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Sin luz ni electricidad en el mayor poblado chabolista de Europa

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Sin luz ni electricidad en el mayor poblado chabolista de Europa
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La luz del día es la única intensa de la que puede disfrutar Saida. Los cortes en la red eléctrica en un barrio marginal de Madrid desde hace dos meses han provocado que sean necesarias velas para realizar actividades tan básicas como leer. No es lo peor. Su hija de tres años tiene una grave enfermedad pulmonar y requiere asistencia mecánica.

"Una desgracia total para mi hija" dice Saida. "Una impotencia y una rabia porque su vida ahora es la electricidad, ya que lleva un aparato que hay que ponerle cuando le cuesta respirar."

Las soluciones que le han dado desde los servicios sociales a esta mujer marroquí, que vive en España desde hace 25 años, tampoco le convencen: “Me dijeron que ya conocían el caso y que no hacía falta que fuera más, y que si la niña se ponía mal me fuera al hospital”.

Cañada Real, mucho más que un poblado chabolista

La vivienda de Saida está en la Cañada Real, el asentamiento chabolista más grande de Europa. A lo largo de 16 kilómetros, aquí están establecidas 8000 personas y la mitad de ellas no dispone de electricidad desde el pasado 2 de octubre. Más dificultades a una situación ya de por sí complicada.

“Lo que hablaría es de una exclusión urbanística y es un problema de acceso a servicios, que es lo que no tiene este barrio", denuncia Laura Gil, coordinadora de la Ca´ñada Real para la Fundación Secretariado Gitano. "Es un barrio lineal y hay muchos de los sectores de Cañada Real que no tienen servicios cercanos a sus viviendas.”

Desde el inicio de los cortes de electricidad, la policía ha llevado a cabo varias actuaciones contra el cultivo interior de marihuana, posible causa del desabastecimiento. La distribuidora asegura que hay una sobrecarga en la red. Pero los motivos poco importan a los que no pueden disponer de sus electrodomésticos, radiadores o aparatos médicos. Saida lamenta que "ves como toda la gente te da la espalda cuando les necesitas".

En 2017 se firmó un pacto regional para encontrar soluciones en Cañada Real, pero tres años después muchos de los residentes no tienen ni siquiera cubiertas las necesidades más elementales.