En un discurso ante el Parlamento Europeo en Estrasburgo el 17 de septiembre, Carney respaldó la propuesta de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, de estudiar que Canadá se convierta en el primer miembro asociado de la UE, y la presentó como parte de un esfuerzo más amplio para reforzar su soberanía y su resiliencia.
Pidió una cooperación más profunda en minerales críticos, defensa, inteligencia artificial, energía, espacio y sistemas financieros, y propuso impulsar el comercio digital y reforzar los vínculos entre las universidades y la juventud.
Carney dejó además claro que la asociación no pretende crear un nuevo bloque geopolítico.
"No propongo un tercer bloque para convertirnos en un rival de las grandes potencias, solo con mejores modales," afirmó, entre aplausos. "No buscamos el poder para dominar a otros."
El discurso tuvo lugar apenas unas horas después de que Trump amenazara con imponer "aranceles muy serios" a la UE si Bruselas seguía adelante con la relación propuesta con Canadá.
Carney presentó no obstante la iniciativa como un proyecto a largo plazo que podría ir más allá del comercio y la defensa. Señaló que una alianza Canadá-UE podría convertirse en un "faro" para otras democracias, construida en torno a la "libertad, la solidaridad, la prosperidad, la sostenibilidad" y a un compromiso compartido con el derecho internacional.