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Se enquista el conflicto palestino-israelí sin que nadie aborde el problema de fondo

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Nabil al-Kurd, uno de los vecinos de Jerusalén Este amenazado por un deshaucio forzoso
Nabil al-Kurd, uno de los vecinos de Jerusalén Este amenazado por un deshaucio forzoso   -   Derechos de autor  Maya Alleruzzo/AP
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Desde hace medio siglo el conflicto palestino-israelí se enquista cada vez más.

A juicio de muchos analistas, los últimos acontecimientos no son más que una prueba de que nadie afronta el problema de fondo, el avance de la ocupación para reducir la presencia palestina en Jersualén Este.

Todo pese a que el Tribunal Supremo israelí ha aplazado el juicio sobre los últimos desahucios.

"La resolución judicial, simplemente ha pospuesto los deshaucios que mucha gente cree que serán inevitables. Es una práctica común del régimen israeli, aplazar la ejecución de estas sentencias para no decir que los palestinos han ganado, permitiendo que permanezcan en sus casas, para rebajar la tensión e intentar reducir en parte la atención internacional", explica la analista política del centro de estudios Al Shabaka, Yara Hawari, desde Ramala.

"Israel está intentando cambiar el foco de atención, transformando esto más en un conflicto religioso que en una resistencia de los palestinos a su desaparición y a su expulsión", añade Hawari.

El aplazamiento de las elecciones palestinas por la negativa de Israel a aceptar los comicios en Jerusalén Este refuerza la posición de Hamás.

"Cuando Hamás desde Gaza opta por lanzar ataques con cohetes no hay otra alternativa que responder y responder con firmeza. Sin embargo, intentando analizar una circunstancia concreta olvidamos la fotografía en su conjunto. Y esta fotografía es que hasta que no seamos capaces de resolver el conflicto palestino-israelí, desafortunadamente vamos a seguir con este tipo de inicidentes", comenta el analista del Foro de Política israelí Nimrod Novik, antiguo asesor del presidente Simón Peres.

Sin un proceso de paz a la vista, Estados Unidos tiene la llave de la solución. De momento, el presidente Joe Biden tiene que apagar las brasas del fuego desatado por su predecesor, Donald Trump.