El primer ministro canadiense, Mark Carney, promete cooperar con el próximo gobierno separatista de Quebec para responder a las necesidades de Quebec, como resistir a una administración estadounidense hostil y fomentar empleo y vivienda.
El partido separatista Parti Québécois (PQ) ha ganado las elecciones provinciales de Quebec este lunes, pero no ha logrado suficientes escaños para gobernar en solitario, y vuelve al poder con la promesa de convocar otro referéndum sobre la independencia de Canadá.
El resultado ha devuelto al partido de Paul St-Pierre Plamondon al poder por primera vez en más de una década, pero le ha negado la mayoría que buscaba y obliga a los separatistas a apoyarse en los partidos de la oposición incluso mientras intentan reactivar el debate sobre la independencia de Quebec.
El partido se encaminaba a conseguir cerca de 60 escaños cuando se contaban los últimos votos, por debajo de los 64 necesarios para una mayoría en la Asamblea Nacional de Quebec, el Parlamento provincial, que tiene 127 miembros. Un Gobierno en minoría implica que el PQ necesitará el apoyo de los diputados de la oposición para aprobar leyes clave y superar las mociones de confianza.
St-Pierre Plamondon reconoció que los votantes habían negado a su partido la mayoría. "Los quebequeses han elegido al Parti Québécois pidiéndole que trabaje con los otros partidos, y he escuchado ese mensaje", afirmó.
Ha prometido convocar otro referéndum sobre la independencia, aunque ha dicho que esperará hasta que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ya no esté en el cargo.
St-Pierre Plamondon presentó la independencia como algo esencial para preservar la identidad francófona de Quebec, y afirmó que se trata de una "cuestión de supervivencia" para una población de habla francesa que solo representa una pequeña fracción de Norteamérica.
"Quebec solo quiere existir por sí mismo como otros países del mundo", dijo, y añadió que un referéndum permitiría a los habitantes decidir su propio futuro. "Sigo soñando y visualizando ese país", dijo St-Pierre Plamondon en su discurso de victoria. "Ese sueño se hará realidad algún día".
También trató de tranquilizar a los canadienses de fuera de Quebec. "El proyecto de independencia no consiste en excluiros", señaló. "Quebec nunca cambiará de posición geográfica, así que tenemos interés en trabajar juntos".
La líder de Coalition Avenir Québec (CAQ), Christine Fréchette, admitió la derrota, diciendo que los votantes habían hecho su elección y que asumía toda la responsabilidad por el "difícil resultado".
La CAQ, que antes de las elecciones ocupaba 79 escaños, corría el riesgo de perder todos sus asientos en la cámara. Pero la victoria del PQ no significa que la mayoría de los quebequeses apoyen la salida de Canadá.
"Estas no han sido unas elecciones sobre la independencia, que ahora no es popular en Quebec, sino sobre deshacerse de la CAQ, el partido en el poder desde 2018", explicó Daniel Béland, profesor de ciencia política en la Universidad McGill de Montreal. El apoyo a la independencia se mantiene en torno al 30%, una cifra baja en términos históricos, añadió.
Béland señaló que el resultado en minoría probablemente sea una buena noticia para el Gobierno del primer ministro, Mark Carney, porque podría dificultar que el PQ prepare y, eventualmente, convoque un referéndum de independencia. Carney felicitó a St-Pierre Plamondon y dejó claro que Ottawa trabajará con el nuevo Gobierno separatista.
"Construir un Quebec más fuerte es esencial para nuestra misión de construir un Canadá más fuerte", afirmó Carney. Añadió que ambos gobiernos colaborarían para apoyar a las empresas y a los trabajadores afectados por los aranceles estadounidenses, crear empleo y construir vivienda.
El resultado en Quebec llega dos semanas antes de que los habitantes de Alberta voten, el 19 de octubre, si celebran un referéndum sobre la separación de Canadá, lo que plantea una posible amenaza importante para el Gobierno de Carney. Los votantes de Quebec han rechazado la soberanía en dos ocasiones, la más reciente por un margen muy ajustado en el referéndum de 1995.
La provincia, aproximadamente un 80% francófona, ya goza de una amplia autonomía: recauda sus propios impuestos sobre la renta de una población de unos 9,1 millones de habitantes, aplica políticas de inmigración que favorecen a los francófonos y cuenta con leyes que dan prioridad al francés sobre el inglés.