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Trump o el valor de la constancia narcisista

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Por Euronews
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Trump o el valor de la constancia narcisista
Derechos de autor  AP Photo/Nati Harnik
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Impensable para muchos, inevitable para él. El ascenso de Donald Trump a la cima del poder global fue, entre otras cosas, un testimonio de su acrítica adoración a sí mismo.

Heredero de fortuna y negocios de su padre, pasó de cuestionado promotor inmobiliario a magnate hotelero y presentador de concursos televisivos. Una 'marca multimillonaria' con alergia a auditorías que Trump vio como una receta para el éxito en la política.

Entró en la refriega contra una serie de rivales republicanos que al principio ridiculizaron sus ambiciones presidenciales. Pero unos votantes ocultos para las encuestas apreciaron su mensaje simple y reiterado: "Haremos que Estados Unidos sea grande de nuevo"

El nuevo presidente se puso de inmediato a cumplir promesas de campaña, escenificando su proyecto de muro fronterizo y prohibiendo la entrada a musulmanes de algunos países.

Una economía ascendente impulsó su posición. Trump lo atribuyó a sus radicales bajadas de impuestos; afirmación discutida por los demócratas.

Al presidente le acusaron de permitir que Rusia influyera en las elecciones. Su respuesta a una evaluación de la inteligencia estadounidense de que el Kremlin había interferido, sorprendió a muchos. Trump aseguró ante Putin en rueda de prensa:"Creen que es Rusia. El presidente Putin ha dicho que no es Rusia. Tengo que decir que no hay ninguna razón por la que hubiera interferido".

Los índices de popularidad de Trump se mantuvieron obstinadamente bajos. Una realidad que se refleja en que los republicanos pierden el control de la cámara baja en las elecciones de medio mandato.

Como consecuencia su proyecto de gobierno iba a estar limitado por una nueva generación de adversarios demócratas progresistas.

El cambio de poder también allanó el camino para los procesos de juicio político. La Cámara descubrió que su abuso de poder contra un oponente político. Pero eran ladridos a la luna porque el senado, dominado por los republicanos, siempre iba a absolverlo.

En medio del furor del juicio político, se avecinaba otra tormenta. Un goteo de infecciones de Covid pronto se convirtió en un torrente, presentandole a Trump el mayor problema de su presidencia.

Su enfoque despectivo de la pandemia no logró detener la tragedia, el propio presidente finalmente pagó el precio de una actitud irresponsable ante las medidas de distanciamiento social con un contagio que requirió hospitalización.

A una crisis, se sumó otra de igual magnitud. La indignación por el asesinato de George Floyd por un policía se extendió por todo el país, alimentada por profundos sentimientos de injusticia económica y racismo.

A medida que los disturbios crecían, Trump simplicó otra vez: todo era un problema de ley y orden, táctica electoral destinada a movilizar su base electoral.

La estrategia la aplicó durante la campaña y, pese a las encuestas en contra, confió en el votante oculto y por tanto, no vio motivos para cambiar.

Fuentes adicionales • Voz en off: Enrique Barrueco