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El Rastro vuelve a Madrid con las cicatrices dejadas por la pandemia

Una imagen del Rastro de Madrid, el mercado más famoso de la capital.
Una imagen del Rastro de Madrid, el mercado más famoso de la capital.   -   Derechos de autor  Estela Celada
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Ocho meses después del inicio de la pandemia, Madrid recupera el Rastro, el mercado callejero más importante de la ciudad y uno de sus grandes símbolos. Entre sus vendedores la palabra lucha es la más repetida. Lucha por salir adelante a pesar de la Covid-19 y lucha para poder reabrir sus puestos con todas las garantías sanitarias “pero respetando lo máximo posible la historia”, explica Mayka Torralbo, coordinadora de la plataforma de vendedores ambulantes de la Comunidad de Madrid.

Han sido largas semanas de reuniones y desencuentros entre el Ayuntamiento y las asociaciones que representan al 80% de los casi mil puestos al aire libre. “Hemos tenido que pelear muy duro”, asegura Torralbo, quien prosigue: “Querían desmantelar el Rastro y sus zonas temáticas. No sabemos el objetivo último, ni tenemos pruebas, pero siempre ha habido muchos intereses alrededor de este mercado por su ubicación en el corazón de la ciudad, siempre se han producido intentos para reducirlo a lo mínimo, que mantuviera el nombre pero que no molestara y creemos que el coronavirus servía de excusa perfecta”.

El Rastro es el último lugar emblemático de Madrid que quedaba por abrir tras el confinamiento. Ha sido la primera vez en sus 400 años de historia que este mercado ha permanecido cerrado, ni tan siquiera lo hizo en la guerra civil cuando se mantuvo a pesar de las bombas.

El regreso del Rastro coincide con una mejoría de la pandemia en toda la Comunidad, después de un inicio del otoño muy complicado en el que Madrid lideró la tasa de contagios en la Unión Europea. En estos momentos es el territorio con menor incidencia acumulada del país, con 285 casos por cada 100.000 habitantes.

El mercado que hacía vibrar el centro de Madrid cada domingo refleja ahora las heridas y cicatrices dejadas por la Covid-19 en toda la ciudad. “Llevo 10 años aquí y nunca lo había visto así. Hay bastante menos gente porque el aforo está limitado y se echa mucho de menos a los que llegan de fuera. Si vienes a Madrid y no visitas el Rastro es como no haber venido, sin ellos solo podemos sacar para sobrevivir”, cuenta Abdalá Drabn.

“Llevo 10 años aquí y nunca lo había visto así. Hay bastante menos gente porque el aforo está limitado
Abdala Drabn

Unos metros más abajo, Miguel Ángel Martínez regenta un puesto de artesanía, “casi todo lo hace mi mujer”, aclara mientras recuerda sus inicios en el Rastro: “empecé con 13 o 14 años y tengo 57, así que haz la cuenta”, dice entre risas. Se siente afortunado porque ha podido subsistir todos estos meses “gracias a un trabajillo, pero no todos los compañeros han tenido la misma suerte”, asegura.

Torralbo confirma la situación límite de muchos vendedores ambulantes, con “gente que ha sido desahuciada, que ha tenido que endeudarse o que está acudiendo a los bancos de alimentos. Y esta situación no va a mejorar de la noche a la mañana porque, debido a las restricciones, cada domingo solo puede venir el 50% de los vendedores y porque faltan los turistas, que suponen la mitad de las ventas”.

Pero el Rastro es mucho más que los puestos al aire libre. En sus calles conviven 17.000 vecinos y más de 400 tiendas fijas que también han sufrido las consecuencias de la pandemia y del cierre del mercado ambulante. “La gente no ha venido porque pensaba que todo estaba cerrado, pero no era así, nosotros seguíamos”, afirma Manuel González, presidente de la Asociación de Comerciantes Nuevo Rastro.

Dueño de una tienda de antiguedades, González calcula que cada comercio físico habrá acumulado unas pérdidas de alrededor de 11.000 euros desde el mes de marzo. “Eso los que han podido mantenerse abiertos, porque el 25% de las tiendas han echado el cierre de forma definitiva”, explica. Aunque, por encima del daño económico, está la pérdida de vidas causadas por la pandemia: “Muchas de nuestras tiendas están regentadas por gente mayor que ha sufrido las consecuencias de la Covid-19. Solo en la calle Mira el río baja, que tiene unos 54 establecimientos, han muerto 5 comerciantes y más de 30 han sufrido la enfermedad. El daño moral y psicológico ha sido tremendo”, lamenta Manuel González.

Igual que el resto de la ciudad, el Rastro aprende a vivir en esa nueva normalidad que ha hecho que sea menos espontáneo, con drones vigilando el aforo, policía en cada esquina y calles en las que solo se puede subir o bajar. Pero sigue teniendo espacio para buscadores de objetos especiales “que no encuentras en ningún otro sitio”, como asegura José Antonio Carmona. Buen conocedor de este mercado, está convencido de que“volverá a recuperarse, poco a poco el centro se vuelve a llenar de vida, no es el Rastro de siempre porque son tiempos complicados, todo el mundo va medio asustado, pero saldremos adelante”.