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La inteligencia artificial al servicio de los bebés prematuros para evitar infecciones letales

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La inteligencia artificial al servicio de los bebés prematuros para evitar infecciones letales
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Visitamos un servicio de neonatología, como los que se ocupan de los 300.000 o más bebés que nacen prematuramente cada año en Europa. El principal riesgo para estos seres vulnerables es el de la infección, que puede ser mortal.

Entonces, ¿cómo podemos detectarla rápidamente y tomar las decisiones correctas? En Rennes, los investigadores están desarrollando una herramienta de toma de decisiones médicas basada en la inteligencia artificial.

Esta historia fue filmada antes de la pandemia de Covid-19.

La vida es un milagro. Y a veces es frágil. Elea nació después de 5 meses de embarazo. Pesaba 500 gramos. Su vida ha sido una lucha desde entonces. "Al principio, vivíamos de hora en hora, de minuto en minuto, hora a hora. Ahora es un poco de día en día. No sabemos qué va a pasar mañana. Hoy está bien. Esta tarde no lo sabemos", cuenta su madre Catelina.

Sus sistemas inmunológicos son frágiles. Del 10 al 25% de los bebés prematuros contraen una infección.

Un equipo de científicos está desarrollando una herramienta que tiene como objetivo detectarlas antes de los síntomas visibles de la infección e informar a los médicos a través de un sistema de alerta.

Patrick Pladys, neonatólogo y coordinador del proyecto Diginewb, explica que "el médico tiene un doble problema. Por un lado, los signos clínicos no son muy específicos y son tardíos. Y por otro lado, los bebés, si se infectan, tienen un alto riesgo de muerte y secuelas en el futuro. Debido a esto, hay una tendencia a dar muchos antibióticos. Dar muchos antibióticos no es bueno para el recién nacido y tampoco es bueno para la ecología del servicio".

El sistema registra los datos habituales: ritmo cardíaco, respiración... pero también gracias a las cámaras, las imágenes y los sonidos se monitorea lo que hasta ahora debían observar con sus ojos y oídos los cuidadores.

"A veces puede haber niños que están más cansados, que no abren los ojos cuando antes los abrían... que se mueven menos... Esto es lo que vamos a tratar de materializar para ayudar al cuidado de los niños", explica la enfermera Florence Geslin.

Se recopilaron las observaciones de 500 bebés. Una tarea enorme. Luego fueron sintetizadas usando técnicas de aprendizaje profundo. El objetivo es identificar las características comunes de esta masa de datos. Dividir cada situación en dos categorías: bebés sanos y bebés infectados.

Guy Carrault, investigador de procesamiento de señales muestra la curva de variabilidad cardíaca de un bebé no afectado y la curva de variabilidad cardíaca de un bebé infectado. "Ya puedes ver al mirar estas señales que hay diferencias muy claras. Y de ahí, extrajimos lo que llamamos una red. Y del mismo modo, la organización de esta red es totalmente diferente en el caso infectado y en el no infectado.

Gracias a la labor de investigación financiada por la Unión Europea, científicos de varios países han elaborado este índice, que es visible permanentemente para el personal. Por encima de un cierto valor, se muestra una alerta.

"El cuidador va a recibir una alarma que vendrá quizá 12, o 48, o 24 horas antes de la alarma que solía recibir. Así que por un lado tendrá tiempo para evaluar y por lo tanto puede decidir simplemente ampliar su evaluación. O decidir que la evidencia que proporciona el índice es lo suficientemente convincente como para que decida ahora mismo empezar con los antibióticos", asegura Pladys.

Este mecanismo no tiene por objeto sustituir, sino complementar la labor de acompañamiento de doctores, enfermeras, pero lo más importante, de los padres. "Tenemos que estar ahí para ella y para su desarrollo, para que crezca lo más rápido posible y podamos volver a casa", dice la madre de Elea.