El refuerzo de los controles en la frontera con México lleva a algunos inmigrantes a cruzar por el Pacífico, donde se enfrentan a extorsiones, hipotermia y riesgo de ahogamiento.
El aumento de la vigilancia en la frontera entre Estados Unidos y México está llevando a algunos inmigrantes a buscar rutas cada vez más peligrosas por el océano Pacífico. El despliegue de drones, sensores y más agentes fronterizos ha dificultado los cruces tradicionales, mientras los traficantes llegan a cobrar hasta 20.000 dólares por el traslado.
Los expertos advierten de que algunas embarcaciones navegan de noche, sin luces y con exceso de pasajeros. A los riesgos de las corrientes marinas y las bajas temperaturas se suman las extorsiones de grupos criminales que controlan determinadas zonas de playa.
El endurecimiento de los controles también está modificando las rutas migratorias, obligando a recorrer mayores distancias por mar y aumentando la exposición a accidentes. Además, las redes de tráfico de personas aprovechan las dificultades para cruzar la frontera y exigen importantes cantidades de dinero, incluso sin garantizar la llegada a territorio estadounidense.
Los peligros de estas travesías quedaron reflejados el pasado 16 de octubre, cuando una embarcación naufragó frente a Baja California. La Guardia Costera estadounidense localizó a 16 personas y suspendió la búsqueda de otras 11 desaparecidas, aunque no confirmó que el barco estuviera relacionado con el tráfico de migrantes.