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El yacimiento de Abric Romaní, a 50 km de Barcelona, desvela el ingenio neandertal hecho en madera

Trabajo de dibujo y registro durante la excavación del objeto de madera en el Abric Romaní. / Gerard Campeny (IPHES-CERCA)
Trabajo de dibujo y registro durante la excavación del objeto de madera en el Abric Romaní. / Gerard Campeny (IPHES-CERCA) -  Derechos de autor  IPHES
Derechos de autor IPHES
Por Escarlata Sánchez
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Un análisis de casi 600 restos de madera hallados durante cuatro décadas de excavaciones demuestra que los neandertales dominaban la carpintería miles de años antes de lo que se pensaba.

Más allá del sílex y la piedra tallada, la arqueología suele tropezar con un muro insalvable: la caducidad del resto orgánico. Sin embargo, los casi 600 vestigios conservados en el Abric Romaní de Capellades rompen ese vacío histórico para demostrar que la madera fue el auténtico motor invisible de la tecnología neandertal, desde el diseño de herramientas y lanzas hasta la arquitectura de sus propios refugios.

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Fruto de más de 40 años de trabajo de campo y de una ambiciosa alianza internacional entre una decena de universidades y centros científicos, la revista 'Science Advances' saca a la luz el mayor análisis jamás realizado sobre la madera neandertal, un hito coordinado por el Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES-CERCA) que reescribe la historia de la tecnología prehistórica.

A diferencia de los hallazgos aislados en el resto de Europa, el yacimiento catalán no ofrece una simple foto fija, sino una película continua del Paleolítico Medio: a lo largo de 22.000 años y decenas de generaciones, los neandertales mantuvieron un vínculo cotidiano y sistemático con la madera, convirtiéndola en la espina dorsal de su vida comunitaria.

Anatomía de un hogar paleolítico

Gracias a un estado de preservación milagroso, el yacimiento abre una ventana intacta al día a día del Paleolítico: la convivencia directa de la madera con el fuego, la piedra y los fósiles permite detallar, casi a tiempo real, la precisa gestión del hogar y la inteligente logística del espacio que aplicaba la comunidad neandertal.

Lejos de las piezas descontextualizadas habituales en la arqueología, el valor del Abric Romaní radica en rescatar lo que el tiempo suele borrar. Palmira Saladié, investigadora del IPHES-CERCA, subraya que conectar la madera con los fogones y la piedra permite recomponer la escena completa del día a día neandertal y entender cómo encendían el fuego, repartían las tareas y estructuraban su hogar.

Entre un bosque de ramas, troncos y leña recuperados, destacan 13 utensilios manufacturados, entre los que figuran una maza tallada y una imponente lanza de 2,45 metros. Para el investigador Josep Vallverdú, investigador del IPHES-CERCA, este catálogo demuestra que la madera cubría desde la caza hasta la vida doméstica, destapando una sofisticada tecnología neandertal que trasciende con creces el mito de la piedra.

La huella del agua y la madera esculpida

La magia del Abric Romaní radica en un proceso geológico único: el agua rica en carbonato cálcico petrificó la madera antes de que se pudriera, dejando un molde exacto en toba que conserva hasta la textura de su corteza. Es gracias a esta "escultura" natural que hoy podemos contemplar desde herramientas de excavación y armas hasta posibles recipientes, bandejas y estructuras de vivienda que la historia suele borrar.

Las dos lanzas halladas en el yacimiento rompen un molde histórico reservado a contadísimos lugares de Europa como Alemania. Al aparecer junto a fuegos y restos de ciervos, las armas ofrecen un retrato único no solo de su armamento, sino de la frenética actividad que bullía en un mismo espacio habitado.

La pieza más enigmática del conjunto es un instrumento tallado en un solo bloque con un mango de 16 centímetros y un extremo ensanchado que evoca una maza. Aunque las marcas de raspado confirman su modelado artesanal, los expertos no descartan ninguna hipótesis, situándola entre una contundente herramienta de caza o percusión y un objeto cargado de valor simbólico o social dentro del grupo.

La mitad invisible del mundo neandertal

El abanico doméstico neandertal deslumbra por su refinamiento: cerca del fuego, cuatro láminas de corteza de enebro, seleccionada por su flexibilidad frente al pino habitual, insinúan la fabricación de cuencos o bandejas ligeras. A este ajuar se añade una suerte de parrilla de palos cruzados sobre la hoguera para procesar alimentos y una formidable vara rectilínea de cinco metros que sugiere el armazón de una estructura para acondicionar el espacio habitado.

La madera era, además, el corazón del hogar: los neandertales transportaban e incluso almacenaban reservas de pino silvestre según sus necesidades, demostrando una calculada estrategia de acopio. Para M. Gema Chacón, investigadora del IPHES-CERCA, si durante décadas el sílex permitió descifrar sus pautas de trabajo, la madera restituye hoy la mitad invisible de su mundo, revelando una tecnología completa y una organización social tan refinada como la nuestra.

Este monumental trabajo publicado en la revista Science Advances es el fruto maduro de más de cuarenta años de excavaciones ininterrumpidas. Iniciado en 1983 por el Dr. Eudald Carbonell y liderado hoy por los doctores Saladié, Chacón y Vallverdú desde el IPHES-CERCA, el proyecto ha logrado lo que parecía imposible: conectar la madera con el fuego, la piedra y los huesos para rescatar, tras décadas de rigor científico, la memoria perdida del mundo neandertal.

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