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Francia | Una polémica Ley de Seguridad desata críticas y protestas

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Por Carmen Menéndez
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Protesta contra la Ley de Seguridad Global en París
Protesta contra la Ley de Seguridad Global en París   -   Derechos de autor  AP Photo/Christophe Ena
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En medio de protestas, de críticas de la prensa, de los partidos de izquierda y los grupos de defensa de las libertades, el Gobierno francés dio este martes un nuevo empujón a su polémica Ley de Seguridad Global, con su aprobación en la Asamblea Nacional.

Esta ley prevé castigar con penas de hasta un año de cárcel y 45.000 euros de multa, la difusión de imágenes, fotos o de cualquier otro elemento que permita identificar a los policías durante sus operaciones. Según el Gobierno, se trata de proteger a los agentes, víctimas de amenazas, en particular en las redes sociales.

Sus detractores responden que es una ley contra la libertad de informar y de mostrar imágenes como las que dejó este martes el desalojo contundente por las fuerzas del orden de cientos de migrantes acampados en la simbólica plaza de la República de París.

La Asamblea Nacional aprueba el proyecto de ley

Mientras las fotos y los vídeos de la operación policial se hacían virales en las redes, la Asamblea Nacional daba luz verde al proyecto de ley de Seguridad Global, con 388 votos a favor de la mayoría gubernamental de La Republique en Marche y sus aliados del grupo Agir Ensemble.

Desde Bruselas advierten a Francia de que debe tener cuidado con este tipo de leyes.

"Los valores europeos están claramente establecidos en los tratados -dice el eurodiputado Damian Ciolos, líder del grupo Renovar Europa-. Pedimos la independencia de la justicia, la libertad de prensa, el respeto a las minorías, para respetar también la independencia de las instituciones democráticas del Estado."

Una ley tachada de 'liberticida' y de deriva autoritaria del Gobierno

Las críticas llueven desde la derecha, que considera la Ley de Seguridad imprecisa y mal diseñada, y desde la izquierda, que la tacha de 'liberticida' y muestra de una deriva autoritaria del Gobierno francés. También acusan al presidente Emmanuel Macron de buscar el beneplácito de los votantes de extrema derecha, de cara a las elecciones de 2022.