Desde el euro digital a las iniciativas privadas de interoperabilidad, la carrera por una mayor soberanía financiera avanza. El verdadero reto sigue siendo asegurar autonomía en los pagos dentro y fuera de las fronteras.
Europa gasta cada año miles de millones de euros en pagos con tarjeta, casi todos fuera de sistemas europeos. La mayor parte de las compras con tarjeta se canaliza a través de Visa o Mastercard, dos empresas estadounidenses que dominan los pagos a escala mundial.
Durante muchos años, este fue el precio a pagar por la eficiencia que ofrecían los gigantes estadounidenses a la hora de usar una tarjeta para pagar un servicio o un producto. Los líderes de la Unión Europea ven ahora esta dependencia como un riesgo que Europa ya no puede ignorar ante la posibilidad de que esta infraestructura se utilice como arma geopolítica.
Este es uno de los argumentos que esgrime el Banco Central Europeo (BCE) para intentar lograr la aprobación del euro digital en el Parlamento Europeo. La institución que preside Christine Lagarde advierte de que la dependencia de sistemas de pago extranjeros deja a Europa expuesta a presiones políticas o a rupturas súbitas.
No es solo la seguridad militar de los europeos lo que Donald Trump puede sumir en el caos con un chasquido de dedos. ¿Qué ocurriría si, de repente, el presidente de Estados Unidos desconectara toda la infraestructura que permite a los europeos pagar sus compras cotidianas?
Las perturbaciones podrían ser innumerables y de gran alcance. En Rusia, donde las empresas dependen de Visa y Mastercard para el 60% de los pagos, las sanciones de Estados Unidos que obligaron a las compañías a suspender sus servicios dejaron al ciudadano de a pie sin acceso a fondos e incapaz de comprar bienes.
Costes y datos, en el centro del debate
Según datos del Banco Central Europeo (BCE), los gigantes estadounidenses de los pagos Visa y Mastercard representan el 61% de los pagos con tarjeta en la zona del euro y prácticamente todas las transacciones transfronterizas con tarjeta.
Esto significa que cada vez que usamos la tarjeta o el teléfono móvil para hacer un pago, esa información sale de la Unión Europea y se almacena en un tercer país, como Estados Unidos, y puede utilizarse para construir perfiles de consumidores.
Otro argumento tiene que ver con los costes de las operaciones. Los comerciantes señalan que las comisiones de las redes de tarjetas han aumentado de forma acusada en los últimos años. Las comisiones se fijan según condiciones comerciales definidas fuera de la UE. Por esa razón, los pagos directos entre cuentas bancarias pueden reforzar la competencia y ayudar a empresas y consumidores a ahorrar.
La reducción de la dependencia de infraestructuras estadounidenses encaja con el objetivo de la Comisión Europea de Ursula von der Leyen, que sigue los informes de Mario Draghi y Enrico Letta, sobre la necesidad de que Europa gane competitividad frente a empresas de mayor tamaño y escala procedentes de países como Estados Unidos o China.
Mario Draghi, antiguo presidente del Banco Central Europeo, advirtió de que la interdependencia global ha pasado de ser un mecanismo de contención mutua a una herramienta de influencia y control, a medida que la integración profunda crea dependencias estratégicas que potencias no alineadas pueden utilizar como arma.
Las advertencias no proceden solo de Europa y cada vez hay mayor percepción de que, en el actual contexto de fragmentación geopolítica, los pagos se han convertido en una cuestión de soberanía. El primer ministro de Canadá, Mark Carney, hizo eco de estas mismas preocupaciones a comienzos de este año en el Foro Económico Mundial de Davos, en un discurso que dio la vuelta al mundo por su lucidez.
"Las grandes potencias han empezado a utilizar la integración económica como arma, los aranceles como ventaja, la infraestructura financiera como coerción y las cadenas de suministro como vulnerabilidades que se pueden explotar. No se puede vivir en la mentira del beneficio mutuo a través de la integración cuando la integración se convierte en la fuente de su subordinación", subrayó el dirigente canadiense.
El euro digital como respuesta europea
En este lado del Atlántico, el euro digital, llamado a servir de base para una infraestructura de pagos electrónicos a escala de la Unión Europea, se ve como la forma de poner en práctica la autonomía estratégica de Europa.
"Todas estas posibles tensiones geopolíticas y la transformación en armas de todos los instrumentos existentes están elevando claramente el nivel de riesgo. Eso refuerza la necesidad de un sistema de pagos europeo que responda a todas las necesidades y que se construya sobre tecnología e infraestructura europeas, es decir, un sistema que esté totalmente bajo nuestro control", declaró en enero Piero Cipollone, miembro del comité ejecutivo del Banco Central Europeo, al diario _'_El País'.
