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Kortnee Solomon, Texas, 2025
Kortnee Solomon, Texas, 2025 Derechos de autor  Credit: Ivan McClellan
Derechos de autor Credit: Ivan McClellan
Derechos de autor Credit: Ivan McClellan

El fotógrafo Ivan McClellan captura el mundo del rodeo afroamericano

Por Tokunbo Salako & Theo Farrant
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El fotógrafo Ivan McClellan presenta una nueva edición de su proyecto Eight Seconds, con 91 fotos inéditas sobre la cultura de vaqueros negros y rodeos en Estados Unidos.

Pocas figuras están tan profundamente entretejidas en el imaginario estadounidense como el vaquero. La áspera encarnación de la independencia, la libertad y la autosuficiencia, un icono nacional inmortalizado por películas como The Searchers y The Good, the Bad and the Ugly.

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Pero durante generaciones, esa imagen ha sido abrumadoramente blanca.

De niño en Kansas City, el fotógrafo Ivan McClellan conocía a un hombre al final de la calle, el señor Wills, que criaba ganado. Pero era negro, llevaba gorra de béisbol y mono de trabajo y no se parecía en nada a John Wayne ni a Val Kilmer en Tombstone. Así que nunca pensó en llamarlo vaquero. La imagen que veía en la pantalla y la vida a su alrededor sencillamente no encajaban.

Pero en 2015 McClellan viajó cuatro horas hasta un rodeo en Oklahoma y vio a miles de vaqueros y vaqueras negras que se parecían mucho más a la gente entre la que había crecido que a cualquier cosa que le hubiera mostrado Hollywood, hombres con cadenas de oro y deportivas Jordans, mujeres con largas trenzas y uñas acrílicas montando caballos a 50 millas por hora, con góspel, R&B y hip hop llenando el aire.

Aquel momento fue el inicio de una obsesión que ya dura casi una década. McClellan empezó a viajar por todo Estados Unidos, retratando la cultura de los vaqueros y vaqueras negras en rodeos, ranchos, casas y eventos. Su proyecto de 2024, Eight Seconds, llamado así por el tiempo que un montador de toros debe mantenerse sobre el animal para que la faena se considere válida, acabó convirtiéndose en un libro muy apreciado.

Desde entonces ha organizado su propio rodeo dentro de su proyecto Eight Seconds, poniendo importantes premios en metálico en manos de competidores negros, mientras sigue fotografiando y documentando una cultura que considera olvidada.

Ahora publica una nueva edición de su libro titulada Eight Seconds: Legacy in Motion, con 91 imágenes adicionales, que describe como más "valiosas" y "urgentes".

Euronews Culture ha hablado con McClellan sobre su último libro, su inmersión en la cultura de los vaqueros negros y por qué ha pasado de fotografiar el rodeo a levantar uno propio.

Pony Express, Oklahoma, 2021
Pony Express, Oklahoma, 2021 Credit: Ivan McClellan

La primera edición se publicó en 2024 y esta nueva versión de Eight Seconds incluye 91 imágenes inéditas, ¿qué le llevó a volver al libro tan pronto?

Me pareció una buena forma de poner un broche a casi una década de trabajo, colgado de las vallas, persiguiendo vaqueros, esquivando toros y, en definitiva, observando, absorbiendo y sumergiéndome por completo en una cultura de la que me enamoré y con la que me obsesioné.

Cuando salió ese libro, di por hecho que el proyecto había terminado, que iba a dedicarme a fotografiar otra cosa. Pero siguió adelante y, en realidad, se intensificó. Empecé a organizar mi propio rodeo y a fotografiarlo, y a pasar más tiempo en rodeos a un ritmo que no había tenido en ningún año anterior.

Así que, dos años después, miré atrás y me di cuenta de que había acumulado miles de fotos en ranchos, hogares y eventos, los míos y los de otros. Y el retrato se había vuelto mucho más íntimo, mucho más cercano al sujeto. Sentí que ese trabajo también merecía tener su lugar en el mundo.

Empecé a reunir ese material en un libro y la sensación fue similar, como una extensión o una secuela del primero, pero muy diferente, mucho más valioso y mucho más urgente que aquel.

Al crecer en Kansas City, ¿le sorprendió lo que descubrió sobre la cultura vaquera?

Crecí en Kansas. Recogíamos moras, trepábamos a los árboles, perseguíamos luciérnagas, todas esas cosas que uno imagina. Había tornados, ya sabe. Había muchas cosas en Kansas que se sentían muy rurales, pero no se parecían en nada a las películas de vaqueros que había visto en la televisión. No guardaban relación ni conexión alguna, sobre todo porque todo mi entorno era negro.

