Tras el megaincendio que arrasó más de 42.000 hectáreas en Gironda, los Bomberos se preparan para combatir los 'fuegos zombis', brasas ocultas bajo tierra que pueden reactivarse durante meses.
En las 42.000 hectáreas de vegetación arrasadas por el gigantesco incendio de Gironda, los Bomberos se preparan para una batalla que podría prolongarse durante meses. Aunque las llamas hayan sido contenidas, el fuego puede seguir ardiendo bajo tierra en las turberas y en las raíces, oculto hasta que las lluvias del invierno logren extinguirlo por completo.
Fumarolas que emergen del suelo, raíces que continúan ardiendo lentamente... Los equipos de extinción, que ya afrontaron el gran incendio de Landiras en 2022, saben que el fuego declarado en Saumos puede mantenerse activo mucho después de que termine la fase más crítica de la emergencia.
En zonas como Saumos, Andernos o Le Porge, las brasas pueden permanecer latentes bajo la tierra seca o en las turberas para reactivarse más tarde y reaparecer a varios metros (o incluso cientos de metros) del foco original. Es el fenómeno conocido como 'fuego zombi'.
"El incendio de Landiras permaneció caliente durante dos años y todavía sigue bajo vigilancia", explica el teniente Cyril Venière, bombero desplazado desde Indre-et-Loire. "Harán falta semanas, como mínimo, y probablemente meses, para extinguirlo por completo", añade. Mientras tanto, toda la zona deberá permanecer bajo vigilancia.
Un enemigo invisible
La turba es una acumulación de materia vegetal parcialmente descompuesta, rica en carbono y altamente inflamable. Este material actúa como combustible para las brasas enterradas, que pueden permanecer activas durante largos periodos y reavivarse cuando coinciden altas temperaturas, viento y sequía.
Tras el incendio de Landiras en 2022, estos focos subterráneos provocaron numerosos problemas. "Aparecían de forma espontánea en distintos puntos del bosque, sin una fuente de ignición visible, lo que dificultaba enormemente las labores de extinción", recuerda el comandante Matthieu Jomain, oficial del Servicio Departamental de Incendios y Salvamento de Gironda.
En aquella ocasión, los Bomberos llegaron incluso a plantearse realizar movimientos de tierra para acceder a las brasas ocultas bajo el suelo.
Una vigilancia que durará meses
El incendio de Saumos, que ha arrasado el entorno de la península de Cap Ferret y llegó a amenazar el área metropolitana de Burdeos, presenta una geología más diversa que la de Landiras. Por ello, las autoridades están cartografiando las zonas más sensibles para organizar una vigilancia que podría prolongarse durante varios meses.
En estas labores participa la asociación Defensa del Bosque contra los Incendios (DFCI), cuyos cerca de 2.500 voluntarios patrullan el terreno para detectar cualquier reactivación. Su presidente, Bruno Lafon, advierte de que el dispositivo necesitará refuerzos. "En agosto seguirá haciendo calor y habrá reactivaciones prácticamente todos los días", afirma.
La DFCI confía además en contar con el apoyo de agricultores y militares para revisar el terreno de forma minuciosa, árbol por árbol y tronco por tronco. Una tarea lenta y laboriosa que será esencial para evitar nuevos focos hasta que las lluvias del invierno apaguen definitivamente las brasas ocultas.