Esta semana, las Fuerzas Armadas de Ucrania atacaron la planta de microelectrónica Silicon El, en Briansk, donde se producen semiconductores y microchips utilizados en drones y sistemas de misiles rusos. ¿Cómo puede afectar este golpe a la capacidad de Rusia para fabricar misiles y drones?
La noche del martes 10 de marzo, el Ejército ucraniano atacó la planta Silicon El, en Briansk, una de las mayores empresas rusas de microelectrónica. En esta fábrica se producen semiconductores y microchips utilizados en drones y sistemas de misiles, incluidos los complejos Pantsir e Iskander.
Se trata de un eslabón crítico en la cadena de producción de armamento ruso de "alta precisión". La planta está especializada en dispositivos semiconductores discretos y circuitos integrados que funcionan como el "cerebro" y el "sistema nervioso" de las armas modernas, incluidos los misiles Iskander, señaló el Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Ucrania al comentar el ataque.
El miércoles 11 de marzo, el proyecto ucraniano de análisis OSINT CyberBoroshno publicó imágenes satelitales de la planta dañada. Tras compararlas con fotografías tomadas antes del ataque, los analistas concluyeron que cinco misiles Storm Shadow impactaron contra el edificio número 4 y provocaron daños significativos. Otros dos misiles alcanzaron distintos edificios de producción.
Los expertos consideran que, para restablecer el funcionamiento de la planta, Rusia tendría que llevar a cabo una reconstrucción completa del taller afectado, lo que dejaría la instalación fuera de servicio durante un largo periodo.
La publicación ucraniana 'Defence Express' también sostiene que Silicon El se encuentra prácticamente paralizada: los misiles que impactaron en la estructura del edificio habrían hecho imposible continuar allí cualquier producción de alta tecnología.
A la complejidad de la situación se suma el hecho, señalan los analistas ucranianos, de que los semiconductores y microchips deben fabricarse bajo condiciones extremadamente estrictas, incluso en lo relativo a la pureza del aire y al nivel de partículas de polvo. Estos procesos requieren salas especiales con microclima controlado, que ahora deberán reconstruirse prácticamente desde cero.
Además, reparar el propio equipamiento tampoco será sencillo: algunas máquinas son extremadamente caras y difíciles de reemplazar, mientras que otras datan aún de la época soviética y ya no existen piezas de repuesto para ellas.
El director del Centro Ucraniano de Seguridad y Cooperación, Serhiy Kuzan, declaró al canal 'Kyiv24' que, como consecuencia del ataque, el Ejército ruso podría disponer de menos misiles en el futuro próximo.
¿Qué se producía exactamente en la fábrica?
Según la propia empresa, Silicon El es el segundo mayor productor de microchips para el Ministerio de Defensa ruso. La planta fabrica entre 1.000 y 1.500 tipos distintos de componentes microelectrónicos, según la publicación ucraniana especializada en defensa 'Militarnyi'.
'Militarnyi' también señala que Silicon El suministra componentes al consorcio estatal de defensa Almaz-Antey, fabricante de sistemas de defensa aérea, así como a la Corporación de Misiles Tácticos, empresa estatal rusa que produce misiles de crucero como los Kh-59, Kh-69, Kh-101 y Kh-555, utilizados por Rusia en ataques contra Ucrania.
La reacción de Moscú
Al comentar el ataque, Moscú intentó restarle importancia.
El miércoles 11 de marzo, el Ministerio de Asuntos Exteriores ruso afirmó que el ataque estaba dirigido contra civiles y sostuvo que Ucrania no podría llevar a cabo este tipo de operaciones sin compartir información de inteligencia con el Reino Unido, país que, junto con Francia, desarrolló los misiles Storm Shadow utilizados en el ataque, y otros Estados miembros de la OTAN.
El Ministerio presentó el ataque como un intento de Londres y sus aliados europeos de sabotear las conversaciones trilaterales entre Estados Unidos, Ucrania y Rusia. Las declaraciones del Ministerio de Exteriores fueron respaldadas por el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov.
Sin embargo, varios Z-bloggers rusos criticaron la reacción de las autoridades. En canales pro-Kremlin de Telegram, muchos se preguntaban cómo el mismo ataque podía haber estado dirigido simultáneamente contra civiles y contra una fábrica de microelectrónica. Otros cuestionaban por qué una instalación militar no estaba protegida por la defensa antiaérea y pudo ser filmada desde el aire por un dron ucraniano.
Los Z-bloggers también confirmaron que Silicon El era un importante productor de transistores de alta frecuencia utilizados en las comunicaciones militares rusas y en sistemas de guerra electrónica (REB), así como de componentes para los misiles balísticos intercontinentales Yars, Bulava y Topol-M. Además, señalaron que sería difícil reemplazar a los especialistas fallecidos en el ataque.
Muchos de ellos también se quejaron de la escasez de misiles rusos, de la limitada capacidad de guerra electrónica, de la incapacidad para inutilizar los aeródromos ucranianos desde los que se llevó a cabo el ataque y de las dificultades para reparar sistemas de defensa antiaérea dañados debido a las sanciones.