Había un hombre al final de la calle, el señor Wills, que criaba ganado, pero era un hombre negro. Así que nunca pensé que fuera un vaquero porque no se parecía en absoluto a John Wayne. No se parecía en nada a Val Kilmer en Tombstone. Simplemente estaba allí, con una gorra de béisbol y un mono de trabajo, moviendo el ganado. Y Junebug, el vecino de al lado, criaba perros y gallinas y pertenecía a una banda callejera, tampoco parecía un vaquero.

No fue hasta 2015 cuando fui a un rodeo, a cuatro horas de la casa en la que crecí, y vi a miles de vaqueros negros que se parecían mucho más a la gente con la que había crecido que a los personajes de las películas. Entonces comprendí que la imagen que aparece en el cine es lo que resulta inexacto. No es el entorno en el que estoy, no es la cultura en la que vivo, es la película la que es, en fin, una exageración o una falsedad de esta cultura.

Vi a gente negra con sombrero vaquero, sin camisa, con cadenas de oro, montando a caballo en pantalones de baloncesto. Vi a mujeres con largas trenzas y uñas acrílicas montando caballos a 50 millas por hora. Me resultaba muy familiar, se parecía mucho a mi hogar. Y tenía un toque de esas películas, pero no lo suficiente como para que me sintiera cómodo con las representaciones que había visto en el cine y la televisión.

Dantey Eldridge, Oregon, 2025
Dantey Eldridge, Oregon, 2025 Credit: Ivan McClellan

¿Qué es lo que le resulta tan fascinante y atractivo de la cultura de los vaqueros y vaqueras negras?

El asunto del vaquero en Estados Unidos es mucho más que entretenimiento, más que contar historias. Es creación de mitos, es esencial para nuestra identidad como estadounidenses. Esos atributos que asociamos a los vaqueros, la resistencia, la determinación, la independencia, forman parte central de cómo nos definimos.

El hecho de que las personas negras hayan quedado fuera de ese icono, de que se las haya borrado de ese relato, impide que nos atribuyamos esas cualidades. Viene a decir que sí, que los estadounidenses son duros, resistentes e independientes, pero que las personas negras no lo son, porque no aparecen en esa imagen.

Al darme cuenta de que eso no era cierto, decidí desmontar ese mito, sacar nuevas imágenes, hacer cine, contar historias y organizar eventos en directo en arenas, de manera que la próxima generación de personas negras de este país no tenga ninguna duda de que también está plenamente bajo el paraguas de todos esos rasgos nobles que nos atribuimos.

Las mujeres son realmente esenciales en este mundo. En la cultura vaquera, en gran medida, mandan ellas. En los grandes rodeos, en los grandes eventos, la mayoría de las presidentas son mujeres y la mayor parte de sus equipos también. Así que, si vas a ganar dinero como vaquero, el nombre que aparecerá en el frente del cheque será femenino.

Kortnee Solomon, Texas, 2025
Kortnee Solomon, Texas, 2025 Credit: Ivan McClellan

Estamos hablando en un momento en el que quizá Estados Unidos, según algunos, nunca ha estado tan dividido, ¿qué tipo de reacción y de comentarios recibió la primera edición?

La primera edición, y no fue algo buscado, salió el mismo día que Cowboy Carter, el álbum de Beyoncé. Se publicó exactamente el mismo día, a la misma hora que ese disco. El libro se propagó enseguida, la gente buscaba historias paralelas que contar, rastreaba la cultura y las fuentes de las que ella se había nutrido, y el libro aparecía justo debajo de casi todas las noticias sobre Beyoncé en todo el mundo. Fue un regalo de la casualidad, creo que en muchos sentidos fue, ya sabe, destino. Fue una especie de kismet que coincidiera de esa manera. Creo que es lo único que tengo en común con Beyoncé, pero es algo de lo que estoy increíblemente orgulloso.

La gente sigue teniendo el libro sobre la mesa del comedor, en las estanterías. Creo que muchas personas negras y blancas lo vieron como un motivo de orgullo. Las personas blancas pensaban: "Esta también es una parte del país en el que vivo, algo de lo que puedo sentirme orgulloso". Y las personas negras lo veían como una definición, como la prueba de una identidad que llevan dentro.

Hubo cierta negatividad, pero no le presto demasiada atención. Recibía llamadas de gente que decía: "Oiga, estoy buscando entradas para ese rodeo de monos", y simplemente colgaba y seguía con mi día. No me recreo en ese tipo de cosas, no dejo que me dominen, porque hay miles y miles de personas más que lo reciben de manera positiva y no se ofenden porque alguien celebre su propia cultura.

El título del libro, "Eight Seconds", alude al tiempo que hay que aguantar sobre un toro o un caballo, ¿lo ha intentado alguna vez, ahora que tiene su propio rodeo?

Nunca he intentado montar un toro ni un bronco. No es algo que me interese. Me han presionado para hacerlo. Ahora organizamos campamentos de entrenamiento para los vaqueros, porque esto va de montar toros, no de agarrarse a ellos. Hay una técnica y una forma de darte más posibilidades de mantenerte encima.

