El cambio climático y la contaminación del aire podrían estar relacionados con un mayor riesgo de ictus, según la Organización Mundial del Ictus.
Los cambios ambientales agravados por el cambio climático, entre ellos temperaturas extremas, cambios bruscos de temperatura, humedad, presión atmosférica, incendios forestales, tormentas de polvo y de arena, podrían estar relacionados con un mayor riesgo de ictus, según una nueva investigación.
Un equipo de investigadores que colabora con la Organización Mundial del Ictus (World Stroke Organization) examinó estudios publicados que analizaban la relación entre el ictus y los cambios medioambientales. Concluyeron que un clima cada vez más inestable puede aumentar el riesgo tanto de sufrir un ictus como de fallecer a causa de él.
Los investigadores advirtieron de que la mayor parte de las pruebas apuntan a asociaciones y no demuestran que los fenómenos meteorológicos relacionados con el clima causen directamente ictus, aunque señalaron que el patrón global de resultados es coherente y biológicamente verosímil.
"Las altas temperaturas pueden provocar deshidratación, 'espesar' la sangre y aumentar el riesgo de obstrucción de los vasos sanguíneos, mientras que los cambios en la humedad y la presión atmosférica pueden elevar la tensión arterial, una causa importante de ictus", explicó Anna Ranta, autora principal del estudio y investigadora del departamento de Medicina de la Universidad de Otago, en Wellington, Nueva Zelanda.
Ranta señaló que los extremos meteorológicos que se producen de forma simultánea, como el calor extremo y la sequía, o el frío, la humedad y el viento, pueden tener un efecto acumulativo y aumentar todavía más el riesgo de ictus y de muerte.
La investigación detectó que algunos grupos parecen correr más riesgo, entre ellos las personas mayores, quienes padecen trastornos metabólicos y quienes viven en zonas más frías o con menores ingresos, donde tanto el frío como el calor extremos pueden contribuir de manera más acusada a la carga de ictus.
La Organización Mundial del Ictus también ha señalado la contaminación atmosférica como un factor clave de riesgo de ictus. En su hoja informativa global más reciente sobre el ictus, la organización concluye que los factores de riesgo ambientales, principalmente la contaminación del aire y la exposición al plomo, representan aproximadamente el 37% de la carga mundial de ictus.
"Las partículas de los 'contaminantes atmosféricos' entran en el torrente sanguíneo a través de los pulmones y dañan las paredes de los vasos sanguíneos. Esto puede provocar la obstrucción y la rotura de las arterias cerebrales y causar un ictus".
Como el cambio climático y la contaminación del aire comparten una misma fuente, la quema de combustibles fósiles, la Organización Mundial del Ictus sostiene que reducir las emisiones de gases de efecto invernadero podría ayudar a disminuir los riesgos de ictus relacionados con el clima y proteger la salud cerebral.
El ictus es la tercera causa de muerte y discapacidad en el mundo, con 11,9 millones de nuevos casos en 2021 y uno de cada cuatro adultos en riesgo a lo largo de su vida, según la Organización Mundial de la Salud.