Los creadores firman un tríptico de historias entrelazadas que, aunque en ocasiones irregular, emociona y convence en su exploración de la represión homosexual mediante un poético imaginario sobre la Guerra Civil española.
No es la más conocida por sus visitantes ni la más prestigiosa en cuanto a su calidad pictórica. No obstante, una de las obras más emocionantes en el Museo del Prado corresponde al 'Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en las playas de Málaga', un hito oscuro de la historia española que retrató Antonio Gisbert, director de la pinacoteca entre 1868 y 1873.
Conmueve la suerte que le espera a los compañeros del general liberal a manos de las huestes de Fernando VII, pero también sus gestos íntimos -las manos aferradas, un abrazo casi homoerótico- segundos antes de ser asesinados por los absolutistas.
La escena del fusilamiento de uno de los protagonistas de 'La Bola Negra' parece homenajear a este cuadro, aunque intercambiando al Mediterráneo andaluz por la belleza grisácea del mar Cantábrico un siglo más tarde, en 1937. Al fin y al cabo, este segundo crimen también es perpetrado durante otra insurrección militar, la Guerra Civil española, tras un efímero periodo de liberalismo.
"Has recibido una herencia y no sabes qué hacer con ella: eres español", le dice con sorna la hispanista 'yankee' que interpreta Glenn Close, ya en 2017, al historiador que busca respuestas sobre su abuelo ausente en una de las tres líneas temporales -e incluso cuatro, si contamos cierto 'flashback'- entre las que transita la historia. Sus directores, Javier Ambrossi y Javier Calvo, tratan de exorcizar esta maldición ibérica con su original visión del episodio bélico fratricida, que aún hoy interpela y divide a la sociedad española contemporánea.
Lo hacen desde uno de sus habituales temas -la homosexualidad, la represión del deseo y sus consecuencias- y adaptando la obra teatral de Alberto Conejero, 'La Piedra Oscura': una suerte de 'fanfiction' sobre las últimas horas de Rafael Rodríguez Rapún (un estupendo Miguel Bernardeu) y la relación que entabla con Sebastián, el soldado que lo custodia. 'La Piedra Oscura', a su vez, reimaginaba una obra inacabada de Federico Garcia Lorca, la cual comenzó a escribir meses antes de ser asesinado por el bando fascista en su Granada natal. ¿Su título? La susodicha 'Bola'.
Este juego de metaficción de la realidad (Rodríguez Rapún fue, por supuesto, un represaliado real, amante de Lorca e integrante de La Barraca, su compañía de teatro) se traslada a la película en su parte más irregular, el guion. Este surfea con solvencia sus líneas temporales, pero apenas deja espacio suficiente para el desarrollo de sus personajes. No, al menos, con la riqueza y los matices que los creadores supieron entretejer en series como 'La Mesías', una de las obras más ambiciosas y arriesgadas de la historia de la televisión española.
Los Javis compensan esta lacra con una sucesión de imágenes que permearán en la memoria del espectador, como ese ascenso onírico y moteado hacia las blancuras de Sierra Nevada, o los cuerpos de los nacionales desnudos entre las columnas vertebrales de los flysch cántabros. Estos referencian sin pudor al 'Beau Travail’ de Claire Denis, travisten el guion de 'Titanic' ("el corazón de un maricón es un océano lleno de secretos", sentencia el personaje de la siempre divertida Yenesi) y emulan a 'Apocalypse Now' en su primer acto, entre otros.
También mediante un dominio cuasicoreográfico de escenas donde intercalan vida e intimidad, así como un elenco donde vuelven a demostrar sus gigantescas dotes para comandar actores, ya sean nóveles (debutan Milo Quifes o Alberto Cortés, con su delicada propuesta de Lorca) o consagrados: Albert Pla y Lola Dueñas rescatan con acierto de 'La Mesías' sus respectivos roles de tétrico líder y madre saturnina.
Mención aparte merece el homenaje a las cupletistas de la generación del 27 que realiza la Nené Romero de Penélope Cruz, una cabaretera superviviente que se lleva una de las grandes frases antibelicistas de la película, sobre la que no haremos spoiler.
En plena carrera armamentística en Occidente, 'La Bola Negra' elige posicionarse en boca de la actriz, por si quedaban dudas tras la secuencia inicial. Cruz, por cierto, rodó sus escenas musicales tras recibir el diagnóstico de una enfermedad potencialmente grave. Un segundo chequeo confirmó que la alcobendense, también en asuntos de salud, está estupenda.
'La Bola' gira imparable, multimillonaria campaña de Netflix mediante, hacia su posible carrera a los Oscar tras ser premiada en Cannes, Toronto y San Sebastián. Quizás una prueba de que funciona como película es comprobar cómo espectadores de todo el mundo conectan con una historia intrínsecamente española, y que cierra con unos versos, más que pertinentes, de su poeta más universal:
"¡Oye mi sangre rota en los violines! ¡Mira que nos acechan todavía!".