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Francia, la crisis del combustible y los altos precios marcan la campaña presidencial

Un cliente reposta su vehículo en una gasolinera Essence en París, cinco de abril de 2026.
Un cliente reposta su vehículo en una gasolinera Essence en París, cinco de abril de 2026. Derechos de autor  AP Photo
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Por Estelle Nilsson-Julien
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En las últimas semanas, pescadores han bloqueado depósitos de petróleo y accesos portuarios en el sur de Francia, mientras agricultores protestan por el encarecimiento del combustible, que se perfila como un foco político clave a solo siete meses de las elecciones.

Cuando faltan siete meses para las elecciones presidenciales en Francia, el combustible se ha convertido en uno de los principales focos de tensión política. El encarecimiento desbocado de la energía alimenta el descontento social en medio de un choque global de suministro de carburantes, impulsado por el conflicto en Oriente Medio y el cierre del estrecho de Ormuz.

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En las últimas semanas, los pescadores han bloqueado depósitos de petróleo y entradas a puertos en el sur de Francia, mientras que los agricultores han organizado protestas por la subida del precio del combustible en todo el país.

También hay indicios de que la demanda de carburante en Francia empieza a resentirse, tras varios meses de precios en máximos históricos. El precio del diésel en Francia marcó el domingo un nuevo récord de 2,41€ por litro.

Los precios de la gasolina también superaron su máximo anterior de 2022, con la SP95-E10, la gasolina sin plomo más utilizada en Francia, por encima de 2,17€ por litro, mientras que la SP98 superó de media los 2,28€ por litro.

En respuesta a la situación, el Gobierno francés anunció el martes la ampliación y prórroga de sus ayudas específicas al combustible para los hogares más afectados por la escalada de precios.

Las nuevas medidas costarán 450 millones de euros y elevan el gasto total en ayudas al combustible hasta ahora a 1.400 millones. Todo ello mientras se prevé que el déficit presupuestario de Francia alcance este año el 5,4 % del PIB, uno de los peores de la Unión Europea, y la deuda pública se acerque al 120 % del PIB.

El Gobierno también ha propuesto para su presupuesto de 2027 una llamada "regla de oro del combustible", según la cual cualquier ingreso fiscal adicional generado por la subida de los precios de los carburantes se neutralizaría y se destinaría a medidas de apoyo a los consumidores, con el objetivo de garantizar que el Estado no se beneficie de los precios más altos en las gasolineras.

Por qué el combustible es tan caro en Francia y quién se queda con los beneficios

Los impuestos sobre los carburantes en Francia son más altos que en muchos otros países europeos, como explica a Euronews Anna Creti, profesora de Economía en la Universidad París Dauphine.

"Esto supone una fuente importante de ingresos para el Estado, pero también añade una carga considerable al precio final del combustible", afirma.

Desde marzo, Francia ha respondido al encarecimiento de la energía con subvenciones específicas al combustible en lugar de con rebajas fiscales generalizadas. El ministro de Economía francés, Roland Lescure, declaró el lunes a la prensa que este enfoque seguiría "sin cambios", dentro de la apuesta del Gobierno por ayudar a los hogares y sectores más golpeados por la subida del combustible.

Los dos principales impuestos sobre el combustible en Francia son la TICPE (impuesto interno al consumo de productos energéticos), que suele aplicarse como una cantidad fija por litro, y el IVA, que ronda el 20 %. El IVA se calcula sobre el precio del carburante una vez incluida la TICPE. Como consecuencia, los conductores pagan de hecho IVA tanto sobre el coste base del combustible como sobre la propia TICPE. La TICPE encarece así directamente el precio del carburante y, al mismo tiempo, aumenta el importe de IVA pagado.

Los precios al público los determina en general el mercado, con algunas excepciones reguladas. Las estaciones de servicio deben comunicar sus precios en la plataforma de comparación de precios del Gobierno.

Pese a la percepción extendida de que los beneficios del negocio de los carburantes escapan en gran medida al control público en Francia, el mercado está sometido a una importante supervisión y seguimiento por parte del Estado.

"Los distribuidores, es decir, las gasolineras, tienen contratos con las compañías que les suministran, donde se detalla, por ejemplo, las campañas promocionales, los márgenes que pueden obtener y cómo gestionar los problemas de producto o de interrupciones en la cadena de suministro. Así que no es un sector tan caótico como a veces se presenta", explica Creti a Euronews.

"El verdadero margen de beneficio está en el refino, mucho más que en la distribución. También existe mucha competencia aguas abajo, con estaciones independientes, empresas extranjeras, pero también Total, que puede influir indirectamente en los precios al fijarlos", añade Creti.

En Francia, TotalEnergies ha aplicado periódicamente topes de precios para limitar lo que pagan los clientes por litro, sobre todo en épocas de carburantes caros. Dada su amplia red de estaciones de servicio en todo el país, estas medidas han presionado también a la baja los precios del resto de distribuidores.

