Por encima de las tiendas de un campamento de desplazados en al-Mawasi, cerca de Jan Yunis, turbinas eólicas caseras giran con la brisa marina y ofrecen un salvavidas a familias que se han quedado sin electricidad.
Los dispositivos los ha construido Kamal Al-Dabary, de 60 años, antiguo estudiante de ingeniería, utilizando motores de scooter, depósitos de agua desechados y componentes eléctricos recuperados de viviendas destruidas. La energía generada se almacena en baterías.
Con los paneles solares que ahora cuestan casi 5.000 dólares y gran parte de la infraestructura eléctrica de Gaza destruida, su invento ofrece una alternativa asequible.
Las turbinas generan solo la energía suficiente para cargar teléfonos y hacer funcionar luces, ventiladores y maquinillas de afeitar eléctricas. Pero para los desplazados, incluso este suministro limitado marca la diferencia.