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El misterio de La Navidad: nadie sabe dónde está el primer asentamiento español en América

Una de las carabelas de Colón en una reprodución en Huelva.
Una de las carabelas de Colón en una reprodución en Huelva. -  Derechos de autor  María Muñoz Morillo.
Derechos de autor María Muñoz Morillo.
Por Cristian Caraballo
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La nao Santa María encalló en Nochebuena de 1492 frente a Haití y Colón usó sus tablas para levantar el fuerte de Navidad, donde dejó a 39 hombres que no sobrevivieron; más de cinco siglos después, los arqueólogos no han confirmado su emplazamiento exacto.

La historia de España con la navegación marítima en el siglo XV está llena de narrativas y una épica sólo comparable al imperio portugués. Y una de ellas es la que explica el primer asentamiento español ubicado en América.

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En el primer viaje de Colón a América, el almirante llevó tres naves: La Pinta, La Niña y la Santa María, de éstas solo dos regresaron a Castilla. Por todos es conocido que el 12 de octubre de 1942, desde La Pinta, se avistó tierra: era el descubrimiento del nuevo Mundo.

A las 23:00 de un frío 24 de diciembre de 1492, Cristóbal Colón se fue a dormir. Según informó en su libro de a bordo, llevaba dos días sin pegar ojo. El mar estaba, en sus propias palabras, como una escudilla, (un cuenco sin asa) y la Santa María avanzaba despacio por una costa desconocida del norte de La Española. Hacia la medianoche, el barco varó sobre un arrecife.

El conquistador, lejos de lamentarse en la pérdida, tomó la decisión de desmontarlo y con las tablas y los clavos que aún mantenían su nombre y oficio montó el fuerte de Navidad, que podía albergar a casi 40 hombres y que duró menos de un año.

Cuando Colón regresó no quedaba nadie con vida y ahora, más de cinco siglos después, nadie ha demostrado con exactitud y certeza dónde se erigió esta pieza de la historia de la navegación española.

La noche del desastre

El naufragio se debió a una cadena de errores. Colón se fue a dormir y dejó la nao navegando con viento flojo. El timonel al cargo hizo lo propio, vio la costa en calma y dejó los mandos de la nave a un grumete, algo que Colón expresamente prohibió durante todo el viaje. Esto derivó a que la Santa María varase sin rumbo casi sin ruido sobre un arrecife, cerca de la actual bahía de cabo Haitiano, y el casco se abrió.

Un retrato de Cristóbal Colón
Un retrato de Cristóbal Colón AP Photo

Hacia la medianoche, las corrientes empujaron la nao sobre un bajo. Tocó tan suavemente que casi nadie notó lo que se avecinaba. El muchacho sintió el timón rozar el fondo, oyó el ruido del mar, empezó a gritar y Colón salió de la cama.

Pero ya era tarde. Tan tarde que la marea ya había bajado. Ordenó cortar el palo mayor para aligerar el barco y mandó a Juan de la Cosa, maestre y dueño de la nao, que llevara un ancla en el esquife. De la Cosa no obedeció, otro error en la cadena: se fue en la barca a La Niña, que navegaba cerca. La Santa María quedó escorada y las tablas se abrieron. Colón pasó a la tripulación a La Niña y esperó a que amaneciera.

El día de la construcción

Con la primera luz, Colón mandó mensajeros a Guacanagarí, uno de los cinco caciques taínos de La Española. Según le contaron después, el cacique lloró al oír la noticia. Envió a todo su pueblo con grandes canoas y ayudó a descargar la nao con sus hermanos y parientes. Mandó guardar los objetos junto a las casas, y hasta vació alguna para que cupieran. Colón escribió a los reyes que no creía que existiera mejor gente ni mejor tierra.

Se salvó todo lo aprovechable, desde las provisiones hasta los tablones de cubierta y casco. Colón decidió dejar allí una guarnición. Creía que el oro abundaba en la isla, y la pérdida de la nao obligaba a dejar gente para que el resto pudiera volver a España solo con La Niña.

Hacia el 26 de diciembre empezó a levantar un fuerte con la madera y la clavazón del barco y lo llamó La Navidad, por la noche del naufragio. El historiador Carlos Martínez Shaw recuerda que el propio diario cuenta que la nao quedó irreparable y se desguazó, y que el fuerte era lo bastante amplio para 39 personas.

Las crónicas cuentan que Colón hizo disparar artillería contra los restos del casco para que los taínos vieran su poder. El 30 de diciembre, Guacanagarí lo sentó en un estrado de palma y le puso su propia corona.

Los '39 de La Navidad' quedaron a las órdenes de Diego de Arana, alguacil de la expedición. Entre ellos estaban el repostero del rey Pero Gutiérrez, Rodrigo de Escobedo, un cirujano, tres artesanos, un artillero y un sastre. Su encargo era comerciar con los taínos y averiguar dónde estaba la mina. Colón zarpó en La Niña a principios de 1493 de vuelta a Castilla.

Qué pasó con el primer asentamiento español de América

El almirante regresó el 27 de noviembre de 1493, en su segundo viaje, con 17 barcos y unos 1.500 hombres. Encontró el fuerte quemado y a los españoles muertos, la mayoría desfigurados. Guacanagarí atribuyó el ataque a otro cacique, el señor de las minas. Los historiadores siguen preguntándose si el jefe que los había acogido tuvo algo que ver. Colón no reconstruyó el fuerte pero fundó otra población, La Isabela, en otro punto de la isla.

El hallazgo más serio llegó de la mano de William Hodges, un misionero médico estadounidense y arqueólogo aficionado. Sus pacientes le enseñaron cerámica taína muy elaborada y en 1977 localizó el yacimiento de En Bas Saline, en el norte de Haití. Era un gran centro taíno, muy cerca de donde se hundió la Santa María.

El Museo de Historia Natural de Florida excavó allí con el Bureau National d'Ethnologie de Haití entre 1983 y 1988, y volvió en 2003. En total se excavaron 276 metros cuadrados. La campaña de 2003 confirmó que el montículo central era una gran estructura quemada a finales del siglo XV. Los investigadores identificaron En Bas Saline con la aldea de Guacanagarí y con el emplazamiento probable de La Navidad.

Entre los restos de animales apareció el primer rastro de la rata negra del Viejo Mundo en la isla. Falta la prueba definitiva. Hoy no hay evidencia concluyente que fije el lugar exacto del fuerte, y de su madera no se ha identificado ningún resto de forma indiscutible.

El pecio de la Santa María

La otra pieza del rompecabezas es el barco. En 2014, el explorador submarino Barry Clifford anunció que había encontrado la Santa María en aguas del norte de Haití. La ministra de Cultura haitiana, Monique Rocourt, dijo entonces que las pruebas que había visto apuntaban a que no lo era.

El director de la Oficina Nacional de Etnología de Haití, Erol Josué, recordó que la nao no podía estar bajo el mar, porque sus tablas se usaron para el fuerte.

La historiadora María Luisa Cazorla propone otra hipótesis. La costa ha avanzado por los sedimentos de los ríos, y los restos de la nao estarían hoy en tierra, bajo unos seis metros de depósitos. Su tesis sostiene que el pecio puede localizarse en un radio de unos pocos cientos de metros con prospección geofísica. En agosto de 2026, 'History.com' seguía hablando del pecio de Haití como un supuesto hallazgo.

De momento, ni la nao ni el fuerte que se construyó con ella han aparecido de forma concluyente. Colón, sin saberlo, había puesto la base de un imperio que duró siglos y donde nunca se ponía el sol.

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