"Un número relativamente reducido de grandes compañías petroleras y energéticas abastece a miles de gasolineras que compiten entre sí por los clientes", comenta Creti.

El hecho de que Francia tenga "una de las mayores flotas de vehículos diésel de Europa" también la expone a sobresaltos en los precios, señala Creti.

"Además de los turismos, donde el diésel se utiliza para el transporte privado, también lo emplean pequeñas y medianas empresas, sobre todo para el transporte comercial. Los motores diésel se usan igualmente en aplicaciones industriales."

La razón es que el mercado del diésel en Francia depende mucho más de las importaciones que el de la gasolina, por lo que está especialmente expuesto a las interrupciones del suministro internacional, a unos precios mayoristas más altos y a los costes de transporte.

"Si tenemos en cuenta la inflación, los precios actuales ya han superado los niveles que desencadenaron las protestas de los 'gilets jaunes'. Y los hemos superado en varias ocasiones, en especial en 2021 durante la pospandemia de la COVID, y de nuevo en la crisis de 2022-2023", añade Creti.

Las protestas de los 'gilets jaunes' de 2018 fueron uno de los mayores episodios de agitación social en la Francia reciente. El movimiento nació de la indignación ante la crisis del coste de la vida y, en particular, contra la aplicación de un nuevo impuesto al carbono sobre los combustibles.

Los manifestantes ocuparon y bloquearon rotondas en todo el país y organizaron marchas multitudinarias, a menudo acompañadas de enfrentamientos con la Policía.

Casi una década después,Francia sigue entre los países de la Unión Europea con los costes de carburante más altos, mientras la frustración ciudadana continúa en aumento.

Las propuestas de los candidatos a la presidencia francesa

Según Diane Bollet, profesora agregada de Ciencia Política en Sciences Po París, el movimiento de los gilets jaunes marcó un punto de inflexión que obligó a los dirigentes políticos a definir una política sobre el combustible.

"Realmente obligó a los responsables políticos a pronunciarse sobre si reconocían el impacto de la subida del combustible y hasta qué punto apoyaban a quienes debían vivir con sus consecuencias."

La Reagrupación Nacional de extrema derecha de la candidata presidencial Marine Le Pen ha tratado de capitalizar el malestar por el combustible prometiendo reducir el IVA del 20 % al 5,5 %, como ya hizo en su campaña de 2022. Pero esta medida chocaría con la normativa europea sobre el IVA.

Bollet sostiene que esto refleja una estrategia a largo plazo de Le Pen, estrechamente ligada al perfil demográfico y socioeconómico de los votantes a los que quiere atraer.

"Le Pen se ha apropiado de esta cuestión desde 2018. Sabe que son preocupaciones clave para su electorado, predominantemente rural o periurbano, donde la gente depende del combustible", explica.

Por su parte, el candidato de la izquierda radical Jean-Luc Mélenchon y su partido La France Insoumise (LFI) se han comprometido a fijar un tope de 1,70€ por litro para la gasolina y de 1,80€ por litro para el diésel.

Mélenchon ha criticado el plan de Le Pen de recortar el IVA de los combustibles, ya que considera que una bajada de impuestos no garantiza que el beneficio fiscal se traslade íntegramente al consumidor, y recuerda la decisión que tomó Francia en su día de reducir el IVA de las comidas en los restaurantes, que apenas se tradujo en una rebaja de precios para los clientes.

Además, Mélenchon tiene una base electoral distinta a la de Le Pen, lo que condiciona el peso que los precios del combustible tienen como prioridad política en su campaña actual, señala Bollet.

"Mélenchon cuenta con votantes en las periferias, pero también en las ciudades, donde la gente utiliza con frecuencia el transporte público, porque ha centrado su estrategia en las zonas urbanas. Así que, aunque el tema es importante para ellos, no lo es tanto como para el electorado de Marine Le Pen. En comparación se entiende por qué ella insiste tanto en esta cuestión", explica.

Aunque los candidatos han empezado a presentar sus propuestas y sus grandes promesas, todavía no han publicado sus programas completos, lo que dificulta analizar en detalle sus políticas sobre el combustible.

Por ahora, el centrista Gabriel Attal y el conservador Édouard Philippe, dos ex primeros ministros del presidente Emmanuel Macron, respaldan medidas para amortiguar el impacto de la subida del combustible en los consumidores, en línea general con las decisiones del Gobierno.

Mientras, el candidato de izquierdas Raphaël Glucksmann ha puesto más énfasis en reducir la dependencia de los combustibles fósiles.

Impulsada por unos precios récord en las gasolineras, la inflación energética podría convertirse rápidamente en uno de los grandes campos de batalla de las elecciones francesas, un foco de tensión política que recuerda mucho a las recientes campañas en Estados Unidos, donde el encarecimiento de la gasolina y la crisis del coste de la vida se han convertido en parte intrínseca de las contiendas presidenciales.

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