Minas Gerais y São Paulo serán decisivos, pero el PT puede buscar en el mapa electoral apoyos adicionales para revertir el resultado. En el sprint final, 'Euronews' analiza el mapa y la aritmética de la segunda vuelta.
"Soy muy bueno en las eliminatorias", exclamó Lula da Silva en reacción a la derrota en la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil. El jefe de Estado se apresuró a transmitir confianza al final de una noche con un resultado contrario a las principales encuestas que le situaban por delante de su mayor rival, Flávio Bolsonaro, senador del Partido Liberal (PL) e hijo del expresidente Jair, su antecesor.
El mensaje quedó claro y el Partido dos Trabalhadores (PT), del que Lula fue uno de los fundadores cuando el país aún estaba bajo dictadura militar, ha empezado a redefinir sus estrategias para recuperar terreno.
La tarea se perfila, sin embargo, complicada, máxime si se tiene en cuenta que, desde la redemocratización en la segunda mitad de la década de 1980, los candidatos que salieron vencedores de la primera vuelta nunca han dejado de conquistar la presidencia.
A ese peso histórico se suma la coyuntura política: en 2022, Lula intentaba regresar al poder tras más de una década de ausencia y contaba con un relato más fácil de desplegar, al poder presentarse como una alternativa a Jair Bolsonaro y capitalizar la voluntad de cambio.
También hay que tener en cuenta el bolsillo del electorado, que está sintiendo la presión de las fluctuaciones de precios. Aunque la inflación ha registrado una desaceleración, un estudio de septiembre, realizado por Quaest y citado por el diario O Globo, muestra que más de la mitad de los brasileños sigue teniendo la percepción contraria, con un 66% de los encuestados que afirma que sus ingresos se han estancado o solo han subido tanto como el coste de la vida.
Con una base de apoyo compuesta mayoritariamente por clases populares de bajo poder adquisitivo, Lula da Silva ha sufrido un fuerte desgaste electoral. Aun así, de acuerdo con una encuesta de Datafolha divulgada el pasado jueves, el candidato del PT presenta una tasa de rechazo que supera la de Flávio Bolsonaro en solo un 2% (46% frente a 44%).
Es decir, si Lula paga la factura de la gestión, Flávio carga con el legado de su padre y con las resistencias asociadas a una presidencia que contribuyó a crear el Brasil más crispado de las últimas décadas, lo que significa que no es solo el mandatario quien tiene dificultades para ampliar su electorado.
Las encuestas publicadas después del 4 de octubre, con la segunda vuelta ya en perspectiva, empezaron otorgando una ventaja de entre el 4% y el 6% al candidato de derechas, pero el margen se ha ido estrechando en las dos últimas semanas. En el sondeo más reciente de PoderData/Aya, dado a conocer el pasado viernes, ambos aparecen en una situación de empate total, cada uno con un 50%. Y el estudio del Instituto Vox Brasil, divulgado el pasado domingo, muestra a Lula por delante con un 51% frente al 49% de Flávio Bolsonaro.
La maquinaria de campaña del PT se aferra a estos indicadores a pocos días de la batalla decisiva, para la que parte por detrás por solo 2,2 millones de votos (1,87%), la diferencia más exigua en una primera vuelta desde el fin del régimen militar. En este análisis examinamos la geografía y la aritmética que pueden permitir una posible remontada petista.
El estado espejo
El destino de Lula dependerá, en gran medida, de lo que ocurra en Minas Gerais, el mejor barómetro de la política brasileña. Desde la restauración de la democracia, quien ha ganado en Minas siempre ha llegado al Palacio del Planalto.
Entre los grandes colegios electorales, es el que está más equilibrado, con los dos candidatos separados por menos de 590.000 votos. Pese a dominar más municipios en este estado, donde derrotó a Jair Bolsonaro en 2022, el veterano líder del PT pierde fuerza en las zonas que concentran más votos.
De las diez mayores ciudades de este estado, Lula solo venció en una, Juiz de Fora, en el sudeste. En Minas, las características sociodemográficas son muy variadas y es necesario equilibrar las ganancias en distintos puntos del territorio.
Se imponen ofensivas en la región metropolitana de Belo Horizonte, donde se concentran varios municipios que, por su tamaño demográfico, pueden marcar la diferencia en el recuento final, pero también es importante convencer a parte del electorado en otros extremos del estado.
Allí, la atención tendrá que centrarse en municipios medianos de áreas rurales del Triângulo Mineiro, en las zonas próximas a Goiás y en el norte, que desde hace mucho tiempo cuenta con bases leales al PT, aunque está dividido en estas elecciones.
Flávio Bolsonaro venció en dos de los cuatro municipios más poblados del norte de Minas y se quedó con el más poblado, Montes Claros, que tiene casi 441.000 residentes y es el único de esta parte septentrional del estado por encima del umbral de los 100.000.
São Paulo: el peso del mayor colegio electoral
São Paulo es el mayor colegio electoral (21,5% del total) y también puede ser decisivo. Flávio obtuvo más de 3,4 millones de votos que Lula solo en este estado, una diferencia superior a la registrada a nivel nacional entre ambos.
