La Via Transilvanica recorre 1.600 kilómetros a través de Rumanía y conecta 400 pueblos de 20 regiones étnicas y culturales diferentes.
La humedad se ha colado bajo mi chaqueta impermeable y me ha dejado completamente helada, pero delante me espera mi salvación, una mesa y unos bancos de madera bajo un pequeño techo de tablas.
Nuestro grupo de senderistas, tiritando, se apiña bajo la estructura, que apenas frena el viento, aunque enseguida se nos alegra el ánimo.
Nos hemos detenido en Popas la Cosma, un alto en el camino que también ofrece alojamiento a los senderistas, en pleno corazón de los Cárpatos Orientales, en la región de Bucovina, en Rumanía.
El pastor Cosma Crăciuneac y su familia son uno de los cerca de 500 anfitriones repartidos a lo largo de los 1.600 km de la ruta Via Transilvanica que ofrecen comida o alojamiento a los caminantes.
No tardamos en entrar en calor gracias a la hospitalidad de padre e hijo, que lucen sombreros adornados con una pluma. Lo primero que nos sirven es algo de "afinata", un licor de arándanos silvestres, seguido de un plato de queso y salami caseros, tocino, huevos cocidos y abundante pan.
Tras el té caliente y unas rosquillas caseras, nos enseñan rápidamente la casa y el pajar donde pueden dormir los senderistas.
Qué es la Via Transilvanica
Popas la Cosma es la mejor puerta de entrada a la Via Transilvanica, un sendero que cruza Rumanía en diagonal y que fue ideado y creado por Tășuleasa Social.
La ONG hizo realidad esta proeza sin financiación del Gobierno ni de la UE, únicamente con su equipo central, voluntariado, patrocinadores y donaciones.
La ruta se concibió menos como una iniciativa turística y más como un proyecto social, en línea con el objetivo central de la asociación de fortalecer las comunidades y proteger el medioambiente.
El propósito de la Via Transilvanica es devolver la vida a los pequeños pueblos y comunidades rurales, particularmente castigados por la emigración hacia las ciudades o el extranjero. El camino atraviesa unos 400 en 20 regiones étnicas y culturales distintas, de ahí su apodo de 'el camino que une'.
Popas la Cosma, por ejemplo, recibió la pasada temporada a unos 1.500 senderistas.
La ruta sigue mejorándose y ampliándose. En 2026, la asociación reforzará varios tramos en la región de Bucovina, entre ellos algunos que han quedado dañados por las inclemencias del tiempo.
También han desviado ciertos segmentos para hacer el recorrido más accesible y han añadido una prolongación de 200 km hasta la histórica ciudad de Brașov, en la región de Transilvania.
"Nunca fue un proyecto turístico. Siempre ha tenido que ver con el voluntariado y con los jóvenes, con hacer algo significativo para la comunidad", nos cuenta Alin Ușeriu, presidente de Tășuleasa Social, cuando paramos en la sede del proyecto.
Se anima a los senderistas a visitar la sede, cerca de Bistrița y rodeada de prados de montaña, donde pueden comer algo caliente, pasar la noche y, por lo general, conocer a algunos de los voluntarios.
Nosotros tomamos una sopa de setas con crema agria y un postre frito, contundente en calorías, llamado "papanași", para afrontar la siguiente etapa de la caminata.
Senderismo en la 'Suiza del Este'
Guiados por la agencia Intrepid Travel, exploramos algunos de los tramos del norte menos transitados del sendero, aunque el voluntario de Tășuleasa Iulian Gabor, que participó en la creación de la Via Transilvanica, los considera de los más bellos.
Durante tres días serpenteando por la región de Bucovina, conocida como la "Suiza del Este", disfrutamos de densos bosques de hayas, robles y abetos, amplios prados de flores silvestres bañados por el sol y numerosos encuentros con vacas adornadas con campanillas.
Junto a la T naranja que señaliza la Via Transilvanica aparecen también frecuentes advertencias sobre la presencia de osos después del atardecer. Por suerte no nos cruzamos con ninguno, aunque sí con muchas aves, mariposas, lagartos y un par de serpientes por el camino, además de algunos caballos tirando de carros.
A la hora de comer, nos olvidamos de los sosos platos deshidratados típicos del senderismo y nos entregamos a delicias caseras como el queso fresco con mermelada de pimentón en el refugio Gigi Ursu y los "sarmale", rollos de col rellenos de carne picada, en el restaurante La Moara Bucovina.
Parte del encanto de estas pausas es charlar con los propietarios, ver el placer con el que reciben a los senderistas y brindar juntos con uno o dos chupitos de afinata.
Son también estos lugares, junto con las pensiones de los pueblos y ciudades, donde los caminantes pueden conseguir el sello en su cuaderno de viaje, que pueden recoger en más de 50 puntos del recorrido como tiendas, casas de acogida y atractivos culturales, por cada etapa que completan.
Monasterios pintados y huevos decorados
El tramo de la Via Transilvanica que atraviesa Bucovina es también perfecto para quienes quieren conocer la historia cultural de Rumanía.
Nos detenemos en dos de los monasterios pintados de Rumanía inscritos en la lista de la UNESCO, Sucevița y Moldovița, donde tanto las fachadas como los interiores están totalmente cubiertos de escenas religiosas minuciosas y de colores intensos que datan de los siglos XVI y comienzos del XVII.
En la localidad de Moldovița conocemos además la tradición de pintar huevos con diseños igualmente exquisitos en la casa de Viorica Semeniuc.
A lo largo del propio sendero empezamos también a esperar con curiosidad qué grabado aparecerá en cada mojón kilométrico, todos esculpidos por artistas y decorados con motivos que van desde guerreros griegos y un rostro de aire picassiano hasta una rana con corona o un majestuoso ciervo.
Así que, como resume Gabor, la Via Transilvanica es una iniciativa social, una experiencia turística espectacular y probablemente la mayor galería de arte al aire libre del mundo.
Rebecca Ann Hughes viajó invitada por Intrepid Travel, que lanzó en mayo su itinerario 'Hiking in Romania: Via Transilvanica', lo que la convierte en la única agencia de viajes global que recorre la sección norte de la ruta.
El paquete de diez días parte de 1.616£ por persona (1.872€) e incluye alojamiento, transporte terrestre, servicios de un guía local, rutas de senderismo guiadas y algunas comidas y otras actividades.
Tășuleasa Social es nuevo socio de The Intrepid Foundation, la organización sin ánimo de lucro de Intrepid, lo que permite a los clientes apoyar directamente a la asociación y el desarrollo de la ruta.