La UE busca otros 70.000 millones de euros para sostener el esfuerzo bélico de Ucrania en 2027, pero el alza de los costes de deuda y las divisiones sobre los activos rusos dejan a Bruselas con pocas opciones.
La Unión Europea (UE) se ha apresurado a buscar 70.000 millones de euros adicionales para Ucrania el próximo año, después de que la ofensiva creciente de Rusia contra el país y su economía haya dejado insuficientes los actuales planes de apoyo financiero del bloque.
Al término de una cumbre de dos días la semana pasada, los líderes de la UE escucharon directamente del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, la magnitud del desfase. "La guerra costará 155.000 millones de euros el próximo año. Y necesitamos al menos 70.000 millones de euros más de ustedes: para la Defensa, para armas y para nuestra resiliencia. Es una cifra realista. Y les pido que encuentren este apoyo. Nos ayudará a contener a Rusia", afirmó.
Según Zelenski, la inyección adicional de dinero ayudará a Ucrania a reforzar la producción nacional de sus drones de última generación para frenar los avances rusos en el campo de batalla, interrumpir sus cadenas de suministro y debilitar su maquinaria de guerra. "Realmente necesitamos al menos 70.000 millones de euros adicionales para el próximo año", añadió.
La petición ha calado. Los líderes de la UE han encargado a la Comisión Europea que explore vías para cubrir el hueco, que es considerablemente mayor de lo que Bruselas había previsto.
Un plan financiero desbordado por la guerra
Hasta ahora, el bloque había basado su apoyo en el préstamo de 90.000 millones de euros que los líderes aprobaron el pasado diciembre. El préstamo estaba diseñado para cubrir dos tercios de las necesidades financieras y militares de Ucrania en 2026 y 2027, con otros aliados encargándose del tercio restante.
Un elemento clave es que la Comisión diseñó el préstamo partiendo de la hipótesis de que la guerra terminaría en algún momento de 2026. En cambio, Moscú ha intensificado su ofensiva, con ataques diurnos dirigidos a paralizar la ya frágil economía ucraniana.
Kiev lleva semanas advirtiendo de que necesitará cerca de 69.000 millones de euros más para sus fuerzas armadas el próximo año. Bruselas inicialmente se negó a comentar esa cifra abrumadora. Pero tras varias rondas de discusiones técnicas, ha aceptado la estimación y ha concluido que hay que encontrar el dinero si Ucrania quiere mantener su esfuerzo bélico.
Los 70.000 millones de euros se sumarían a los 45.000 millones de euros que la UE prevé desembolsar con el préstamo ya existente, además de varios miles de millones de euros procedentes de otros programas.
Bruselas exige a sus aliados compartir el coste
Ante una factura creciente, Bruselas se ha apresurado a subrayar que los 70.000 millones de euros serán un "esfuerzo conjunto" con otros aliados, como el Reino Unido, Noruega, Canadá y Japón.
"Siempre hemos dicho que no podemos recorrer este camino solos. No podemos hacerlo todo solos. Por ello, nuestros socios en general deben dar un paso al frente", señaló un portavoz de la Comisión. "Tienen que presentar compromisos y tienen que cumplirlos. Esto es muy importante."
Todavía no está claro qué parte de esos 70.000 millones de euros aportará la UE, dado que el reparto anterior de dos tercios frente a un tercio no ha funcionado como se había previsto. Tampoco está claro con qué rapidez necesitará Kiev el dinero. Lo que sí está claro es que las opciones para conseguir una suma tan elevada en poco tiempo son muy limitadas.
La presión aumenta porque estas negociaciones de alto riesgo se desarrollarán en paralelo al agrio pulso sobre el próximo presupuesto a largo plazo y a la campaña previa a las elecciones presidenciales francesas, en las que la favorita, Marine Le Pen, ha prometido poner fin a toda ayuda a Ucrania.
La perspectiva de acudir a los mercados
Emitir nueva deuda conjunta de la UE en los mercados financieros, como ya está haciendo Bruselas para el préstamo de 90.000 millones de euros, parece por ahora la opción más probable, según diplomáticos y responsables. La Comisión podría ampliar la línea de crédito existente, prolongando de facto el esquema de financiación actual.
El bloque, con su estable calificación crediticia AAA, se ha convertido desde la pandemia de COVID-19 en un emisor de bonos muy demandado, con subastas a menudo sobresuscritas. Mario Draghi, ex primer ministro italiano y expresidente del BCE, ha defendido recurrir a endeudamiento a gran escala.
Sin embargo, el panorama financiero se ha deteriorado notablemente desde diciembre, cuando los líderes aprobaron el préstamo. Los costes de financiación se han disparado en todo el mundo como respuesta al encarecimiento del petróleo, al aumento de la deuda pública y a la fuerte demanda de inversiones en inteligencia artificial.
Los países europeos se han visto especialmente afectados, en particular los ya muy endeudados. Bélgica está financiándose ahora a tipos comparables a los de Grecia, mientras que Francia paga más que Italia.
