Con ecos de 'Escondidos en Brujas', 'Wild Horse Nine' recurre a una fórmula conocida, pero John Malkovich convierte cada línea de diálogo en un deleite ácido, divertido y, por momentos, conmovedor. Su interpretación lo sitúa entre los favoritos al Óscar al mejor actor.
A estas alturas, no sería una película de Martin McDonagh sin dos almas solitarias y disfuncionales que buscan una conexión retorcida en un mundo que parece empeñado en poner en peligro cualquier posibilidad de redención.
En su última comedia negra, Wild Horse Nine, el guionista y director británico-irlandés recupera su debut en largometraje In Bruges - pero aquí sustituye a dos sicarios peleones en Bélgica por una pareja de operativos de la CIA que no dejan de discutir en la isla de Pascua, justo antes del golpe de Estado chileno de 1973.
Tomándose un descanso de su habitual tarea de alterar democracias, el veterano y cada vez más olvidadizo agente Chris (John Malkovich) y Lee (Sam Rockwell), a quien no le importa matar a un hombre mientras se come una hamburguesa, están de vacaciones. Más o menos. La extraña pareja planea disfrutar de los paisajes de Rapa Nui, visitar las gigantescas cabezas de piedra, perdón, los moáis, y sacar de quicio con sus palabras a dos estudiantes partidarios de Salvador Allende (Mariana di Girolamo, Ailín Salas) con las que se cruzan una y otra vez.
Pero no todo es lo que parece. A pesar de sus notas al estilo Memento, el deterioro cognitivo de Chris le ha hecho olvidar que el viaje también es su última gran despedida. No solo sufre una fuerte tendencia a contarlo todo y lucha con un malestar existencial por los regímenes que ha derrocado (con una buena dosis de culpabilidad católica), sino que además padece cáncer. Como no le queda mucho tiempo, Chris le pidió antes a Lee que, durante el viaje, hiciera con él un Of Mice And Men.
Ha olvidado ese detalle, pero no su deseo de trabajar en sus memorias, que dicta en una grabadora. Estas cintas son una gran fuente de incomodidad para el jefe de ambos, el espía en jefe MJ (Steve Buscemi), que teme que las indiscreciones y confesiones de Chris, sobre todo "las partes de Dallas", que podrían revelar su papel en el asesinato de JFK, puedan poner en peligro a la agencia...
Aunque no se aparta de su manual ya conocido, Wild Horse Nine se siente como un satisfactorio recopilatorio de grandes éxitos de McDonagh, al fusionar la estructura narrativa de In Bruges con la devoción de Three Billboards Outside Ebbing, Missouri por la palabra con F, un pícaro cameo de Tom Waits (a lo Seven Psychopaths) y las cualidades más discretamente emotivas que laten en el corazón de The Banshees of Inisherin. Si todo eso es lo tuyo, te lo vas a pasar en grande.
Cuando el equilibrio funciona, la característica ironía acerba del cineasta y sus temas predilectos en torno a la salvación y la inevitabilidad de la muerte se combinan en un conjunto agridulce. Cuando flojea, su guion puede sentirse como una sucesión autocomplaciente de monólogos lucidores y digresiones llenas de non sequiturs, un defecto que ya le ha acarreado en el pasado acusaciones de narrativa fragmentada y tono pagado de sí mismo.
En la mayor parte del metraje, sin embargo, McDonagh sale airoso y juega a sus fortalezas, cargando las diatribas chispeantes con cierta profundidad. Por ejemplo, un discurso durante el desayuno en el que explica por qué los "países gays" producen mejores quesos que Estados Unidos provoca carcajadas pero también alimenta directamente un comentario en apariencia prometedor sobre los males históricos del intervencionismo estadounidense y los horrores permanentes de la política exterior de EE.UU.
Frustra que se podría haber hecho más aquí, dado el contexto tan cargado políticamente, y que los personajes femeninos destaquen precisamente por estar infrautilizados. Es una lástima, porque Mariana di Girolamo brilla como Mónica en el poco tiempo en pantalla que se le concede. Básicamente queda relegada a ser la encarnación de ojos abiertos del optimismo perdido de Chris, y si le hubieran dado más margen, las dinámicas entre personajes se habrían podido amplificar y McDonagh habría reforzado las líneas críticas que apenas esboza. Aunque el último acto insinúa una transformación antes de una dura batalla por delante, se desaprovecha la ocasión.
En última instancia, el disfrute depende de la química del dúo protagonista, que está presente a raudales y recae en gran medida sobre los capaces hombros de Malkovich. Tras años de papeles secundarios olvidables, el veterano actor está a pleno rendimiento y firma su mejor interpretación desde Being John Malkovich. O quizá desde su giro villanesco como Pascal Sauvage en Johnny English, que es una actuación para la historia, y no queremos oír ni una palabra en contra.
Ya sea confesando que le importan más las polillas chilenas que el pueblo de Chile, arremetiendo con irascibilidad contra cualquiera que se cruce en su camino o reflexionando sobre por qué no hay más canciones sobre pájaros suicidas, Malkovich saborea cada línea de diálogo. Su dicción característica se adapta a la perfección a la prosa de McDonagh, especialmente cuando pronuncia una y otra vez la palabra "cahoots".
Qué palabra tan maravillosa... ¿Sabías que originalmente procede del francés 'cahute', que significa chabola pequeña y evoca la imagen de conspiradores apiñados? Quién puede decir si esto es palabra de evangelio, pero como dijo una vez Tom Waits, "A la mayoría de la gente no le importa si les dices la verdad o una mentira, mientras se entretengan con ello".
Ay, Dios, esto se ha puesto muy McDonagh con una digresión verbosa. Volvamos con John...
La forma en que Malkovich consigue sumergir al mismo tiempo los pies en terrenos excéntricos, amorales, melancólicos y llenos de alma crea una poesía pesimista difícil de resistir. El actor ya se ha llevado la Copa Volpi al mejor intérprete en Venecia, donde la película se ha estrenado este año, y a la vista de esta actuación es un claro aspirante a la gloria de los Óscar el año que viene.
A favor de esas probabilidades juega el hecho de que su última nominación al Óscar data de 1993 por In The Line Of Fire, en la que interpretaba al asesino sin nombre que intentaba matar al presidente de Estados Unidos. A la Academia le encantan las historias de regreso, y ¿a quién no le gusta una buena dosis de simetría cinematográfica que se hace pasar por coincidencia?
Así que, por muy familiar que resulte Wild Horse Nine, hay muchas posibilidades de que vuelvas a oír hablar largo y tendido de este relato sarcástico y por momentos emotivo cuando llegue la temporada de premios.
Wild Horse Nine ya se ha estrenado en cines.