El Gobierno francés reforzó la seguridad antes de las protestas nacionales del sábado por la crisis del coste de la vida, a las que se prevé que se sumen estudiantes ante el temor a posibles choques.
La Policía ha detenido a decenas de personas en la capital francesa, París, después de que manifestantes se hayan enfrentado con las fuerzas de seguridad en distintos puntos de la ciudad.
Sindicatos y ciudadanos que se identifican como "chalecos amarillos" protestan contra la crisis del coste de la vida y la subida del precio de los combustibles, como consecuencia de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán.
Un gran número de estudiantes también se ha sumado este sábado a las protestas convocadas en todo el país, en las que reclaman una reforma del sistema educativo, la mejora de aulas e instalaciones y un mayor acceso a recursos.
Manifestantes han irrumpido en el ayuntamiento de Marsella, la segunda ciudad más grande de Francia. Con la cara cubierta, algunos manifestantes empujaron la puerta utilizando vallas de seguridad.
Varios lograron entrar y uno de ellos pintó con espray el símbolo anarquista de la "A" en una pared antes de que interviniera la Policía. "Estamos tomando la Bastilla", gritó un manifestante, en referencia al asalto de la fortaleza durante la Revolución francesa en 1789.
Mientras tanto, comercios de todo el país han tapiado sus escaparates en un intento de evitar posibles saqueos o actos de vandalismo. Miles de agentes de Policía y unidades antidisturbios han sido desplegadas en todo el territorio para reforzar la seguridad.
Según una fuente cercana al Ministerio del Interior francés, este sábado se esperan 500 acciones en todo el país, así como en torno a 90 manifestaciones, y las autoridades se preparan para posibles episodios de violencia en París y otras grandes ciudades.
Las protestas se producen tras cuatro semanas de movilizaciones estudiantiles por diversos motivos, entre ellos la ausencia de profesores, las aulas masificadas y unas instalaciones obsoletas.
La mayoría de las protestas estudiantiles han sido pacíficas, pero se han registrado enfrentamientos con alborotadores y una amplia crítica por la presunta brutalidad y violencia policial.
La misma fuente indicó a 'Euronews' que el movimiento de extrema izquierda podría tratar de provocar enfrentamientos con las fuerzas del orden y de intentar traspasar los perímetros de seguridad a lo largo de los recorridos de las marchas. También advirtió de que los bloqueos de vías de transporte clave e infraestructuras esenciales "no serán tolerados".
Mientras, el presidente francés, Emmanuel Macron, afirmó este viernes que, aunque el derecho a manifestarse "está plenamente respetado", "debe ir acompañado de respeto a las personas y a los bienes".
"Por eso llamo a la calma y al respeto: estos derechos deben preservarse", dijo.
Crece el escrutinio sobre la actuación policial
Las fuerzas del orden francesas se han visto sometidas a un creciente escrutinio en las últimas semanas, en medio de varias denuncias de violencia policial.
En uno de los casos, un alumno de 15 años presuntamente perdió un ojo tras ser alcanzado por una bala de goma disparada por la Policía. En otro incidente, un joven de 14 años habría perdido la mano después de recoger una granada aturdidora de la Policía. Las circunstancias de ambos sucesos siguen bajo investigación.
Tras este segundo caso, Francia suspendió el uso de determinados tipos de granadas aturdidoras.
Sin embargo, en una entrevista este viernes, el ministro del Interior francés, Laurent Nuñez, señaló que el uso de granadas aturdidoras estaría permitido el 17 de octubre si se produjera "grave violencia urbana" al margen de las manifestaciones, y advirtió de que estas granadas "nunca se utilizan cuando las cosas van bien".
Nuñez informó este martes al Senado francés de que se han abierto 36 investigaciones por presunta violencia policial durante las protestas estudiantiles. Precisó que cuatro de estos casos se refieren a lesiones mutilantes y seis a lesiones de consideración, mientras que el resto está relacionado con supuestos golpes, insultos y denuncias de violencia sexual.
Un hombre que había volado este viernes a París desde Estados Unidos aseguró a 'Euronews' que era "partidario" de las protestas pacíficas.
"Ojalá que nadie resulte herido y que se escuchen las voces de la gente", añadió.
Un taxista de la capital calificó la situación de "muy delicada".
"La gente tiene derecho a protestar, pero de forma pacífica", señaló, antes de añadir que "los responsables tienen que encontrar soluciones".
El movimiento de los chalecos amarillos
Se ha especulado con que la manifestación del 17 de octubre podría marcar el regreso del movimiento de base de los chalecos amarillos, que surgió en 2018 como reacción a la subida de impuestos sobre la gasolina y el diésel prevista por el Gobierno.
Durante meses, los chalecos amarillos se reunieron cada fin de semana para bloquear rotondas, autopistas y depósitos de combustible en todo el país, en ocasiones con tensos enfrentamientos con la Policía.
Todo ello coincide con que el Gobierno francés afronta también una grave crisis de deuda pública, mientras intenta sacar adelante un presupuesto con medidas de austeridad en un Parlamento sin mayoría clara.
Un sindicato policial presenta una denuncia contra el Estado por "poner en peligro la vida de otros"
El primer ministro francés, Sébastien Lecornu, afirmó este jueves que 937 agentes de Policía y gendarmes han resultado heridos desde el inicio de las protestas. Añadió que también se habían registrado lesiones en 248 estudiantes y 149 miembros del personal docente, lo que, dijo, supone el número de heridos más alto jamás contabilizado por el Ministerio de Educación francés.
Lecornu advirtió de que el "movimiento de estudiantes de secundaria" se estaba transformando en una "ola de violencia urbana".
Mientras tanto, Alliance Police Nationale, uno de los mayores sindicatos policiales de Francia, anunció en un comunicado este martes que presentará una denuncia contra el Estado "por poner en peligro la vida de otros".
El sindicato denunció lo que calificó como "órdenes contradictorias" dadas a los agentes, que, aseguró, han estado "expuestos a la violencia y dejados a merced de la hostilidad pública" durante las protestas de alumnos de secundaria.
"Después de las expresiones de empatía del presidente (el presidente francés Emmanuel Macron) hacia los alborotadores y de su insistencia en el diálogo, ahora nos enfrentamos a instrucciones vagas, órdenes contradictorias y declaraciones públicas superficiales".
"La discrepancia entre las declaraciones públicas de Laurent Nuñez y las instrucciones verbales que se transmiten a través de la cadena de mando se ha vuelto insoportable", añadió el sindicato.
El partido de extrema izquierda La Francia Insumisa ha sido acusado por el Gobierno y por sus adversarios políticos de alentar la violencia e incitar los disturbios mediante un lenguaje incendiario.
En un discurso pronunciado el pasado 30 de septiembre, el líder del partido, Jean-Luc Mélenchon, instó a sus simpatizantes a "plantar cara a la brutalidad policial", y agregó que "no habrá ni olvido ni perdón para nadie".
Posteriormente matizó sus palabras y afirmó que respalda métodos de protesta pacíficos.