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La crisis de los menores migrantes en España

La crisis de los menores migrantes en España
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Momo tiene tan solo 17 años. Dejó Ghana con su hermano, pero pronto se encontró completamente solo en Níger, dispuesto a comenzar el viaje más peligroso de su vida.

Tras una travesía por el desierto de dos días llegó a Libia, un país marcado por la guerra, donde el tráfico de personas se ha convertido en el negocio más rentable. Una vida vale apenas 200 euros.

"Fue horrible. No tenía ni idea de que venía a un lugar como Libia -relata-. _Nos vendieron a todos. Todos los que estaban conmigo fueron vendidos por 1.700 dinares".
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Momo fue rescatado en el Mediterráneo, desembarcó en Italia y acabó finalmente en España. Está ansioso por aprender y trabajar, pero tras dos meses en un centro de acogida, siente que el sistema le ha abandonado.

"Es como abrir una jaula, meter animales dentro y luego cerrarla, sin importante si viven o mueren. Así es como estamos viviendo. No estamos viviendo, solo existimos", se lamenta.

El sistema de acogida, al borde del colapso

Como Momo, miles de menores extranjeros no acompañados se encuentran en España llevando al sistema de protección de infancia al borde del colapso.

En el distrito de Hortaleza se encuentra uno de los pocos albergues para menores extranjeros no acompañados de Madrid. Aquí deben permanecer hasta que se les otorga un hogar de acogida o un centro permanente, pero muchos, mientras esperan su oportunidad para trabajar o estudiar, acaban desesperado volviendo a la calle, buscándose la vida. Esto está provocando importantes tensiones entre los vecinos, que reclaman medidas contundentes contra estos menores.

"Todos los días, todos los días, hay algún caso de personas mayores, de personas más jóvenes o menos jóvenes a los que les quitan el móvil, les quitan los bolsos, les quitan las cadenas. Todos los días hay algún caso. Y luego, por la noche, es un jaleo enorme lo que hay aquí", asegura Emiliana, una vecina del barrio.

"Va a haber un conflicto a nivel de barrio, entre los que sí y los que no, (un conflicto) que no se puede solucionar", advierte Jesús, otro vecino.

También hay personas como Julian Moreno, que durante ocho meses se ha esforzado por integrar a sus nuevos vecinos. Para él, los chicos no merecen llevar ese estigma.

"La mayoría de ellos tienen un buen perfil -asegura-. Luego hay los cafres, que lamentablemente algo tendrán que hacer con ellos, pero la mayoría de los chavales tienen muy buen perfil en este centro. Es cuestión de que la gente venga, los conozca y vea realmente los menores que hay aquí".

"Hay incapacidad para gestionar el volumen de menores que llegan"

"Muchos de ellos vienen con la clara intención de trabajar y poder mantenerse económicamente y además enviar remesas a sus países de origen, a sus familias -ahonda Carlos Chana, responsable del Programa de Infancia en Dificultades de Cruz Roja-. Hay cierta incapacidad para gestionar todo el volumen de chavales que están llegando".

Más de 13.000 menores extranjeros residen en España en la actualidad. Las llegadas aumentaron un 160 % en el último año y el fenómeno no tiene visos de parar, mientras España afronta un nuevo repunte de migración durante este verano.