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La "condena" de obtener la condición de asilado en Atenas

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Tres refugiados posan para Euronews en la plaza Victoria de Atenas
Tres refugiados posan para Euronews en la plaza Victoria de Atenas   -   Derechos de autor  Euronews
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La condición de asilado pesa como una losa sobre Mohamed Alfarhan. Según la ley griega, este refugiado sirio de 28 años debía abandonar el apartamento que se le había cedido mientras se resolvían los trámites en un plazo de 30 días después de que se le concediera el asilo. También tenía 30 días para empezar a ganarse el sustento y mantener a su familia. La fecha límite era el pasado 31 de mayo y Mohamed, que tiene esposa e hijos, se aferra como a un clavo ardiendo a una vivienda que ahora debería ocupar otro solicitante de asilo:

"No tenemos adónde ir. No puedo encontrar un trabajo y tengo dos bebés. Los trámites llevan mucho tiempo, todavía no tengo mi carnet de refugiado. No queremos que nadie nos alimente para siempre, pero no podemos empezar una nueva vida de la noche a la mañana. Necesitamos apoyo y orientación", explica.

Mohammed quiere ir a Alemania, donde viven sus padres y ahora le envían algo de dinero para que pueda sobrevivir. Otros refugiados son menos afortunados. Nadie les esperaba en Grecia con la mano tendida y terminaron durmiendo al raso en una plaza del centro de Atenas.

"Tenemos nuestro carnet de identidad, pero no tenemos dinero ni un lugar donde vivir. Las autoridades griegas no nos aceptan en los campos, aquí en Atenas", lamenta un adolescente iraní llamado Bardia Hosseinpour.

"Tengo problemas para dormir. Aquí no ha baños, no hay duchas. Todo esto es muy malo para mí", cuenta una mujer en silla de ruedas llamada Mandana Reisi Mazdabadi.

Las autoridades griegas argumentan que no se puede institucionalizar a los refugiados y que esto tiene que cambiar. Las ONG replican que el Estado no quiere integrarlos en la sociedad y practica una política desalmada e injusta:

"Las políticas de integración tienen un principio, un intermedio y un final, pero aquí no hay nada. Hay programas de vivienda y de ayuda en efectivo, pero desconectados y sin continuidad. Cuando acaban, la gente está en un vacío, en un agujero negro", se queja Lefteris Papagiannakis, de la ONG "Solidaridad Ahora".

"Después de años en el país, la mayoría de los refugiados no habla griego. La alta tasa de desempleo y la pandemia de la COVID-19 hacen las cosas aún más difíciles para quienes dependen de sí mismos. Sin una red de seguridad, muchos migrantes terminan en la calle, como aquí en la Plaza Victoria", concluye el reportero de euronews Apostolos Staikos.