Así que organizo esos campamentos, traigo entrenadores que enseñan a los atletas a perfeccionar su habilidad. Pero cada vez que lo hacemos, los vaqueros me dicen: "Ivan, te toca, ponte el chaleco, súbete a este toro", y yo les respondo: "Mi nombre está en la parte delantera del cheque, no en la trasera. Yo no hago eso, no estoy aquí para actuar para vosotros".

Soy mayor, soy grande, esa etapa ya pasó. No es algo que vaya a hacer en un futuro próximo.

Trevonte & Randy, Oklahoma, 2025
Trevonte & Randy, Oklahoma, 2025 Credit: Ivan McClellan

Ha ido más allá de fotografiar la cultura y ha creado su propio rodeo, ¿por qué era importante para usted?

Veía mucha desigualdad en este mundo. Había vaqueros negros que competían por unos pocos cientos de dólares en las mismas pruebas que los blancos, que ganaban decenas o cientos de miles de dólares por montar los mismos toros y hacer exactamente los mismos ejercicios. Así que decidí que la mejor manera de cerrar esa brecha era organizar mi propio evento y repartir 60.000 dólares en premios, una cantidad que esos atletas negros nunca habían visto.

Quería hacerlo con cuidado, como una obra de arte. Quería que el rodeo estuviera iluminado como un estudio fotográfico, que fuera espiritualmente poderoso y físicamente conmovedor. Quería que fuera un espectáculo en directo como nadie había visto. Pero yo, personalmente, nunca había organizado ni siquiera una fiesta de cumpleaños, no tenía motivos para pensar que podría llenar una arena con miles de personas, aun así di un salto de fe y lo hice, y fue un éxito rotundo.

El primer año acudieron 2.000 personas. Entregamos 60.000 dólares en premios. Vi a atletas comprarse camiones nuevos, nuevos remolques, conseguir sus licencias profesionales y pasar todo el verano en la carretera haciendo lo que les gusta. Al año siguiente estuvimos en un pabellón de hockey y vendimos 7.200 entradas. Estaba lleno, la gente bailaba y se lo pasaba en grande, descubrían la cultura por primera vez, como me ocurrió a mí, en un lugar rico culturalmente y familiar para ellos.

Y, de alguna manera, el tercer año volvimos a Portland, en Oregón, donde empezamos, y fuimos a Filadelfia, en la costa Este. Organizamos dos eventos y seguimos haciendo crecer y afinando el rodeo, tocando más vidas y acogiendo a más gente bajo este paraguas, algo que creo que es tremendamente importante, sobre todo ahora, con el debate que hay en Estados Unidos.

Es una manera de decir: "No vais a decirnos quiénes somos ni a limitar adónde podemos ir". ¿Y si somos siete mil en una arena? Es enormemente poderoso. Así que vamos a seguir reuniéndonos, vamos a seguir convocando a la gente y contando esta historia al mayor número posible de personas.

Ty & Casico, Oklahoma, 2025
Ty & Casico, Oklahoma, 2025 Credit: Ivan McClellan

¿Le gustaría ver un futuro en el que desaparezca la distinción entre rodeos negros y blancos?

Ese sería el sueño.

Todo lo relacionado con lo vaquero, con la agricultura, con el rodeo en Estados Unidos es profundamente tribal. Los mexicanos hacen lo suyo, a su manera cultural. Hay rodeos indígenas, rodeos de blancos, rodeos gays, rodeos de mujeres. Todo está muy segmentado y es culturalmente muy rico.

Pero, dentro de la identidad del grupo al que vayas, a mí me encantan los rodeos mexicanos. Son increíblemente divertidos, la gente baila sobre la arena mientras otros montan toros, hay una banda de 32 músicos tocando. Es una experiencia magnífica. Pero no es un lugar en el que sienta que encajo o pertenezco del todo, no es lo mismo que cuando voy a un rodeo negro.

Me encantaría que esos eventos mantuvieran su identidad y su riqueza cultural, pero también que fuéramos conscientes de que, en el fondo, "estamos haciendo lo mismo", y lo estamos haciendo en un lugar y en un momento en los que los vaqueros son cada vez más escasos. Están en rápido declive. Menos gente se dedica a la agricultura, menos gente vive en comunidades rurales. Mucha tierra de cultivo en Estados Unidos se está convirtiendo en centros de datos.

Así que, en todos estos grupos raciales, eso que aman, esa herencia transmitida durante generaciones, podría desaparecer por completo en los próximos diez años. Podría esfumarse por completo.

Creo que quizá sea necesario que todos nos reunamos y dependamos un poco más unos de otros para mantener todo esto en marcha, para que podamos seguir teniendo ganado, gente que domina el arte de la equitación y alimentos producidos de manera relativamente local.

Eight Seconds: Legacy in Motion de Ivan McClellan lo publica Damiani Books.

Editor de vídeo • Theo Farrant

Fuentes adicionales • Damiani Books

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