En su primer álbum en solitario en seis años, Paul McCartney vuelve la vista al pasado. ¿Consigue esquivar las trampas de la nostalgia?
"Vuelve... Vuelve... Vuelve al lugar al que una vez perteneciste."
La nostalgia es una emoción embriagadora y añorar el pasado puede parecer a menudo como recordar un lugar y un tiempo en los que todo parecía más sencillo, mejor, más bello.
Esta forma de sentimentalismo está en el centro del vigésimo álbum en solitario de Paul McCartney, 'The Boys Of Dungeon Lane', una referencia a la ruta de Liverpool a la costa de Speke, la zona donde McCartney pasó su infancia.
Llega en un año en el que ya hemos tenido el último álbum en solitario de Ringo Starr, 'Long Long Road', y en el que los fans esperan un nuevo álbum de los Rolling Stones para este verano. La nostalgia cala hondo en 2026, por lo que parece. Pero conviene advertir que mirar atrás y romantizar épocas pasadas puede ser peligroso, algo que ya sugieren los orígenes griegos de la palabra, nóstos (regreso a casa) y álgos (dolor).
Entonces, ¿'The Boys Of Dungeon Lane' es para la leyenda musical de 83 años un regreso agradable a aquellos tiempos o más bien un regreso a casa cargado de dolor?
Por suerte, es lo primero, al menos en buena medida.
La actitud reflexiva que está en el corazón del nuevo álbum de McCartney ya se aprecia en los títulos de las canciones: 'Lost Horizon', 'Ripples In A Pond', 'Home To Us', 'Life Can Be Hard' y el sencillo de presentación 'Days We Left Behind'. Este último es uno de los grandes momentos del disco, una oda delicada y bellamente escrita a los días anteriores a los Fab Four. En lugar de intentar sonar contemporáneo, el compositor encuentra fuerza sencillamente en mantenerse fiel a sus raíces. La canción incluye letras introspectivas como "Mirando atrás en blanco y negro / Recuerdos de mi pasado / Bares llenos de humo y guitarras baratas / Pero nada hecho para durar" y "Nada permanece igual / Nadie tiene por qué llorar / Nada puede recuperar / Los días que dejamos atrás".
Entre otros momentos nostálgicos destacan la excelente canción de apertura, 'As You Lie There', en la que McCartney recuerda un amor de colegio e incluye giros vocales de la época de Wings; la pegadiza y abiertamente romántica 'We Two'; y los sobresalientes cierres de álbum 'Salesman Saint' y 'Momma Gets By'. Ambos temas rinden homenaje a sus padres, el primero como un saludo a la resistencia durante la Segunda Guerra Mundial guiado por guitarras y metales, y el segundo como una balada dedicada a su madre, con cuerdas en crescendo y un estribillo precioso: "Ella le quiere / Le quiere con todo su corazón y su alma".
Lo sorprendente es que aquí el recuerdo no siempre va de la mano de suaves acústicos, hay momentos claramente más rockeros que contrastan con las baladas. La psicodélica 'Mountain Top', aparentemente sobre colocarse con setas alucinógenas en Glastonbury, es una delicia, mientras que la enérgica 'Come Inside' demuestra que Macca aún conserva algo de ese desparpajo capaz de levantar estadios.
El único tropiezo es que, a medida que avanza el álbum, varios temas quedan en la categoría de lo poco memorable. Siguen siendo encantadores, pero canciones como 'Down South', un relato sobre un viaje por carretera de Paul y George Harrison, o 'First Star of the Night', necesitarían melodías más recordables para estar a la altura de las emociones. En cuanto al dúo entre Paul y Ringo en 'Home To Us', algo excesivamente empalagoso, es una pena que su reencuentro suene tan familiar.
Dicho esto, quizá precisamente esa familiaridad sea la clave. 'The Boys Of Dungeon Lane' es un disco profundamente reconfortante. Que esto se deba a que, de forma consciente o inconsciente, anhelamos consuelo en tiempos difíciles puede ser una explicación, pero es innegable que el octogenario no ha perdido el talento para dar con ganchos pop brillantes y que su vulnerabilidad en tonos sepia resulta conmovedora. Muchas canciones suenan a confesiones suaves que ofrecen una cierta sabiduría que no debería descartarse solo porque pueda parecer tópica en un primer momento. Como canta Macca en la blusera 'Lost Horizon', "Tienes que vivir el presente / Haz que cada momento cuente".
'The Boys Of Dungeon Lane' quizá no sea una obra maestra tardía, pero McCartney consigue lo que se propone, abrazar sin complejos el pasado, recorrer de nuevo su largo y sinuoso camino y disfrutar del recuerdo, todo sin caer en la sensiblería.
Con todo, varias melodías no siempre están a la altura, pero el álbum es, con comodidad, su mejor trabajo en solitario desde 'Chaos And Creation In The Backyard', de 2005. Y dado que recrearse en el pasado es algo que hacemos en el presente, 'The Boys Of Dungeon Lane' nos recuerda que seguimos teniendo mucha suerte de contar con él. Al fin y al cabo, un viaje por el camino de la memoria no conduce necesariamente al sufrimiento, puede recordarte dónde has estado y qué te ha llevado hasta el momento presente. Solo queda la necesidad de vivir el presente.
'The Boys Of Dungeon Lane', de Paul McCartney, ya está disponible.