El actual presidente se impuso en la capital del estado, pero vio cómo el senador de derechas avanzaba en la Gran São Paulo, donde se hizo con 25 de los 39 municipios, aunque Lula ha preservado una ventaja estrecha en el total de votos de esta aglomeración urbana.
Guarulhos, segundo municipio más poblado de esta zona, giró hacia la derecha, al igual que Osasco, un bastión de fuerte impronta obrera que ejemplifica la penetración de la campaña conservadora en el llamado "cinturón rojo", marcado por polos industriales y una tradición sindical.
Lula está obligado a conquistar electores en una región metropolitana fragmentada sin descuidar el interior paulista, dominado por una oleada de apoyo al bolsonarismo.
Distrito Federal, este de Goiás y Nordeste urbano
Los análisis de los científicos políticos indican que el triunfo de Flávio en la primera vuelta no vino de las capitales estatales, donde Lula da Silva redujo la votación en apenas un 0,6%. Se construyó, en cambio, a partir de los municipios más pequeños, con población más joven, predominantemente blanca y con fuertes vínculos con el agronegocio (caída del 4,6%).
Ese es el perfil que se encuentra en varios municipios de Goiás, el estado en el que Lula perdió más votos en términos porcentuales (8,45%). Para el PT, la oportunidad está, en particular, en las áreas de alta densidad demográfica del este goiano y pegadas a Brasilia (el llamado Entorno), con generaciones de familias de origen nordestino, elevados índices de vulnerabilidad socioeconómica, dependencia de los servicios públicos y trabajo informal.
En estas periferias hay potencial de crecimiento en municipios como Águas Lindas y Valparaíso, siendo que este último incluso ya ha sido gobernado por el PT. Dentro del Distrito Federal (DF), los frentes de recuperación se sitúan en las regiones más pobladas que presentan dinámicas similares, en particular Ceilândia, donde Lula llegó a tener más del 60% de los votos en la elección de 2006.
Según el análisis del diario brasileño Metrópoles, hay en el DF y en el Entorno un bolsón de 700.000 electores que se abstuvieron o votaron en blanco o nulo, y que son ahora la "tierra prometida de los equipos de campaña".
Flávio Bolsonaro ganó en 17 de las 19 zonas electorales del DF y en 28 de los 33 municipios del Entorno, pero el PT puede explorar esa parte del electorado que no eligió ninguna candidatura. El objetivo es recortar distancias y calentar a la militancia, (re)conquistando a votantes especialmente sensibles a discursos centrados en programas sociales.
En el Nordeste se puede hacer un esfuerzo extra para llevar a más ciudadanos a las urnas, en particular en los centros urbanos. Lula ganó en los nueve estados de este bastión del PT, pese a haber perdido 258.000 votos en comparación con 2022, por lo que una nueva movilización puede ayudar a reforzar el peso de una región favorable que, en la primera vuelta, aportó más de 11 millones de votos al PT.
Un electorado de Lula más propenso a la abstención
La abstención es necesariamente una variable a considerar, ya que 2026 ha traído la tasa más elevada de ausentes en unas elecciones generales desde 1998: un 21,08%, es decir, cerca de 33,4 millones de electores.
Las personas mayores y con menos escolarización, segmentos que tienden a votar al PT, figuran entre quienes más se quedaron en casa, lo que produjo, naturalmente, un efecto negativo en las cifras de Lula. Será necesario movilizar a estos grupos sociales, incluidos los mayores de 70 años, ya que el 49,1% de este segmento de la población, para el que el voto es facultativo, no participó en el sufragio del 4 de octubre.
En cualquier caso, ese escenario no implicaría automáticamente una reducción del apoyo a Flávio. Los municipios de más de 100.000 habitantes donde las tasas de abstención fueron más altas se sitúan en estados ganados por el hijo de Jair Bolsonaro: Rio Grande do Sul, São Paulo, Minas Gerais y Mato Grosso do Sul. Si más gente de estos municipios acude a las urnas, la votación del candidato de derechas podría ganar mayor expresión.
Otro contingente de votos muy codiciado, más de 8,7 millones, pertenece a los principales candidatos excluidos en la primera vuelta: Augusto Cury (Avante), Renan Santos (Missão) y Ronaldo Caiado (PSD). Según la mayoría de los analistas y de las encuestas, los electores de la llamada "tercera vía" deberían migrar, en su mayoría, al campo del senador del PL.
Cury, aunque tímidamente, y Caiado oficializaron su apoyo a Flávio. Estas cuentas, sin embargo, tampoco son lineales. Hay estudios de opinión (Quaest y Palver) que sitúan a la mayoría de los partidarios del escritor y psiquiatra, un moderado, del lado de Lula. Además, Renan Santos, que no tomó partido por ninguno de los finalistas, llegó a declarar que el mayor "peligro" viene de Flávio Bolsonaro. El candidato del PL puede tener la mayoría de los ases, pero Lula da Silva aún se reserva cartas que pueden darle la vuelta al juego.