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El duelo gestacional: cuando la ley laboral no reconoce la pérdida de un hijo

Por Marta Rodriguez Martinez
Foto de archivo.
Foto de archivo.   -   Derechos de autor  Pixabay
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Cuando Ginesta Urbano se reincorporó al trabajo después de haber interrumpido su embarazo, pidió que le cambiaran la ruta. Trabajaba acompañando niños en un autobús escolar y todos sabían que estaba embarazada.

No se sentía capaz de afrontar las preguntas de por qué ya no lo estaba, mucho menos frases como "mejor ahora que no lo conocías" con las que la gente trataba de reconforla.

"Duele muchísimo, has perdido un hijo", explica, pero es un duelo que todavía la sociedad no comprende, ni reconoce, que se invisibiliza.

Urbano se sometió a un aborto voluntario en la semana 22, a los cinco meses de embarazo. Una decisión que su marido y ella tuvieron que tomar en 48 horas, para no sobrepasar el límite legal en España, al descubrir durante una revisión que su bebé tenía una grave malformación.

Entonces, ambos requirieron una baja laboral. A ella, su doctora se la dio directamente. En el caso de él, el tratamiento fue distinto. "No le ofrecieron atención psicológica ni le preguntaron cómo estaba", rememora Urbano. "Tuvo que ir a su doctora y pedirle que le diera una baja; no quería volver a trabajar, ni dejarme sola en casa".

En ambos casos, las bajas fueron justificadas por ansiedad y depresión. Sin embargo, Urbano insiste en que lo que a ellos les pasaba era distinto: estaban de duelo.

El pasado mes de marzo el Parlamento de Nueva Zelanda aprobó una "baja por duelo" que permitirá a las parejas que sufran un aborto, voluntario o espontáneo, o cuyo bebé nazca muerto, tomarse 3 días de permiso para "aceptar su pérdida".

Se trata de una medida bastante pionera en el mundo - al menos en el occidental - con la que Nueva Zelanda se une a una pequeña lista de países que incluyen a la India y Filipinas.

Urbano forma parte de la asociación española A Contracor, la primera creada para acompañar a familias en el duelo después de un aborto voluntario, y aboga por que los países europeos reconozcan este mismo derecho. Hasta ahora, las familias están expuestas a la comprensión del personal sanitario y de sus empleadores.

"No es un dolor que se reconozca", alega, y lo que lo complica aún más: "muchas empresas no lo llevan bien".

En España, la baja por maternidad en caso de muerte fetal se da únicamente a la madre si el tiempo de gestación es superior a los 180 días (26 semanas de embarazo) y el bebé pesa más de 500 gramos, señala.

Los padres no reciben ningún tipo de permiso así como tampoco los progenitores cuyo embarazo no supera esos días de gestación.

En 2018 y 2019, hubo padres que sí pudieron acogerse a la baja por paternidad, explica Urbano, pero en el primer trimestre de 2020 se empezaron a denegar alegando que se otorgan "para el cuidado del recién nacido" y que en estos casos no hay ningún bebé al que cuidar.

Urbano se alegra del "paso adelante" dado por Nueva Zelanda, pero lo considera "breve". Una pérdida no se supera en 3 días, atestigua, "tan solo da tiempo para resolver los papeles de la funeraria".

Pero reconoce el avance de denominarlo "duelo", porque es precisamente lo que duele a las parejas que tienen que ir a pedir la baja a sus médicos: el hecho de justificar que lo que les pasa es real, que han perdido a un hijo y que esto les incapacita para ir a trabajar.

Para contactar con A Contracor, la Asociación de duelo por interrupción del embarazo, visita su página web de Instagram, ofrecen acompañamiento y guía a las parejas que estén pasando por este tipo de situación.