La ciencia demuestra que el estrés emocional de los partidos más intensos puede aumentar el riesgo de eventos cardiovasculares en personas vulnerables.
El muy esperado duelo entre España y Bélgica promete emociones fuertes este viernes, pero también vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que la ciencia lleva años investigando: ¿Puede un partido de fútbol desencadenar un infarto?
Los estudios apuntan a que el estrés emocional de los encuentros más intensos puede aumentar el riesgo de eventos cardiovasculares en personas vulnerables, aunque los expertos insisten en que el fútbol no es la causa, sino un posible desencadenante.
La pasión por el fútbol no solo acelera el pulso. Durante los partidos decisivos, la frecuencia cardiaca, la presión arterial y los niveles de hormonas del estrés, como la adrenalina y el cortisol, aumentan de forma significativa.
En la mayoría de los aficionados sanos, estos cambios son transitorios y no tienen consecuencias. Sin embargo, en personas con enfermedad cardiovascular previa o varios factores de riesgo, ese pico de estrés puede ser suficiente para precipitar un problema cardiaco.
Uno de los estudios más conocidos se publicó tras el Mundial de Alemania de 2006 en el 'New England Journal of Medicine'. Los investigadores observaron que los días en los que jugaba la selección alemana el número de urgencias por problemas cardiacos aumentó de forma notable, especialmente durante los partidos más tensos. El riesgo de sufrir un evento cardiovascular llegó a multiplicarse por 2,7 respecto a otros días, un hallazgo que convirtió aquel trabajo en una referencia sobre el impacto del estrés deportivo.
Desde entonces, diferentes investigaciones han encontrado resultados similares en competiciones internacionales y grandes eventos deportivos, especialmente cuando los encuentros se deciden en la prórroga, en los penaltis o mantienen la incertidumbre hasta el final.
Los relojes inteligentes también lo confirman
La investigación más reciente llega de la Universidad de Bielefeld (Alemania), publicada este año en 'Scientific Reports'. Los investigadores monitorizaron durante varias semanas a más de 200 aficionados mediante relojes inteligentes para medir continuamente su frecuencia cardiaca y sus niveles de estrés durante los partidos de fútbol.
El estudio comprobó que los encuentros de alta intensidad provocaban un incremento claro de la frecuencia cardiaca y del estrés fisiológico, especialmente entre los aficionados más implicados emocionalmente con su equipo. Además, las reacciones eran mucho más intensas cuando el partido se seguía en el estadio que desde casa.
No es solo el partido
Los cardiólogos insisten en que el fútbol rara vez actúa de forma aislada. El riesgo aumenta cuando el estrés emocional se combina con otros factores frecuentes durante este tipo de encuentros como el consumo elevado de alcohol, las comidas copiosas, el tabaco, la falta de sueño y factores previas como hipertensión, diabetes o colesterol elevado mal controlados.
En estos casos, la combinación de estrés físico y emocional puede favorecer la aparición de arritmias, crisis hipertensivas o incluso un infarto en personas que ya presentan enfermedad cardiovascular.
¿Deberían preocuparse los aficionados de España esta noche?
Expertos como el doctor José Abellán lanzan un mensaje tranquilizador. Para la inmensa mayoría de los espectadores, vivir con intensidad un España-Bélgica no supone ningún peligro para la salud.
Sin embargo, las personas con antecedentes cardiacos deberían evitar los excesos, seguir correctamente su tratamiento y no ignorar síntomas como dolor en el pecho, dificultad para respirar, sudoración intensa o molestias que se irradien al brazo o la mandíbula.
Porque, aunque la emoción del fútbol no provoca infartos por sí sola, la ciencia lleva años mostrando que un partido de máxima tensión puede convertirse en el desencadenante perfecto cuando el corazón ya es vulnerable.