La fase final de las negociaciones entre el Parlamento Europeo y los gobiernos de los Estados miembros sobre el funcionamiento del euro digital está ahora en marcha. El euro digital será una forma electrónica de dinero emitida y garantizada por el BCE y está concebido para complementar el efectivo y los servicios bancarios existentes, no para sustituirlos.
El sistema permitirá pagos en línea y fuera de línea y será el BCE quien proporcione la infraestructura básica, mientras que los bancos comerciales y los proveedores de servicios de pago ofrecerán servicios en euros digitales a los clientes. Se espera que los comercios paguen comisiones inferiores a las que soportan actualmente en las operaciones con tarjeta.
Las negociaciones más intensas deberían celebrarse en otoño y la aprobación definitiva está prevista para finales de año. El euro digital debería estar disponible para pagos en el comercio minorista a partir de 2029, tras un programa piloto que debería arrancar en 2027 y que contará con 36 proveedores de servicios de pago para ayudar a poner a prueba la futura moneda.
Portugal es uno de los países con más entidades implicadas en la prueba. Los dos principales bancos nacionales, Caixa Geral de Depósitos (CGD) y Banco Comercial Português (BCP), han sido seleccionados para participar en la iniciativa que pondrá a prueba la implantación del euro digital, junto con Unicre, empresa de pagos propiedad de la banca privada nacional.
En julio, Lagarde explicó a 'Euronews' que el proyecto pretende reforzar tanto la soberanía económica de Europa como modernizar los pagos, y recalcó la continua dependencia del bloque de redes de pago en manos de entidades extranjeras. "Dependemos predominantemente de redes estadounidenses, pero también, en ocasiones, chinas, para procesar pagos. Necesitamos una solución europea, porque queremos ser soberanos en casa", afirmó Lagarde.
La carrera global por sistemas propios de pago
Mientras la solución pública europea no llega, el sector privado ha avanzado con vistas a crear una red conjunta que garantice la interoperabilidad entre las distintas soluciones de pago. La European Payments Alliance (EuroPA) y la European Payments Initiative (EPI) han firmado un protocolo para interconectar sus sistemas de pagos instantáneos y crear una plataforma con potencial para llegar a 380 millones de usuarios en 15 países europeos.
EuroPA integra las soluciones de pago portuguesa MB WAY, la española y andorrana Bizum, la italiana Bancomat, la nórdica Vipps MobilePay (Noruega, Dinamarca, Finlandia y Suecia), Blik (Polonia) e IRIS (Grecia). EPI, a través de la marca Wero, agrupa los pagos de países como Alemania, Bélgica, Francia, Países Bajos y Luxemburgo.
El objetivo es permitir en el futuro pagos transfronterizos sin cambiar de aplicación. Un usuario francés de Wero, por ejemplo, podría enviar dinero a un contacto español de Bizum como se tratara de una transacción doméstica.
Fuera del área del euro, en Reino Unido hay un proyecto que empieza a dar sus primeros pasos. El pasado mes de junio, la UK Payments Initiative, una nueva empresa creada con el apoyo de los principales bancos británicos, inició su actividad con el objetivo de socavar el dominio de las redes de tarjetas estadounidenses en los pagos.
Respaldado por algunos de los mayores prestamistas del país, incluidos Barclays, NatWest, Lloyds y HSBC, el esquema de pagos regulado por la Autoridad de Conducta Financiera (FCA, por sus siglas en inglés) se ha lanzado para acelerar la adopción de pagos cuenta a cuenta que eluden los sistemas de tarjeta.
Cerca del 95% de las transacciones con tarjeta en el Reino Unido se realizan a través de sistemas de pago propiedad de Mastercard y Visa, según un informe de 2025 del regulador de sistemas de pago británico. Ese dominio se ha vuelto mucho más relevante a medida que el uso de efectivo sigue disminuyendo en todo el país.
Esta realidad es aún más visible en Brasil, donde el medio de pago más habitual es PIX, un sistema digital rápido y gratuito que empezó como una herramienta para transferencias instantáneas de dinero y se ha convertido en uno de los métodos de pago más utilizados por los brasileños.
En pocos años, PIX pasó a liderar las transacciones en el país, y ya representa el 54% de todas las operaciones realizadas, según el Banco Central de Brasil, y ahora también se ha situado en el centro de una disputa comercial entre Brasil y Estados Unidos.
A pocos meses de las elecciones presidenciales brasileñas, el sistema de pagos creado por el Banco Central de Brasil se ha convertido en uno de los puntos de fricción entre el Gobierno del presidente Lula da Silva y la administración de Donald Trump. Washington acusa a Brasil de favorecer un sistema estatal de pagos y de competencia desleal frente a las empresas estadounidenses que operan en el sector, en especial las compañías de tarjetas de crédito.
