En un mensaje escrito, en el que pide disculpas a aficionados y compañeros, Cristiano Ronaldo explica el porqué dejó la concentración de Portugal y afirma que sigue dispuesto, como siempre, a competir y ganar con la selección.
Cristiano Ronaldo ha roto su silencio este martes, a través de una carta abierta, sobre la polémica de los últimos días, después de haber abandonado la concentración antes del partido de la selección contra Dinamarca.
En el mensaje, explica los motivos que le llevaron a abandonar la concentración de la selección nacional, pero asegura que está disponible "como siempre" para "competir y ganar" con la selección de las quinas.
"Si estoy bien físicamente, jugando en mi club, con goles, eso espero, después de cumplir la sanción que se me imponga, estaré disponible, como siempre lo he estado hasta hoy, para competir y ganar con nuestra selección. Esta es, créanme, la más pura de las verdades", escribió CR7.
En el comunicado, también pide disculpas a los aficionados y a sus compañeros del combinado nacional por la decisión, pero acusa al seleccionador nacional, Jorge Jesus, de haber perdido su confianza.
"También les debo una disculpa a mis compañeros de selección por haber abandonado la concentración. A pesar de la absoluta ruptura de confianza en la palabra del seleccionador, […] no debería haberlo hecho. La responsabilidad es exclusivamente mía", admitió, mostrándose además preparado para las consecuencias disciplinarias de su actitud.
El pasado 30 de septiembre, Ronaldo abandonó la concentración de la selección portuguesa, que estaba preparando los partidos del Grupo A4 de la Liga de Naciones contra Dinamarca y Noruega.
Ese mismo día, el capitán de la selección portuguesa aseguró que "a su debido tiempo" contaría "la verdad" sobre las razones que motivaron su salida repentina.
La carta íntegra:
Tal como prometí, he decidido contar, en primera persona y de forma directa, las circunstancias que rodearon la última concentración de la selección nacional.
Tras el Mundial 2026 preparé una carta para los portugueses, que aún conservo, con las palabras que quiero dirigirles cuando abandone, de forma definitiva, nuestro equipo.
Al final de la competición, ya en el vuelo de regreso desde Estados Unidos, el presidente de la Federación Portuguesa de Fútbol (FPF) me pidió e insistió en que reconsiderara la decisión de marcharme porque la FPF quería que siguiera.
A continuación me pidió que le diera mi opinión sobre el nombre del actual seleccionador, al que estaba valorando junto con otros nombres que no me reveló.
Respondí al presidente de la Federación que, en mi opinión, sería la elección correcta.
Por eso, el día en que se presentó al actual seleccionador me sentí sinceramente feliz por la elección. Era la opción adecuada, como los resultados van demostrando.
Pocos días después recibí un primer contacto del nuevo seleccionador nacional diciendo que le gustaría verme en persona. Respondí que sí y fijamos una reunión para el final de mis vacaciones.
Nos vimos en la Cidade do Futebol, donde mi club estaba realizando la concentración de pretemporada.
Ese día, el seleccionador me dijo que contaba conmigo y que mi presencia era fundamental para su proyecto. Me presentó allí mismo un plan para mi participación. Me dijo que jugaría el primer partido y el último y que, por razones de gestión física, haría siempre tres o cuatro cambios por partido.
En ese momento me planteó la posibilidad de no viajar con la selección a Noruega y Dinamarca. Me propuso jugar el primer partido y quedarme en Portugal, para reincorporarme después antes del partido del Dragão.
Rechacé de inmediato esa propuesta. Me parecía evidente que no podía aceptarla. No iba a dejar de capitanear a nuestro equipo por no disputar los partidos en el extranjero. Ese privilegio de quedarme en Portugal no sería un buen ejemplo.
El seleccionador acabó por estar de acuerdo con mi análisis.
De esta conversación fue testigo Simão Coutinho, director deportivo del Al Nassr, la persona a la que reportó el actual seleccionador durante toda la temporada pasada y uno de los responsables de su contratación por el club en 2025.
En la víspera del inicio de la concentración, el seleccionador se desplazó a mi casa, en Lisboa, para mantener una nueva conversación conmigo, a petición suya. La conversación fue tranquila y se mantuvieron todos los principios acordados en agosto.
