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La polémica sobre los patinetes eléctricos inunda Madrid

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La polémica sobre los patinetes eléctricos inunda Madrid

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El otoño ha llegado a Madrid, tiñendo las calles de tonos naranjas y grises, cubriéndolas con las primeras lluvias de la temporada y llenándolas nuevamente de coches. Todos aquellos conductores que se habían ido de vacaciones en verano o que habían aparcado sus coches durante el buen tiempo, retornan a las calles. Los atascos, la dificultad para aparcar y la contaminación por el exceso de tráfico vuelven a formar parte del día a día de los madrileños.

Pero este año, la vuelta a la rutina nos ha traído más novedades: los patinetes eléctricos, última tendencia en vehículos de movilidad urbana, han inundado las calles de Madrid y podemos encontrarlos en prácticamente cualquier rincón del centro de la capital. Incluso a pesar de la lluvia, hay quienes se animan a ir al trabajo en este vehículo.

“Tengo que reconocer que al principio me daba un poco de miedo, pero a los dos días te acostumbras”, nos cuenta María Luengo, quien se compró un patinete eléctrico hace cuatro meses y desde entonces lo utiliza a diario para ir a trabajar. “Me parece una forma muy económica y limpia de moverme por la ciudad. Además tiene varias ventajas respecto a la bicicleta, principalmente su tamaño. Por ejemplo, puedes plegarlo a la hora de montar en transporte público, mientras que la mayoría de las bicicletas no”, comenta.

Como María, son muchos los usuarios que complementan el uso del patinete eléctrico con otros medios de transporte. Álvaro Salvat, director general de Lime España explica que “el 40% de los usuarios de Lime utilizan los patinetes para conectar con el transporte público.”

Esta startup californiana fue la primera en aterrizar en Madrid el pasado mes de agosto, y desde entonces ha superado los 100.000 desplazamientos. Su llegada fue el detonante de un debate que ya llevaba tiempo cociéndose sobre la normativa de circulación de los vehículos eléctricos de movilidad personal (VMP) como son patinetes, segways o monociclos. Esta polémica se saldó con la aprobación del Ayuntamiento de Madrid de una nueva ley de movilidad urbana el pasado 5 de octubre que permite a los VMPs circular por todos los carriles cuya velocidad máxima de circulación sea igual o inferior a 30 kilómetros por hora, prohibiendo su tráfico por aceras y calzadas.

La nueva normativa permite a los patinetes circular por un 85% de las calles de Madrid y ha sido motivo de celebración, tanto para los usuarios de estos vehículos, como para las diversas compañías de alquiler de patinetes eléctricos compartidos que esperan desembarcar en diversas ciudades españolas en las próximas semanas. “A día de hoy, en Madrid, hay unos 5,000 patinetes eléctricos de uso particular, y unos 1,000 de alquiler, pero espera a que se publique la normativa en el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid”, explica Juan Jiménez, presidente de la Asociación de Usuarios de Vehículos de Movilidad Personal, anticipando que hay unas 8 empresas que esperan establecerse en el mercado madrileño de forma inminente.

“Lime ha sido un poco como el hermano mayor que va abriendo camino a los pequeños. Ellos decidieron salir al mercado sin esperar a la regulación”, comenta Juan, quien además es cofundador de la startup Eskay. Esta empresa española apuesta por un servicio de patinetes premium, con vehículos “de alta calidad y mucho más seguros”. Eskay lleva tres meses probando 125 patinetes desplegados por Madrid y espera lanzar oficialmente su negocio de forma inmediata, ahora que se ha aprobado la normativa.

A pesar de los avances legislativos, la polémica continúa y son muchos los conductores y peatones que se quejan del peligro que los patinetes eléctricos suponen.

“El otro día estuve a punto de chocarme con un patinete eléctrico que iba en dirección contraria por la Corredera Alta de San Pablo, en pleno centro de Madrid”, cuenta Aitor Durana. “Confiaba en que iba mirando hacia delante, pero para cuando quise avisarle, ya estaba casi encima de mí.”

Luis Gutiérrez se lamenta de que algunos patinetes se dejen en lugares donde entorpecen al viandante y apela a que “pensemos en las personas con movilidad reducida, para quienes un patinete en la acera es un obstáculo”.

Los usuarios de patinetes también se lamentan de la actitud hostil que algunos ciudadanos muestran. “Cuando me compré el patinete, la gente lo miraba como algo divertido, me preguntaban sobre su funcionamiento y si lo podían probar. A día de hoy, apenas cuatro meses más tarde, la actitud es completamente distinta, ya que muchos viandantes y conductores intentan obstaculizar el camino deliberadamente”, explica María, añadiendo que no se puede estigmatizar a los patinetes, ya que “cualquier medio de transporte utilizado de manera incorrecta puede suponer un peligro para los viandantes.”

Pese al debate, la forma en que nos desplazamos está cambiando y todo apunta a que la tendencia a utilizar medios de transporte sostenibles va a continuar creciendo. Solo el tiempo dirá si el patinete se convertirá en uno de los vehículos de movilidad personal predilectos, o si pasará a la historia como una moda momentánea.