Dos leones marinos y dos osos marinos aprendieron a pulsar una palanca cada vez que escuchaban un tono, recibiendo pescado como recompensa cuando acertaban. El estudio, publicado el 9 de octubre, concluyó que los animales eran más sensibles a sonidos en torno a 3,2 kilohertz. Los investigadores señalan que estos resultados ofrecen un punto de partida para evaluar el ruido provocado por barcos, aeronaves y obras en la costa.
Las conclusiones son especialmente relevantes para el león marino australiano en peligro de extinción, cuya población se estima en apenas 12.000 ejemplares. Estos animales dependen del oído para comunicarse, localizar alimento, orientarse y detectar peligros.
La investigadora principal, Christine Erbe, de Curtin University, explicó que antes de medir el impacto del ruido los científicos necesitaban determinar qué sonidos podían oír los animales. Los resultados podrían ayudar a orientar las evaluaciones ambientales y los controles de ruido a medida que se expanden las industrias marítimas. Los investigadores planean ahora analizar cómo el ruido submarino afecta al oído y al comportamiento de estos animales.