tras un ataque con misiles contra Riad, el primero desde que se reanudó la guerra en Yemen.

El sábado se escucharon fuertes explosiones en la capital saudí y un depósito de combustible con el logotipo de la petrolera Aramco se incendió en lo que aparentó ser un ataque contra el aeropuerto de Riad.

El Departamento de Estado estadounidense advirtió que "este conflicto militar tiene potencial para escalar rápidamente" y añadió que los ciudadanos estadounidenses fuera de Oriente Medio deberían "reconsiderar seriamente viajar a la región o transitar por ella".

Por otra parte, el Departamento de Estado restringió los desplazamientos de los empleados del Gobierno estadounidense a las ciudades saudíes de Taif y Yanbu, donde se encuentra una importante terminal de exportación de petróleo en el mar Rojo que ya ha sido blanco de ataques hutíes.

En las últimas semanas, la ofensiva relámpago de los hutíes, que les ha permitido hacerse con amplias zonas de territorio yemení, ha dejado cientos de muertos y, según la agencia de la ONU para los refugiados, ha desplazado a más de 110.000 personas.

Los hutíes se hicieron con el control de la costa yemení del mar Rojo y de islas clave en lo que parece ser un plan para tomar el control de Bab el Mandeb, un paso marítimo crucial para los flujos energéticos y el transporte internacional que ha ganado aún más importancia desde que Irán impuso un bloqueo en el estrecho de Ormuz.

Los hutíes insisten en que no existe ninguna amenaza para la navegación en Bab el Mandeb salvo para los buques saudíes.

Los combates ya han alterado las exportaciones de Arabia Saudí, principal proveedor mundial de crudo, así como el tráfico marítimo.

Desde que comenzó la ofensiva hutí en julio, Estados Unidos ha enviado señales contradictorias a su aliado saudí. Según informaciones de medios estadounidenses, Washington rechazó la semana pasada repetidas peticiones de Arabia Saudí para atacar a los hutíes.

Trump afirmó el pasado fin de semana que su administración "ha mantenido conversaciones" con los hutíes, aunque no precisó cuándo. "Los hutíes nos llamaron y no quieren luchar contra nosotros", dijo. "Prefieren claramente que no nos impliquemos y están dejando pasar a la mayoría de los barcos".

"Interceptado y destruido"

El domingo, el director de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos, John Ratcliffe, se reunió en El Cairo con el presidente egipcio, Abdel Fatah Al Sisi, en una visita poco habitual a la capital.

La visita tuvo lugar pocos días después de que bin Salman estuviera también en la capital egipcia, donde él y Al Sisi reclamaron una navegación segura en Bab el Mandeb.

Condenando los últimos ataques de los hutíes, el ministro de Exteriores turco, Hakan Fidan, declaró a la cadena NTV que su país había mantenido conversaciones con Arabia Saudí y Pakistán, socios en un pacto de defensa mutua, sobre una posible ayuda.

"En este sentido, pueden surgir necesidades militares, sobre todo en cuestiones técnicas estatales. No habría ningún problema en atender esa petición", afirmó.

La coalición liderada por Riad informó el domingo de que un misil balístico lanzado por los hutíes fue "interceptado y destruido con éxito".

La coalición añadió que los hutíes habían intentado atacar a "civiles e infraestructuras civiles" en varias ciudades del oeste del reino, entre ellas el puerto de Yanbu, en el mar Rojo, un importante centro de exportación de petróleo saudí.

Arabia Saudí ha respondido con decenas de bombardeos aéreos sobre zonas controladas por los hutíes, pero no ha conseguido detener el avance de los combatientes en Yemen.

Al reivindicar el ataque, el portavoz militar hutí, Yahya Saree, afirmó que los combatientes del grupo habían llevado a cabo "dos operaciones militares exitosas utilizando un gran número de misiles balísticos y de crucero y drones".

"La primera tuvo como objetivo objetivos sensibles en la capital saudí, Riad, y la segunda apuntó a instalaciones de Aramco en Yanbu".

La estrategia saudí, bajo presión

Según el International Crisis Group, para Arabia Saudí "el avance de los hutíes agudiza un problema de dos estrechos cada vez más peligroso, en el que sus barcos se enfrentan a riesgos tanto en el estrecho de Ormuz como en Bab el Mandeb".

"Riad había intentado prepararse para esta eventualidad reforzando las fuerzas del Gobierno yemení, construyendo mecanismos de disuasión multilaterales y manteniendo abiertos canales con los hutíes e Irán", señaló el International Crisis Group en un comunicado.

"Los tres elementos de esta estrategia están ahora sometidos a tensión".

Mientras tanto, el ataque contra Riad, el primero que amenaza la capital saudí desde que se reanudó la guerra en Yemen, ha cruzado "un importante umbral psicológico", afirmó Andreas Krieg, profesor titular de Estudios de Defensa en el King's College de Londres.

"Arabia Saudí puede absorber con más facilidad ataques esporádicos contra instalaciones militares o energéticas remotas que amenazas recurrentes contra la propia Riad", señaló.

"Los bombardeos cerca de aeropuertos, depósitos de combustible y zonas pobladas hacen que la contención sea mucho más difícil de mantener desde el punto de vista político y estratégico".

El ataque ha añadido más presión a una economía mundial ya sacudida por siete meses de guerra con Irán, que comenzó a finales de febrero con ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel contra Teherán y desencadenó a su vez ofensivas de la República Islámica en toda la región.

Antes de partir el domingo hacia Nueva York para asistir a la Asamblea General de la ONU, el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, afirmó que Teherán ha transmitido a Estados Unidos a través de mediadores sus condiciones para reabrir el estrecho de Ormuz, que ha mantenido bloqueado durante toda la guerra, que ya dura siete meses.

Conocidos formalmente como Ansar Allah, los hutíes están vinculados al llamado Eje de la Resistencia de Teherán, una red informal de grupos armados presentes en varios países de la región, entre ellos Hezbolá en Líbano, Hamás en Gaza y milicias en Irak, todos ellos respaldados, entrenados y equipados por la Guardia Revolucionaria iraní en distinto grado.

Fuentes adicionales • AP, AFP

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