Todo ello hace que la perspectiva de asumir nueva deuda sea políticamente delicada, incluso complicada, ya que aumentaría la creciente factura de intereses. La rentabilidad del bono a 10 años del bloque ha subido del 2,8% en enero al 3,44% en septiembre, un incremento importante, aunque menos acusado que en muchos otros mercados.
Resistencia en el Este y el frente del 'no' a la nueva ayuda
"Esta es una dinámica que afecta a todos los emisores en todo el mundo y, algo importante, nuestra posición relativa no se ha deteriorado", dijo el portavoz de la Comisión. "Seguimos siendo un emisor extremadamente competitivo."
Si el endeudamiento conjunto se perfila como la opción principal, se espera que varios países queden al margen. Hungría, Eslovaquia y la República Checa ya están exentas del préstamo de 90.000 millones de euros. En la cumbre de la semana pasada, el primer ministro eslovaco, Robert Fico, explicó que él y su homólogo húngaro, Péter Magyar, habían acordado mantener esa política.
"Si ellos, otros países, quieren conceder un préstamo a Ucrania, pueden hacerlo, pero al menos dos países estamos indicando en este momento que no participaremos en este mecanismo financiero", afirmó Fico. "Mostramos solidaridad de otras formas". Otro país que probablemente quedará fuera es Bulgaria, cuyo nuevo primer ministro, Rumen Radev, ha criticado en repetidas ocasiones la ayuda militar del bloque a Ucrania.
Echar mano de los activos
En las últimas semanas, varios países han planteado una vía alternativa para dotar a Ucrania de potencia financiera duradera: los activos inmovilizados del Banco Central de Rusia, valorados en 210.000 millones de euros repartidos por el territorio del bloque. Suecia, Países Bajos, España y Polonia reavivaron el debate en agosto. Desde entonces, los países nórdicos, los bálticos, Alemania e Irlanda han expresado su apoyo.
Son los mismos países que el año pasado presionaron con más fuerza para canalizar esos activos hacia un crédito sin intereses para Ucrania. En su mayoría son los mayores donantes bilaterales de Ucrania y ven esos activos como una forma de garantizar un reparto real de la carga.
El proyecto fracasó cuando chocó con la feroz resistencia de Bélgica, que mantiene 185.000 millones de euros de esos activos en Euroclear, un depositario situado en el centro de Bruselas.
El primer ministro belga, Bart De Wever, advirtió de que utilizar esos activos equivaldría a una confiscación y tendría consecuencias catastróficas para el país. Exigió la mutualización total de los riesgos y garantías sin límite frente a cualquier posible responsabilidad.
Los líderes se echaron atrás ante la perspectiva de tener que rescatar el sistema bancario belga y, en el último momento, optaron por la deuda conjunta para poner en marcha el préstamo de 90.000 millones de euros.
Pese a ese revés, los partidarios de utilizar los activos rusos no han abandonado la idea. Ucrania ha introducido de forma constante el asunto en la conversación. Zelenski señaló que, si Europa no los utiliza, Rusia intentaría recuperarlos. Según se ha informado, Estados Unidos ha planteado un plan para liberar parcialmente los activos como incentivo para que Rusia se involucre en las conversaciones de paz, pero los europeos lo rechazaron.
Bélgica frena el intento de tocar los activos rusos congelados
"La prioridad principal es que Rusia no tenga la oportunidad de influir más adelante en el debate sobre estos activos, porque sabemos muy claramente que quieren recuperar estos activos", dijo Zelenski la semana pasada. "Es uno de los objetivos de Rusia."
De Wever sigue firmemente en contra. Durante la cumbre, el jefe del Gobierno belga tomó la palabra por iniciativa propia para decir a sus homólogos que sus objeciones seguían siendo las mismas, según ha podido saber Euronews. Sostuvo que el dinero debía mantenerse estrictamente bloqueado hasta el final de la guerra para evitar injerencias externas de Moscú o Washington.
El mensaje caló. Los responsables y diplomáticos abandonaron la cumbre con la impresión de que esta vez los activos tienen pocas posibilidades de salir adelante. El fracaso de la propuesta del año pasado sigue muy presente en sus mentes. Francia e Italia, cuyo apoyo sería crucial, siguen siendo consideradas reacias a utilizar los activos.
La posición de Bélgica está aún más atrincherada. Se opone no solo a utilizar esos fondos soberanos, sino también a trasladarlos de Euroclear a un depositario propiedad de la UE, un ardid jurídico que algunos han promovido para desbloquear el estancamiento.
"La cuestión seguirá apareciendo una y otra vez. Con el tiempo puede que se encuentre una solución. No creo que a corto plazo vaya a estar en la agenda, este mes o el próximo", dijo a 'Euronews' Katarína Mathernová, embajadora de la UE en Ucrania.
"Mientras los activos sigan congelados y estén en Europa, bajo nuestro régimen y ahora bajo jurisdicción europea, sin duda estarán ahí para que los líderes los debatan en el futuro. Y creo que eso ocurrirá, pero no a corto plazo."