Miles de vecinos han llenado las calles, agitando banderas de España y de Ceuta, animando a la pareja real y sosteniendo carteles en los que se leía: "Bienvenidos a su casa, Majestades".
Tras aterrizar en el helipuerto de Ceuta, el rey y la reina se han detenido para saludar a la gente a lo largo del recorrido hasta el Ayuntamiento, dando la mano y conversando con los residentes. Más tarde han aparecido en el balcón del Palacio de la Asamblea, con vistas a la plaza de África, junto al presidente de Ceuta, Juan Vivas.
La visita da inicio a dos días de actos oficiales, que incluyen reuniones con responsables locales, una visita a un colegio, un homenaje en el cementerio musulmán de Sidi Embarek a las personas que murieron durante los cruces masivos por mar del mes de julio y encuentros con representantes de la sociedad civil.
La visita es delicada en términos diplomáticos. Marruecos reivindica la soberanía sobre Ceuta y Melilla, las dos ciudades españolas en la costa norte de África, y reaccionó con firmeza ante la última visita real en 2007. Se produce tras la crisis migratoria de julio, cuando más de 70.000 personas entraron en Ceuta desde Marruecos en dos días, lo que ejerció una gran presión sobre el territorio. Marruecos llamó a consultas a su embajador en Madrid antes del viaje, mientras que el rey Mohamed VI criticó lo que calificó como la "instrumentalización" política de la crisis.
Para muchos en Ceuta, la gran participación ha sido una reafirmación pública de la identidad española de la ciudad. La pareja real pasará la noche en Ceuta antes de viajar a Melilla el próximo miércoles.