A veces ciertos sonidos interrumpen los pensamientos de Andrew, pero él considera la sinestesia una parte inseparable de su vida.
Para el artista británico Jake Andrew, la música tiene color, forma y textura. Sus cuadros capturan lo que ve cuando la escucha.
Andrew tiene sinestesia, una rara condición neurológica en la que una experiencia sensorial puede desencadenar otra. En su caso, los sonidos le provocan una respuesta visual inmediata.
Su instrumento favorito para pintar es el violonchelo.
"Es oscuro, pero no se siente amenazador", dice. "Tiene como una especie de... y luego un borde de... ¿Tiene esto algún sentido? Como si el borde del propio tubo, de donde sale el sonido, tuviera como unas partículas de polvo que se desprenden."
Estas respuestas se extienden a los sonidos cotidianos. Una moto que pasa aparece de color morado oscuro para Andrew, mientras que el ladrido del perro de un amigo se tiñe de verde lima.
El pasado septiembre llevó esa forma de experimentar el sonido a una actuación en directo en el Handbag Factory, en Vauxhall, Londres, Reino Unido.
Los pianistas Camden Stewart y Karim Kamar improvisaron sobre sus composiciones originales mientras Andrew traducía la música en pintura.
El resultado no siempre se ajusta a las asociaciones habituales entre color y estado de ánimo. Una tonalidad menor no tiene por qué dar lugar a un cuadro de aspecto sombrío.
"Mi menor, eso suele ser azul oscuro, movimientos lentos, legato, donde es como que se arremolina", explica.
Encontrar el punto de encuentro entre lo visual y lo sonoro
Los expertos señalan que la sinestesia sonido-color, conocida como cromestesia, puede implicar también formas, movimiento y textura.
"Son las formas, es el movimiento, es la textura y todas estas cosas, y también cómo se organizan en el espacio", comparte Jamie Ward, profesor de neurociencia cognitiva en la Universidad de Sussex.
Los sonidos a veces interrumpen los pensamientos de Andrew, pero él considera la sinestesia una parte inseparable de su vida.
"No es una maldición. No puedo imaginar cómo sería no tenerla", afirma Andrew.
Para los músicos que han participado en la actuación en directo, ha sido un proceso fascinante.
"Es como preguntarme '¿cómo es una cuarta dimensión?'. Ni siquiera puedo concebirlo."