Las medidas llegan mientras la líder conservadora del país, Sanae Takaichi, intenta cumplir sus promesas electorales, centradas en una amplia reforma migratoria tras su histórica victoria con mayoría absoluta en febrero.
Japón ha endurecido este jueves los requisitos para los extranjeros que quieren obtener la residencia permanente, como parte del impulso de la primera ministra Sanae Takaichi para reforzar los controles de inmigración.
Con las nuevas normas, que se irán aplicando por fases, los residentes extranjeros que deseen quedarse de forma permanente en Japón tendrán que demostrar que su renta anual está por encima de la media y que pueden mantener conversaciones informales en japonés.
Las tasas para tramitar la solicitud también se multiplicarán por 20 a partir de este jueves. En una oficina de inmigración en el centro de Tokio, cientos de personas hicieron cola con la esperanza de terminar los procedimientos antes del encarecimiento.
"Entiendo que aceptar demasiados extranjeros podría diluir la cultura única de Japón. Pero al mismo tiempo, dada su baja tasa de natalidad y su población envejecida, Japón tiene que aceptar extranjeros", dijo Yujie Chono, estudiante universitario nacido en Estados Unidos, que se encontraba entre quienes esperaban.
El joven de 22 años explicó a la agencia de noticias AFP, en un japonés fluido, que llevaba cinco horas esperando para presentar la documentación. Las directrices anteriores no fijaban umbrales específicos de ingresos, pensión o competencias lingüísticas.
Aunque Japón tiene una población que envejece rápidamente y sufre escasez de mano de obra en muchos sectores, la oposición a la inmigración está creciendo, lo que ha provocado que Takaichi impulse una mayor regulación de los ciudadanos extranjeros.
"A medida que aumenta el número de residentes extranjeros en Japón, el Gobierno se enfrenta al hecho de que algunos ciudadanos sienten ansiedad y una sensación de injusticia", afirmó Takaichi en una extensa publicación en X este domingo, añadiendo que impulsa una "coexistencia ordenada" con los ciudadanos extranjeros.
Los programas para atraer a trabajadores internacionales han alimentado la preocupación pública, el sentimiento antiinmigración se ha extendido en las redes sociales y se han difundido ampliamente afirmaciones falsas, entre ellas que una parte significativa de las prestaciones sociales en Japón se destina a extranjeros y que estos están haciendo las calles japonesas menos seguras.
Sin embargo, expertos y muchos líderes empresariales advierten de que Japón debe acoger a más trabajadores extranjeros para poder mantenerse.
"Japón debería dejar de ver a los extranjeros únicamente como una fuerza laboral temporal y, en su lugar, promover su asentamiento a largo plazo ampliando la enseñanza del japonés y mejorando su trato", señaló el diario económico 'Nikkei' en un editorial reciente.
Los extranjeros fueron un tema central en las elecciones a la cámara alta del año pasado, en las que se produjo el fuerte ascenso del partido Sanseito, de la línea "Japón primero", que describe la inmigración como una "invasión silenciosa".
Las nuevas normas sobre la residencia permanente llegan después de que el gobernante Partido Liberal Democrático impulsara el año pasado el endurecimiento de la regulación de los visados de gestor empresarial, lo que significa que los emprendedores se verán obligados a abandonar Japón si no cumplen las nuevas condiciones.
Los cambios introducidos este jueves pueden impedir que algunas personas soliciten la residencia permanente, pero no deberían expulsar de inmediato a nadie del país.
Según la nueva normativa, la tasa de solicitud de la residencia permanente se disparará hasta 200.000 yenes (1.116 euros), frente a los actuales 10.000 yenes (56 euros).
Los candidatos también deben mostrar "comprensión" de las normas sociales y demostrar unas prestaciones de pensión previstas equivalentes a las de alguien que haya pagado el seguro de pensiones durante 30 años.