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Repensar los residuos: El camino hacia una economía circular

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Por Ruxshona Raxmatullayeva & Toby Gregory
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Desde la clasificación avanzada en Sharjah hasta las nuevas infraestructuras de residuos en Uzbekistán, los esfuerzos por recuperar materiales y generar energía están cambiando el destino de la basura.

Cada año, el mundo genera más de 2.000 millones de toneladas de residuos urbanos, gran parte de ellos desaparece de la vista en cuanto se tiran al cubo de la basura. Pero ahí es donde comienza realmente la historia de esos residuos.

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Una botella de plástico desechada puede reciclarse y transformarse en algo nuevo. Los residuos alimentarios pueden convertirse en compost o biogás. El material que no puede reciclarse puede quemarse para producir electricidad. Y lo que no se pueda recuperar acaba finalmente en un vertedero. Cuantos más materiales se recuperen y vuelvan a utilizarse a lo largo del proceso, menos residuos llegan al final de ese recorrido.

Ese es el principio de la economía circular, mantener los recursos en uso el mayor tiempo posible, primero consumiendo menos, luego reutilizando y reciclando los materiales en lugar de simplemente tirarlos.

Separar lo que aún tiene valor

En el complejo de gestión de residuos de BEEAH en Sharjah, los desechos urbanos pasan por una línea de clasificación. Las máquinas separan plásticos, metales, papel y cartón, y transforman lo que llegó junto como basura en materiales que pueden volver a utilizarse.

Los plásticos pueden procesarse para fabricar nuevos envases y productos de consumo, mientras que el papel y el cartón pueden reincorporarse al ciclo de producción.

Pero no todo puede recuperarse. En Sharjah, parte de los residuos restantes se envía a una planta de valorización energética, donde se queman para generar electricidad en lugar de ir directamente al vertedero.

"El reciclaje conserva el material. La valorización energética se ocupa de lo que queda y garantiza que incluso los residuos restantes generen valor", explica Alya Al Obeidli, ingeniera jefe en Emirates Waste to Energy.

El reciclaje mantiene los materiales en circulación y la valorización energética llega después, al recuperar energía de aquello que ya no puede reciclarse. Lo que no se pueda recuperar acaba saliendo del círculo y termina en el vertedero.

Es precisamente ese recorrido completo el que Uzbekistán intenta ahora replantear.

Repensar el destino de los residuos de Uzbekistán

Uzbekistán genera aproximadamente 15 millones de toneladas de residuos domésticos al año. Las cifras del Gobierno indican que solo en torno al cinco o seis por ciento se recicla o se trata en empresas especializadas.

Para la mayor parte del resto, el vertedero sigue siendo el final del recorrido.

Un nuevo vertedero de 24 hectáreas a las afueras de Taskent recibe entre 1.500 y 2.500 toneladas de residuos al día, según el período y la estación, explica Shahzod Safarov, especialista principal de la Agencia para la Gestión de Residuos de Uzbekistán.

Durante décadas, la basura de la capital se depositó en un vertedero más antiguo cercano. En la instalación más reciente, los residuos se compactan y se cubren con tierra, mientras que las capas protectoras situadas debajo pretenden impedir que los líquidos contaminados se filtren al suelo.

Pero incluso enterrados, los residuos pueden seguir teniendo impacto ambiental. A medida que la materia orgánica se descompone sin oxígeno, produce metano, un potente gas de efecto invernadero.

"En el antiguo vertedero se acumuló una cantidad muy elevada de gas metano", señala Rafael Bekmullin, director de la rama de Reciclaje y Eliminación de Residuos. "Ahora hay en marcha allí un proyecto para extraer ese gas y generar electricidad con él".

Las autoridades aseguran que 47 vertederos se han cerrado y rehabilitado en los últimos años, mientras Uzbekistán aspira a reducir a la mitad el número de vertederos para 2030.

Pero clausurar vertederos no hace desaparecer los residuos. Si se entierra menos basura, tiene que dirigirse a otro lugar.

Convertir los residuos en electricidad

Una parte de la respuesta está tomando forma a las afueras de Samarcanda.

Se está construyendo una nueva planta de valorización energética para tratar unas 1.500 toneladas de residuos domésticos al día y se espera que, una vez en funcionamiento, genere unos 240 millones de kilovatios hora de electricidad al año.

Aziza Nazarova, responsable del Departamento de Inversiones de la Agencia para la Gestión de Residuos de Uzbekistán, afirma que el objetivo a más largo plazo es separar los residuos en diferentes flujos: los materiales reciclables regresan a la producción, los residuos orgánicos se destinan a compost o biogás y los residuos restantes a las plantas de valorización energética.

El orden es importante. La valorización energética puede reducir el volumen que llega al vertedero, pero si primero se recuperan los materiales reciclables, una mayor parte de ellos permanece en circulación.

Y ese recorrido vuelve así al punto de partida, el cubo de la basura.

El círculo empieza en casa

En Angren, al este de Taskent, la empresa privada de gestión de residuos Zero Waste repartió 10.000 bolsas entre los vecinos en un proyecto piloto para animar a los hogares a separar su basura.

Según Sobir Mashrabov, representante regional de la compañía, solo alrededor de uno por ciento de las bolsas se devolvió con los residuos separados.

"Sin clasificar los residuos no se puede conseguir nada", sostiene Mashrabov.

Para él, la infraestructura por sí sola no puede resolver el problema. La separación de residuos, defiende, debe convertirse en un hábito cotidiano, enseñado desde el jardín de infancia y la escuela hasta la universidad.

El experimento cierra el círculo del recorrido de los residuos. Una vez que el plástico, el papel, los restos de comida y todo lo demás se tiran juntos, recuperar materiales útiles se vuelve más difícil. Si se separan antes, se crean más oportunidades para que los materiales reciclables regresen a la producción en lugar de avanzar hacia la incineración o el vertedero.

Sharjah y Uzbekistán abordan etapas distintas de ese recorrido, desde la clasificación y el reciclaje hasta la gestión de vertederos y la recuperación de energía.

Pero toda esta infraestructura se ocupa de lo que la sociedad ya ha decidido desechar.

Una economía circular empieza antes, al consumir menos recursos, mantener los productos en uso durante más tiempo y recuperar los materiales valiosos antes de que se conviertan en residuos.

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