El presidente de Estados Unidos puede impulsar al jefe de la FIFA para dirigir la ONU, pero no imponerlo, y los demás miembros permanentes del Consejo de Seguridad tendrían que respaldarlo.
Gianni Infantino no tendría el camino despejado para convertirse en el próximo secretario general de las Naciones Unidas, ni siquiera con el respaldo de Donald Trump.
Según un reportaje de 'The New York Post', el presidente de EE.UU. considera al presidente de la FIFA un candidato potencial "respetado", con una "capacidad especial para unir a la gente", demostrada por el éxito del Mundial de 2026.
Pero, en cualquier caso, su respaldo por sí solo no bastaría para aupar al cargo diplomático más poderoso del mundo a una persona que ni siquiera es diplomático de carrera.
Ni Trump ni Infantino han confirmado una candidatura, que, de presentarse, le sumiría en un proceso de selección complicado y políticamente delicado.
Infantino necesitaría el apoyo de muchos países para conseguir el puesto, y no podría permitirse el lujo de enemistarse con Rusia, China, Francia y el Reino Unido, ya que cada uno de ellos podría bloquear su candidatura gracias a sus puestos permanentes en el Consejo de Seguridad.
Cómo elige la ONU a su secretario general
El secretario general de la ONU es nombrado por la Asamblea General, integrada por 193 miembros, tras una recomendación del Consejo de Seguridad.
Esto significa que, en realidad, el candidato es seleccionado por un grupo restringido de 15 países ,entre los que se incluyen diez miembros rotatorios y cinco permanentes, en una negociación a puerta cerrada.
Todos los candidatos deben ser propuestos por uno o más Estados miembros de la ONU y presentar su visión en audiencias públicas, respondiendo a las preguntas de los embajadores y de la sociedad civil.
A continuación, el Consejo lleva a cabo una serie de sondeos confidenciales antes de ponerse de acuerdo sobre un único candidato al que recomendar. Cualquiera de los cinco miembros permanentes ,Estados Unidos, China, Rusia, Francia o el Reino Unido, puede vetar una candidatura, lo que hace que la aceptabilidad geopolítica sea tan importante ,o incluso más, que las credenciales diplomáticas.
La posterior aprobación de la Asamblea General se considera un trámite en gran medida de carácter procedimental. La Asamblea podría, en teoría, votar en contra del candidato recomendado, pero esto nunca ha ocurrido hasta ahora en la historia de la ONU.
Dado que António Guterres dejará el cargo a finales de este año tras dos mandatos, la carrera está en pleno apogeo y se espera que el Consejo comience a examinar a los candidatos a finales de julio. El jueves por la tarde tendrá lugar en Nueva York un debate titulado "Foro abierto de la ONU: El próximo secretario general", en el que participarán todos los candidatos actuales.
Sin embargo, no existe un plazo vinculante para presentar candidatos, por lo que Estados Unidos o cualquier otro país podría presentar la candidatura de Infantino mientras el proceso siga en curso.
Seis candidatos al puesto más alto hasta el momento
Hasta ahora se han presentado siete nombres para ocupar el cargo de próximo secretario general de la ONU, y uno de ellos ya se ha retirado: Virginia Gamba, antigua representante especial de la ONU para la protección de los niños en conflictos armados, fue propuesta inicialmente por las Maldivas, pero su candidatura fue retirada posteriormente.
Una de las candidatas más conocidas es Michelle Bachelet, la expresidenta chilena de izquierdas y exalta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Se trata de una política distinguida con décadas de experiencia diplomática, pero que, no obstante, podría resultar controvertida debido a sus críticas abiertas a los Gobiernos autoritarios.
El nuevo Gobierno conservador de Chile, liderado por José Antonio Kast, le retiró su apoyo, pero Bachelet sigue en la carrera, ya que su candidatura sigue contando con el respaldo de los líderes de México y Brasil, que comparten su línea política.
Entre los candidatos más famosos también se encuentra el actual director general del Organismo Internacional de Energía Atómica, Mariano Grossi, designado por su país natal, Argentina, principalmente gracias a su papel diplomático en las negociaciones para garantizar la seguridad de la central nuclear de Zaporiyia en medio de la guerra en Ucrania.
Otros candidatos son el expresidente senegalés Macky Sall, propuesto por Burundi; Rebeca Grynspan Mayufis, directora del Departamento de Comercio y Desarrollo de la ONU, propuesta por su país natal, Costa Rica; y las exministras de Asuntos Exteriores de Ecuador (María Fernanda Espinosa Garcés) y Guyana (Carolyn Rodrigues Birkett), ambas propuestas por sus respectivos Gobiernos.
Una carrera difícil para Infantino
Según una tradición informal de rotación geográfica, el cargo de secretario general de la ONU se asigna a representantes de diferentes continentes, lo que significa que, como europeo, el suizo-italiano Infantino tendría pocas posibilidades de suceder al portugués Guterres.
Muchos Gobiernos también defienden que, por primera vez, debería ocupar el cargo una mujer, ya que los diez secretarios generales de la ONU hasta la fecha han sido todos hombres.
A pesar de que la Carta de las Naciones Unidas no exige que el líder de la organización tenga experiencia diplomática, Infantino también podría enfrentarse a acusaciones de no ser apto para el cargo, ya que su historial de polémicas de gestión en la FIFA y su estrecha relación con Trump constituyen dos importantes puntos en su contra.
Sus detractores le han acusado en repetidas ocasiones de centralizar el poder en la federación de fútbol y de pasar por alto las preocupaciones en materia de derechos humanos relacionadas con los Mundiales de Rusia y Qatar.
Sus partidarios podrían argumentar que ha ampliado el alcance global del fútbol y ha dirigido una de las organizaciones internacionales más grandes del mundo, con incluso más miembros que la ONU.
Una candidatura oficial por parte de EE.UU. marcaría para él el inicio de una contienda difícil, pero aún abierta.
Las Naciones Unidas, la FIFA y la Comisión Europea se han negado a hacer comentarios sobre el tema.