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Vivir con solo 4 horas de agua al día: "Lo que estamos pasando es terrible"

Imagen de archivo. Un hombre camina a través de un embalse seco y agrietado en el este de España
Imagen de archivo. Un hombre camina a través de un embalse seco y agrietado en el este de España   -   Derechos de autor  Fernando Bustamante/AP
Por Laura Llach

Cuando Mario Ferrario se levanta para llevar a sus hijas a la escuela de verano, sobre las seis de la mañana, todavía no hay agua en Bonastre, un municipio de cerca de 800 habitantes en la región de Cataluña. Abre el grifo y no sale ni una gota.

Si tiene suerte, y puede escaparse del trabajo, vuelve a casa a las diez de la mañana para darse una ducha rápida antes de que vuelvan a cortar el agua. Después de ese pequeño respiro de 7 a 10 de la mañana, el flujo permanece cortado hasta las 8 de la tarde, cuando se vuelve a abrir durante dos horas más.

“Y eso si es que vuelve a haber agua, porque muchas veces los horarios no se cumplen. Establecen unas franjas que luego cambian sin avisar”, asegura Ferrario.

Ducharse, lavar la ropa e incluso fregar los platos se ha convertido en un lujo en Bonastre. La situación en esta localidad española es tan extrema que el Ayuntamiento ha decidido aplicar restricciones debido a la sequía.

Fue hace un par de semanas cuando la Agència Catalana de l’Aigua declaró la zona de sequía, aunque en la práctica no ha cambiado nada, ya que las autoridades locales siguen manteniendo las mismas restricciones.

Actualmente hay 150 municipios en la región de Cataluña en los que ha sido necesario aplicar limitaciones de agua. Los embalses se vacían y también los pozos de donde se abastecen muchos pueblos pequeños. De hecho, según cifras del Ministerio de Transición Ecológica, este ha sido el agosto con menos agua en embalses durante el último milenio.

En el caso de Bonastre la situación es “extrema”, según ha declarado Esther Bartra, su alcaldesa, a medios locales. El único pozo con el que cuenta el municipio no tiene reservas y se abastece del acuífero del Gaià, que ya nota los efectos provocados por la sequía.

A modo de parche, el Ayuntamiento está intentando hacer una desviación de agua de un pozo en construcción con la esperanza de que esto alivie un poco la situación que se vive en el pueblo.

Sequía, falta de lluvia y mala previsión

Ferrario tiene dos hijas pequeñas de cinco y once años. “A esta edad los niños se ensucian todo el rato y ahora no podemos lavarles la ropa”, cuenta a Euronews. A esto se le suma la ola de calor, “con el calor que hace mis hijas no lo están pasando bien, hay momentos en los que necesitan una ducha para refrescarse”, añade.

En el centro de Bonastre, Xavi Llarch intenta hacer acopio de agua cada vez que vuelve a abrirse el flujo para poder dar servicio a los clientes en su bar. “Para nosotros es una incomodidad, estamos perdiendo clientes constantemente”, cuenta.

“En todo el día no podemos lavar los platos que utiliza la clientela, no se puede usar el lavabo, ni siquiera podemos utilizar la cafetera para preparar un café”, sostiene.

Es el cuarto verano en el que el pueblo tiene que aplicar restricciones debido a la sequía aunque, según describen sus vecinos, las consecuencias nunca habían sido tan graves como las que están viviendo ahora.

“Hemos estado algún verano más con cortes de agua, pero duraban solo un par de días. Lo que estamos viviendo este año es terrible, nunca ha sido tan grave. Esta situación era una muerte anunciada”, comenta Núria Pons, una de las vecinas de Bonastre.

“Es verdad que hay una sequía generalizada, pero también ha habido muy mala previsión por parte de las autoridades locales. Hace meses que sabíamos que iba a ocurrir esto. No es culpa completamente del Ayuntamiento, pero durante las épocas de lluvia se tendría que haber aprovechado para llenar el depósito y hacer previsión”, asegura Pons.

Las autoridades locales ya prohibieron llenar piscinas, regar huertos y jardines con agua potable y pidieron a los vecinos que redujesen e hiciesen un consumo responsable, pero esto no ha evitado que se tengan que aplicar restricciones más severas.

“La gente está ya cansada y bastante enfadada con la situación. Los políticos ponen como excusa que no consiguen hacer un nuevo pozo, que hay sequía, que no llueve… Pero no ha habido previsión por su parte”, señala Ferrario.

“Llevo cuatro años viviendo en el pueblo y esto lleva pasando ya un tiempo, pero este año ha sido catastrófico. Las restricciones son mucho más severas”, añade.

Mientras los depósitos no paran de bajar, hay quienes piden que se haga una reflexión sobre cómo se ha llegado hasta esta situación.

Antonella Gerosa, gerente de una bodega de vino en la zona, apunta a que el agua se ha utilizado de manera poco respetuosa. “Aunque el pueblo sea pequeño hemos llegado a este escenario. Sabíamos que los acuíferos estaban bajos, es algo que se podía observar, pero la gente no ha tenido sentido de la responsabilidad medio ambiental”.

Hasta que termine la construcción del segundo pozo, previsto para finales de año, el Ayuntamiento ha buscado otra solución. Todos los días un camión cisterna llega al municipio para repartir agua entre los vecinos.

“El problema de esto es que la gente mayor no puede cargar con las garrafas desde donde aparca el camión hasta su casa”, asegura Pons, que mira hacia el cielo con pocas esperanzas. “Hasta que no llueva a mares seguiremos viviendo con restricciones”.