Los líderes europeos han cerrado filas y se han volcado en apoyo a Ucrania, mientras el acuerdo sobre diésel entre Donald Trump y Vladímir Putin sigue sacudiendo a la alianza.
Europa ha vuelto a intentar salvar la cara después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, haya pillado por sorpresa al continente al cerrar un acuerdo a medida con su homólogo ruso, Vladímir Putin, para liberar miles de toneladas de diésel que hasta ahora estaban sometidas a sanciones.
La noticia ha alarmado a Ucrania y a sus aliados europeos, que llevan mucho tiempo recelando de la diplomacia imprevisible de Trump y de su concepto de lo que significa una paz justa y duradera.
Las tensiones entre las dos orillas del Atlántico no se han disipado del todo desde febrero del año pasado, cuando Trump llamó por sorpresa a Putin y abrió negociaciones para poner fin a la guerra sin consultar de antemano a ningún dirigente europeo.
Aquello fue el inicio de una serie de acontecimientos inesperados que han sacudido a Europa y han trastocado sus viejas certezas sobre el orden internacional de posguerra. Entre ellos figuran una cumbre Trump-Putin improvisada en Alaska, un plan filtrado de 28 puntos claramente favorable a Moscú y una exención de sanciones para el crudo ruso. El acuerdo sobre el diésel, anunciado este viernes en Truth Social, ha añadido un capítulo más.
Trump recurrió entonces a un patrón conocido: ataques públicos contra la legitimidad del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, y llamamientos a celebrar nuevas elecciones. La Constitución ucraniana prohíbe celebrar elecciones en tiempo de guerra, un punto que Zelenski suele recordar a Trump.
"Sugiero que se busquen un nuevo líder que pueda lograr un acuerdo, porque podría haber hecho muchos acuerdos y por alguna razón nunca lo hace", dijo Trump, entre aplausos de Moscú.
Europa cierra filas con Ucrania
Como en episodios anteriores, Europa se ha visto obligada a cerrar filas, arropar a Ucrania y dejar claro que, al margen de lo que haga o diga la Casa Blanca, este lado del Atlántico mantendrá el rumbo acordado.
"Creo que debemos tomarnos esto en serio de forma colectiva. Hoy, considero que no tenemos ningún motivo factual para cambiar nuestra posición", afirmó este lunes el presidente francés, Emmanuel Macron.
El canciller alemán, Friedrich Merz, señaló que emular el acuerdo sobre diésel entre Trump y Putin era "algo impensable" para Europa, pese a la subida de los precios de la energía. "Rusia solo negociará en serio bajo presión, y por eso mantenemos nuestras sanciones contra Rusia", dijo a los periodistas.
Un mensaje similar resonó en Luxemburgo, donde se reunieron los ministros de Exteriores de la UE y insistieron en que la campaña de presión sobre Moscú continuaría sin freno. Algunos criticaron abiertamente el acuerdo sobre diésel, al que calificaron de lamentable y preocupante.
Los ministros de Exteriores también aprobaron la incorporación récord de 1.600 nombres a la lista de sanciones, la mitad de ellos vinculados a la producción de misiles balísticos que caen sobre Ucrania. El contraste entre la UE y Estados Unidos difícilmente podría haber sido mayor.
"Hoy hemos demostrado unidad con estas inclusiones (1.600)", dijo al término de la reunión la alta representante, Kaja Kallas. "Pero, por supuesto, sería mucho más contundente si hubiéramos actuado junto con Estados Unidos. Nuestro mensaje para Estados Unidos es que con Rusia solo funciona la presión".
Unidos bajo tensión
Aunque el acuerdo entre Trump y Putin encaja en un patrón conocido de diplomacia errática que deja al margen los intereses europeos, el sombrío contexto lo hace diferente.
El acuerdo sobre el diésel llega en un momento en que Rusia está intensificando rápidamente sus ataques contra Ucrania, matando a decenas de civiles y destruyendo los engranajes que sostienen la economía local, incluidas centrales eléctricas, centros de datos, almacenes y vías férreas.
El bloqueo ruso en el mar Negro ha impedido que los agricultores ucranianos envíen toneladas de grano a sus clientes en todo el mundo y ha privado al Estado de una fuente esencial de ingresos.
A medida que la actividad económica se estanca y se acumulan los costes materiales, la UE se está dando cuenta de que sus líneas de apoyo de miles de millones de euros se quedarán cortas en algún momento del año que viene. Con Estados Unidos fuera de escena, el peso está llamado a recaer en los bolsillos europeos.
La perspectiva de que Rusia venda diésel que hasta ahora estaba sancionado y obtenga dinero extra para financiar las bombas que caen sobre Ucrania resulta especialmente difícil de asumir para Kiev y sus aliados. Además, plantea serias dudas sobre hasta qué punto se puede confiar en Estados Unidos para que aporte garantías de seguridad en el escenario de posguerra.
Y, aun así, la evaluación colectiva en Europa sigue siendo que aún hay más que perder que ganar si se rompe con los estadounidenses.
"Lo que debemos hacer es volver a centrarnos y redoblar nuestros esfuerzos para mantener la presión sobre Rusia", declaró este lunes la ministra de Exteriores de Irlanda, Helen McEntee. "Nuestra prioridad tiene que ser mantener esa presión, pero también mantener nuestros canales con Estados Unidos, porque esto no será posible sin el apoyo de Estados Unidos".
Justo cuando se conoció la noticia del acuerdo sobre diésel, altos cargos de Ucrania, Francia, Alemania, el Reino Unido, la Comisión Europea y la OTAN estaban en Miami, Florida, para una ronda de conversaciones organizada por Steve Witkoff y Jared Kushner, los enviados especiales de Trump.
La reunión fue la primera de este tipo desde el estallido de la guerra entre Estados Unidos e Irán, que ha absorbido la política exterior de la Casa Blanca y ha relegado a Ucrania a un segundo plano.
A Europa le costó inicialmente asegurarse un asiento en la mesa de negociación, mientras Trump y Putin avanzaban con sus llamadas privadas. Pasaron meses desde que los países europeos crearon la 'Coalition of the Willing' (coalición de los dispuestos) hasta que se les incorporó al proceso de negociación dirigido por Estados Unidos.
Las declaraciones procedentes de Bruselas confirman que conservar un asiento en la mesa donde se decidirán el futuro de Ucrania como Estado soberano y la arquitectura de seguridad europea tiene prioridad sobre cualquier desaire diplomático, por muy marcado o público que sea.
Zelenski, cuyo país ya sufre cortes de electricidad antes de un invierno que se prevé el más duro de la guerra, coincide en que la alianza transatlántica debe mantenerse, al margen de los acuerdos que puedan cerrarse a sus espaldas.
"Se necesita realmente una tregua energética y otros pasos para reducir la escalada y garantizar la seguridad aquí, en la realidad, no solo en Truth Social", afirmó Zelenski. "Tenemos que acabar con la guerra de Rusia. Tenemos que garantizar la seguridad. Tenemos que mantenernos unidos. Europa y Estados Unidos".