Jugué el partido de Alvalade y, pese a ser sustituido, no puse ningún problema. Yo mismo entregué el brazalete a Bruno Fernandes, lejos de imaginar que podía estar dando los últimos pasos como jugador y capitán de la selección nacional.
Lo importante aquel día, para mí, fue nuestra victoria. Ganar siempre es bueno, hacerlo en Portugal y por mi país, todavía mejor.
A la hora de la comida del día del partido en Noruega, un ayudante del seleccionador se acercó a la mesa en la que el grupo estaba almorzando y me informó de que el seleccionador quería hablar conmigo.
Para mi absoluta sorpresa, el seleccionador me preguntó si estaba bien para jugar 30 minutos. Yo estaba totalmente centrado en mi recuperación física, integrado con mis compañeros como siempre y pensando que no iba a jugar ese día. Sin ningún problema.
Esta petición se salía de mi plan de recuperación física y de entrenamiento, porque solo iba a jugar el día 4 en el Dragão, pero obviamente dije que sí. Me respondió que entonces estuviera preparado porque jugaría 30 minutos.
El resto ya lo conocen todos. Calenté desde el descanso, vi pasar los minutos y no fui llamado.
El seleccionador había faltado a su palabra.
Al final del partido solo quería que todo terminara con la victoria y quedarme solo. No fui a saludar a los aficionados. Un fallo que es únicamente responsabilidad mía y que no debería haber ocurrido.
Pido disculpas a los portugueses que nos apoyaron allí de forma intensa, pido disculpas a los aficionados y pido disculpas a quienes, sin ser portugueses, pudieran haberse desplazado para verme y a quienes pueda haber decepcionado.
Pasadas 48 horas mantuvimos una conversación el seleccionador, Simão Coutinho y yo, dado que había sido él quien acompañó nuestras conversaciones de agosto.
Fue un momento intenso, muy frontal, sin ningún tipo de filtro.
Estuvimos de acuerdo en que solo había una manera de cerrar este "caso": que el seleccionador repitiera lo que acababa de decirme allí en privado, en presencia de Simão Coutinho, pero en la sala de prensa.
Lo que se acordó era sencillo: el seleccionador comenzaría la rueda de prensa con este tema, tratando de zanjar el asunto contando la verdad.
Diría que nunca le pedí jugar ni un solo minuto, que fue el seleccionador, y nadie más, quien me propuso el plan para esta concentración y que fue un error ponerme a calentar para luego no hacerme entrar y que, si volviera a ocurrir, no lo haría.
Terminamos esa reunión con el seleccionador pidiéndome un abrazo, prometiéndome que diría en la rueda de prensa lo que acababa de decirme a mí y que el asunto quedaría superado.
Yo no jugaría en Dinamarca y jugaría el partido del Dragão. Todo esto, siempre, en presencia de Simão Coutinho.
A petición del seleccionador, tuvo lugar después una reunión por videoconferencia entre él mismo, Simão Coutinho y Tiago Craveiro, en la que se resumió lo que habíamos hablado.
Se elaboró un pequeño documento que yo mismo validé y que, con mi conocimiento, se entregó al seleccionador, tal como él había solicitado.
La rueda de prensa fue lo que ya se conoce: la actitud no tuvo nada que ver con nuestra reunión, escuché expresiones y una agresividad que considero que no merezco, una actitud de quiero, puedo y mando que nunca me había mostrado, ni de lejos, en privado, la víspera.
Las notas que validé eran las siguientes:
Creo importante, hasta porque es la verdad, aclarar algunas cosas antes de hablar de Dinamarca:
1. Le propuse yo mismo a Cristiano, sin nadie más, un plan para él, esta temporada, en la selección nacional. Fue una conversación larga y muy buena.
2. Sé cuánto vive y ama la selección y el peso que tiene en el mundo, y más aún, el peso y la influencia positiva que tiene en la selección desde hace 24 años consecutivos.
3. El plan que propuse a Cristiano fue aceptado.
4. Él nunca cuestionó mis decisiones. Fue ejemplar, leal y profesional.
