Cerca de 2.400 detenidos y cerca de 1.000 agentes heridos en un día de protestas por el coste de la vida y las condiciones de los estudiantes, mientras los comerciantes parisinos, en estado de shock, protegen sus establecimientos.
Escalada de tensión en la plaza de la República, en París, este domingo por la tarde, cuando grupos de jóvenes regresaban a la explanada bajo la estrecha vigilancia de la Policía antidisturbios. "Tened cuidado, está a punto de estallar otra vez", advirtió un agente mientras se agrandaba la multitud.
Varios pequeños grupos de policías permanecían entre grupos de jóvenes aparentemente tranquilos cuando unos enfrentamientos repentinos desataron una nueva oleada de violencia. Los cánticos de "ACAB" (siglas de 'All Cops Are Bastards', ('Todos los policías son bastardos') se hicieron oír mientras los agentes aislaban a un chico que parecía ser un adolescente muy joven y se lo llevaban, entre los gritos de los jóvenes que exigían su liberación.
La Policía lanzó algunas granadas lacrimógenas mientras los diferentes grupos se movían con cautela. Después, la Policía se retiró de la plaza, apartando a la gente a su paso.
Estos incidentes han llegado después de una noche con algunas de las peores escenas de violencia urbana que Francia ha vivido en años, en la que las manifestaciones por el coste de la vida derivaron en enfrentamientos con la Policía, saqueos generalizados e incendios en todo el país.
Casi 2.400 personas fueron detenidas el sábado y cerca de 1.000 policías y gendarmes resultaron heridos, según el Ministerio del Interior. A última hora del sábado, el primer ministro, Sébastien Lecornu, denunciaba una "violencia de extrema intensidad" y situaba el balance en 1.200 detenciones y 150 agentes heridos.
Macron rechaza la dimisión del ministro del Interior
Este lunes, el presidente, Emmanuel Macron, ha reconocido "fallos de anticipación y de inteligencia", pero ha rechazado la dimisión del ministro del Interior, Laurent Nuñez, según ha informado el Palacio del Elíseo.
"El ministro del Interior presentó su dimisión al presidente el domingo", explicó la presidencia en un comunicado. "Dada la necesidad de mantener el liderazgo de las fuerzas del orden en este momento, el presidente la ha rechazado".
Algunos responsables de la oposición habían pedido el cese de Nuñez. Macron, en cambio, le ha encargado que "tome todas las medidas necesarias para garantizar la transparencia sobre los fallos de planificación y de inteligencia que llevaron a la violencia" y que "ponga en marcha nuevos métodos operativos para las fuerzas de seguridad" con los que gestionar la crisis.
De vuelta en la plaza de la República, la gente empezó a llegar poco a poco una vez que la Policía se hubo marchado. La plaza se llenó de transeúntes curiosos que se acercaban para ver los daños de la noche anterior, deteniéndose en las calles adyacentes para fotografiar coches calcinados, montones de bicicletas destrozadas y cristales rotos. "Bueno, ya lo hemos visto, comentaba una mujer, ya podemos volver a casa".
La gente está desesperada
El alcalde de París, Emmanuel Grégoire, afirmó que calles enteras de la capital "han quedado arrasadas". Marcó una diferencia entre el derecho "fundamental" a manifestarse y una violencia "inaceptable".
En una calle cercana, Ilan, de 21 años, barría los restos frente a su pequeña tienda de delicatessen. El escaparate, destrozado por los saqueadores, se había cubierto con cartones y solo había abierto durante unas horas.
"He tenido suerte, porque justo al lado lo han perdido todo", señaló. "¿Cómo van a salir adelante? Hay gente que está realmente desesperada". No pensaba mantener el local abierto mucho tiempo. "Van a volver esta noche", dijo. "No me voy a quedar mucho más".
Al otro lado de la calle se encontraba un restaurante que los saqueadores habían incendiado y saqueado por completo. Poco después, el pánico se extendió por la calle al circular rumores de nuevos enfrentamientos y escucharse explosiones de granadas lacrimógenas, que hicieron que grupos de personas salieran corriendo desde la plaza.
Muy cerca, las nubes de gas lacrimógeno pasaban frente a Le Carillon, uno de los bares atacados en los atentados de París de noviembre de 2015. Jóvenes encapuchados corrían junto a sus ventanales, perseguidos por la Policía antidisturbios, mientras el personal se apresuraba a cerrarlos.