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Cómo la Unión Europea intenta detener el negocio de la muerte en Estados Unidos

Cómo la Unión Europea intenta detener el negocio de la muerte en Estados Unidos
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AP Photo/Pat Sullivan, File
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El Gobierno de Estados Unidos ha anunciado la reimplantación de la pena de muerte a nivel federal, de la que no se hacía uso desde hace 16 años. Desde el 1988 solo se han realizado tres ejecuciones federales, la última en 2003, cuando se implantó una moratoria. Actualmente, hay cerca de 60 presos en el corredor de la muerte condenados por delitos federales.

El fiscal general de los Estados Unidos, William Barr, ha decidido levantar la moratoria y ha programado las ejecuciones de cinco personas condenadas por asesinato y, en otros casos, tortura y abusos sexuales a niños y ancianos con la intención de “llevar justicia a las víctimas de los crímenes más horribles”, según declaraba la nota de prensa del Departamento de Justicia Estadounidense.

El método utilizado para aplicar la pena de muerte federal es la inyección letal, concretamente a través de un único fármaco, el pentobarbital. Desde 2010, 14 estados norteamericanos han utilizado este producto para llevar a cabo alrededor de 200 ejecuciones. Según el Departamento de Justicia, su uso “no infringe” la octava enmienda a la Constitución de los Estados Unidos que prohíbe que el gobierno federal imponga “castigos inusuales o crueles”.

Sin embargo, la pena capital sí se ha aplicado con frecuencia en los treinta estados donde es legal y estos también han hecho uso del pentobarbital para las ejecuciones. El fármaco ha reemplazado al anterior cóctel compuesto por tres activos. Uno de ellos, el que actuaba como sedante, es el tiopental sódico, que fue blanco de activistas y organizaciones contrarias a la pena de muerte que pedían la prohibición de su venta y exportación.

Europa limita la exportación del fármaco letal

La Unión Europea siempre ha reafirmado su rotunda oposición respecto a la pena de muerte, como se recoge en la Convención Europea de Derechos Humanos, y también su voluntad de erradicar esta práctica en el mundo. En los estados pertenecientes a la Unión “nadie podrá ser condenado a la pena de muerte ni ejecutado (…) ni podrá ser sometido a torturas ni a penas o tratos inhumanos”, según recoge la Convención.

En los estados pertenecientes a la Unión “nadie podrá ser condenado a la pena de muerte ni ejecutado (…) ni podrá ser sometido a torturas ni a penas o tratos inhumanos”, según recoge la Convención.

En el año 2005, la UE fue pionera a nivel mundial en la lucha contra la pena capital, al implantar el primer reglamento para regular el comercio de productos que puedan utilizarse para aplicar la pena de muerte o infligir tortura. “Era una regulación ambiciosa, pero se limitaba a prohibir la fabricación de estos productos en la UE y su exportación”, ha explicado a Euronews la eurodiputada socialista, Inmaculada Rodríguez-Piñero.

La Unión prohibió la comercialización de más productos, incluyendo específicamente aquellos que se utilizaban como fármacos en la aplicación de la inyección letal, el método más extendido para aplicar la pena de muerte en Estados Unidos y el único utilizado a nivel federal. Entre ellos se encontraba el tiopental sódico, esencial en la elaboración de la inyección en Norteamérica.

Hospira era la última empresa norteamericana en producir el tiopental sódico y, tras sufrir presiones por parte de las autoridades italianas, país donde está localizada su planta de producción, decidió dejar de producirlo en enero de 2011.

Según aclara la europarlamentaria, el mercado evolucionó rápidamente y encontró nuevos métodos para sortear las imposiciones de la Unión Europea en materia de pena de muerte. En 2016 se cerró un acuerdo para dificultar, todavía más, el comercio de estos fármacos. Un grupo de eurodiputados, entre ellos la socialista Inmaculada Rodríguez-Piñero, impulsaron este nuevo reglamento, que prohíbe el tránsito de productos que produzcan la pena de muerte o tortura por el territorio de la Unión Europea.

Las dificultades para obtener el fármaco han llevado a Estados Unidos a buscar nuevos compuestos. Según explica el Centro de Información sobre la Pena de Muerte (DPIC, por sus siglas en inglés) la escasez de tiopental sódico llevó a las empresas a utilizar el pentobarbital.

El año en el que comenzó a usarse el pentobarbital como único fármaco de una inyección letal, 2011, la única compañía europea que suministraba el anestésico era la farmacéutica danesa Lundbeck, después de que Reino Unido también decidiera limitar la exportación de ésta y otras sustancias utilizadas en las inyecciones letales. Dinamarca se opone, como el resto de la UE, a la pena de muerte, sin embargo, la empresa estuvo distribuyendo pentobarbital defendiendo que se utiliza para otros fines.

El pentobarbital es un potente anestésico. Se trata de un barbitúrico que reduce la actividad cerebral y del sistema nervioso. Es utilizado en humanos para tratar el insomnio, las convulsiones, o como anestésico para la cirugía. También se utiliza en veterinaria para sacrificar animales.

La regulación es pionera a nivel mundial y la más avanzada. La Comisión Europea ha involucrado a más países a nivel multilateral para que se acojan a un comercio libre de tortura y pena de muerte
Inmaculada Rodríguez-Piñero
Eurodiputada

El Estado de Texas logró obtener un suministro de pentobarbital en 2015, pero se negaron a desvelar el nombre de su proveedor por miedo a represalias.

Varias organizaciones como la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles han condenado el uso de este tipo de fármacos para las ejecuciones por la agonía que han causado a varias personas. Se han registrado casos en los que el anestésico ha fallado y el preso ha sufrido la acción del resto de fármacos provocando su muerte.

“La regulación es pionera a nivel mundial y la más avanzada. Pero también te quedas corto si es la UE y nadie más. La Comisión Europea ha involucrado a más países a nivel multilateral para que se acojan a un comercio libre de tortura y pena de muerte. Ya hay más de 80 países involucrados en este compromiso. Lejos de quedarnos paralizados estamos multilateralizándolo”, concluye Inmaculada Rodríguez-Piñero.