Las críticas de Estados Unidos a PIX tocaron un punto sensible en Brasil y se percibieron como un ataque a su soberanía, hasta el punto de que el presidente colombiano Gustavo Petro salió en defensa de PIX. El dirigente del país sudamericano expresó su apoyo al sistema brasileño de pagos instantáneos y sugirió adoptar el modelo en su propio país.
Colombia, de hecho, tiene su propio caso de éxito, Bre-B. El sistema colombiano de pagos instantáneos cerró sus primeros seis meses de operación con 34,6 millones de clientes y 638,6 millones de transacciones procesadas, lo que muestra la creciente relevancia del sistema en los pagos diarios de los colombianos.
¿Por qué el roaming es la vía más pragmática?
A medida que se crean y consolidan más sistemas, surge la necesidad de interconectarlos. La PagBrasil, una fintech brasileña especializada en soluciones para pagos electrónicos transfronterizos, trabaja en un sistema para que los consumidores paguen en el exterior en tiempo real utilizando sus aplicaciones bancarias o sus monederos digitales como si estuvieran en su país.
Bautizada como RoamingPay, la solución admite pagos mediante código QR a través de los sistemas locales de pago y está disponible por ahora en Brasil, Argentina y Paraguay. El consejero delegado y cofundador de PagBrasil, Alex Hoffmann, cree que el futuro pasa por permitir que todos los sistemas de pagos electrónicos se comuniquen entre sí, lo que facilitaría la reducción de costes tanto para consumidores como para comerciantes.
A la manera de un modelo de roaming, como ya ocurre en las telecomunicaciones, los consumidores mantienen a su proveedor nacional, pero utilizan servicios en el extranjero gracias a marcos técnicos y jurídicos compartidos.
"La reducción de aranceles negociada en acuerdos comerciales, como los de la UE con Mercosur e India, solo genera un impacto económico real si empresas y consumidores pueden liquidar pagos transfronterizos de forma flexible. Sin una infraestructura interoperable, existe el riesgo de que los beneficios arancelarios se topen con una tasa invisible en el momento del pago", defiende el responsable de la empresa brasileña ante 'Euronews'.
La solución de PagBrasil podría integrar a diez países de aquí a finales de este año y la empresa tiene en el punto de mira su expansión a Europa, sobre todo por el interés europeo en contar con un sistema propio de pagos y transferencias en tiempo real como forma de protección y de soberanía en un mundo cada vez más hostil.
"En el actual contexto de tensiones geopolíticas, la integración global ha pasado a ser instrumentalizada por las potencias mundiales a través de la infraestructura financiera", señala Alex Hoffmann, subrayando que "depender en exceso de infraestructuras externas ha dejado de ser una elección de eficiencia para convertirse en un riesgo estratégico".
Según el consejero delegado de PagBrasil, la oportunidad real para el euro reside en crear una infraestructura interoperable de pagos regionales y en la conexión de esa infraestructura con otras redes interoperables en distintos continentes, lo que reduciría la vulnerabilidad estructural en el comercio bilateral. "La falta de interoperabilidad funciona como un impuesto oculto, derivado de la ineficiencia de tener que adaptarse a métodos de pago no locales en las transacciones internacionales", insiste.
En este sentido, explica, la interoperabilidad se perfila como la respuesta más pragmática. "En lugar de imponer un sistema único, se crea una base que conecta infraestructuras nacionales, preserva la soberanía y hace posibles flujos más eficientes. Sin ello, las transacciones internacionales dejan de ser una extensión natural de la economía y pasan a ser un punto de fricción que limita el crecimiento de las cadenas de producción".
La empresa brasileña busca en estos momentos un acuerdo que permita la integración con MB WAY, controlado por la portuguesa SIBS. El objetivo es que los portugueses puedan utilizar en Brasil la aplicación móvil de pagos número uno en Portugal para realizar pagos.
Este puede ser el primer paso para integrar la plataforma ya existente en Europa**,** que conecta, entre otros, los medios de pago de Wero, Bizum o Bancomat con la red de pagos creada por PagBrasil. Y es que, en opinión de Hoffmann, no tiene mucho sentido que Europa desarrolle un sistema propio de pagos electrónicos si, cuando sus ciudadanos viajan fuera del continente, siguen dependiendo de tarjetas de crédito de empresas de Estados Unidos, como Visa y Mastercard.
"Los gobiernos y el sector privado deben dar prioridad a la conexión entre infraestructuras regionales ya existentes, en lugar de tratar de imponer sistemas centralizados", concluye.