5. En el plan que diseñé para él no estaba incluido el partido de Noruega. Sin embargo, sentí que había logrado recuperarse físicamente del primer partido y le advertí de que podría tener que utilizarlo. Cristiano estuvo de acuerdo.
6. Me equivoqué al poner a calentar a alguien de la dimensión de Pelé o Maradona para luego no meterlo en el partido. Si fuera hoy, no lo haría.
7. Para cerrar el asunto: yo quiero a Cristiano en la selección nacional. Es más, no lo quiero poco, lo quiero mucho. Afortunadamente él también cree en mí. Confió en el Al Nassr y aquí también.
8. Sobre no haber saludado a los aficionados. Ya hemos hablado de eso. Quien juega más de 230 partidos con la selección no recibe de mí lecciones de amor a Portugal. Fue un momento de frustración que no borra nada. Es el jugador que más autógrafos firma, que más selfies se hace, que más cariño muestra a los aficionados. No inventemos problemas donde no los hay. Cuando no estamos contentes reaccionamos. Fue solo eso.'
Ninguna de estas notas decía, por tanto, que el seleccionador me pidiera siquiera disculpas.
Era la segunda vez que faltaba a su palabra conmigo.
Decidí abandonar la concentración sin esperar a ninguna nueva ruptura de palabra. Para mí la verdad sigue siendo lo más importante en la relación entre las personas. Por mucho que duela, que me digan la verdad.
De hecho, en una conversación que mantuve con el presidente de la FPF y con el seleccionador en la mañana de esa rueda de prensa, como pueden confirmar, reiteré que, si no me querían allí, me lo dijeran.
Bastaba con que fueran sinceros conmigo. Yo aceptaría eso y prometí que prepararíamos algo bonito, como sueño que ocurra, y nadie se enfadaría.
Lo recuerdo como si fuera hoy. Respondieron al unísono que no. Que mi lugar estaba en la selección nacional.
Nunca, en ningún momento, me he entrometido en ninguna decisión técnica o táctica de ningún entrenador o seleccionador en casi 25 años de carrera.
Acepto, mejor o peor, lo que me proponen hacer. Respeto la decisión y, cuando faltan a su palabra, siento que mi lugar no es allí.
También debo una disculpa a mis compañeros de selección por haber abandonado la concentración.
A pesar de la absoluta ruptura de confianza en la palabra del seleccionador, como podrán atestiguar quienes asistieron a estas conversaciones, no debería haberlo hecho. La responsabilidad es exclusivamente mía.
Pido disculpas a los portugueses una vez más, pero la ruptura de la palabra tiene para mí un impacto decisivo.
Sentí que, a partir de ahí, mi permanencia solo iba a perjudicar al grupo de trabajo e hice lo que siempre dije que haría si no me sintiera útil: cogí las maletas y me fui.
La consecuencia de este acto mío debe ser evaluada y sancionada por la Federación Portuguesa de Fútbol.
Entiendo que la sanción no debe tener atenuantes. No soy un jugador cualquiera, soy capitán de equipo y eso constituye un agravante.
Ya he pedido disculpas, pero sé que los actos tienen que tener consecuencias. Quien está en el fútbol como yo sabe que, con independencia del estatus de cada uno, las normas son iguales para todos.
A este respecto, he oído hablar mucho de partidos de despedida, de que tengo que tener una despedida digna y de que la Federación quiere darme esa oportunidad.
He aprendido en la vida, con hambre y muchas veces sin nada que comer, que nadie regala nada a nadie.
Puedo prometer a todos mis fans y, naturalmente, en especial a todos los portugueses, que haremos uno o más partidos de despedida, habrá tiempo para eso.
Pero cuando pienso en la selección, en lo que pienso realmente es en competir. Fue en eso en lo que pensé el día en que me dieron la noticia de la muerte de mi padre.
Estaba concentrado con nuestra selección y allí decidí quedarme hasta que terminara el partido del día siguiente. Hice por el país lo que jamás haría por ningún club.
Por tanto, si estoy bien físicamente, jugando en mi club, con goles, eso espero, después de cumplir la sanción que se me imponga, estaré disponible, como siempre lo he estado hasta hoy, para competir y ganar con nuestra selección.
Esta es, créanme, la más pura de las verdades.
Cristiano Ronaldo.
6 de octubre de 2026