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Irán: lo que está en juego en unas disputadas elecciones presidenciales

Por Cinzia Rizzi  & Afp
Simpatizantes del candidato presidencial Ebrahim Raisi durante un mitin, en la ciudad de Eslamshahr, al suroeste de la capital
Simpatizantes del candidato presidencial Ebrahim Raisi durante un mitin, en la ciudad de Eslamshahr, al suroeste de la capital   -   Derechos de autor  AP Photo
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Este viernes, Irán está llamado a las urnas para elegir al sucesor de Hassan Rouhani entre cinco candidatos.

Se trata de unas elecciones presidenciales -las decimoterceras desde la revolución de 1979- cuyo resultado parece bastante seguro: deberían ser los conservadores los que lleguen al poder, encabezados por Ebrahim Raisi, actual presidente del Tribunal Constitucional y considerado por la mayoría como el sucesor natural del Guía Supremo, Alí Jamenei.

Dos candidatos se retiran en la recta final

Raisi también se beneficiará de los votos que habrían ido a parar a manos de Alireza Zakani, que se retiró este jueves. El conservador de 56 años no es el único que se ha echado atrás a dos días de la votación.

El miércoles, Mohsen Mehralizadeh, el único verdadero reformista permitido en la lista por el Consejo de Guardianes, también retiró su candidatura. El ex gobernador de la provincia de Isfahán deja así el camino libre a Abdolnaser Hemmati, de momento el único no conservador que opta a la presidencia.

Pero, como se preveía, a falta de candidatos capaces de hacerle sombra -tras la exclusión por parte del Consejo de Guardianes de sus principales adversarios políticos, como el ex presidente Mahmud Ahmadineyad-, las posibilidades de que salga elegido alguien que no sea Raisi son realmente escasas. Según los últimos sondeos, el ultraconservador se considera ganador con el 60% de los votos, ya en la primera vuelta (la eventual segunda vuelta está prevista para el 25 de junio).

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El resto de candidatos: cuatro conservadores y un reformista

Además de Ebrahim Raisi, en la carrera presidencial, también por los conservadores, está Mohsen Rezai, antiguo comandante en jefe de los Guardianes de la Revolución, que ya ha fracasado en dos elecciones presidenciales (en 2009 y 2013, tras retirarse en 2005, pocos días antes de la votación).

Saeed Jalili, antiguo secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, ya fue candidato en 2013 y obtuvo el 11,4% de los votos, quedando en tercer lugar, justo por delante del general Rezai (10,6%).

El último ultraconservador en la carrera es el diputado Amir-Hossein Ghazizadeh Hashemi, poco conocido por el público en general; también lo es Abdolnasser Hemmati, ex presidente del banco central y único reformista en la carrera ahora.

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Posible récord de abstención

No es sólo la exclusión de los opositores más importantes lo que debería dar la victoria a Raisi, sino también el alto índice de abstención. Según los sondeos, de hecho, la participación debería ser inferior al 40%, con una tasa de abstención que podría, por tanto, superar el récord del 57%, registrado en las elecciones legislativas de 2020.

¿Por qué más de la mitad de los votantes iraníes -si se confirman las estimaciones- no acudirán a las urnas el viernes? La sensación para muchos de ellos es que estas elecciones tienen un resultado previsible y se producen en un contexto de decepción y desencanto, tras ocho años de presidencia del centrista y moderado Hassan Rouhani, que ha defraudado las expectativas del pueblo iraní.

Los dos mandatos del actual presidente -que, recordemos, tiene menos poder en la República Islámica de Irán que el Guía Supremo en cualquier caso- han estado marcados en particular por el fracaso de su política de apertura, después de que el "enemigo número 1", Estados Unidos, se retirara el 8 de mayo de 2018 del acuerdo nuclear iraní (o JCPOA), firmado en Viena solo tres años antes. El entonces presidente estadounidense, Donald Trump, había relanzado entonces las sanciones económicas contra el país de Oriente Medio.

Lo que está en juego el viernes

Irán está atravesando una fase extremadamente delicada. El contexto es el de una crisis económica y social agravada por la pandemia de Covid-19. El descontento es palpable, aunque no estamos en los niveles del invierno de 2017-2018 o del otoño de 2019, cuando el pueblo iraní salió a la calle a protestar y fue víctima de una violenta represión.

La economía y el acuerdo nuclear con Irán (dos temas estrechamente relacionados) son dos de los principales asuntos en juego en estas elecciones. La economía de Irán volvió a crecer en 2016, tras la firma del JCPOA en Viena el año anterior. Pero la salida de Estados Unidos del pacto dos años después y el restablecimiento de las sanciones estadounidenses sumieron a Irán en una violenta recesión.

Aunque el PIB de Irán comenzó a estabilizarse en 2020 tras dos años oscuros, según el Fondo Monetario Internacional, el poder adquisitivo de los iraníes ha sufrido un gran golpe debido a la inflación.

Entonces, ¿cómo dar la vuelta a la situación económica? Todos los candidatos coinciden en que la prioridad, para que la economía vuelva a crecer con fuerza, es conseguir que se levanten las sanciones estadounidenses reimpuestas o instituidas por la administración Trump.

Todos apoyan las negociaciones que se están llevando a cabo en la capital austriaca, para salvar este acuerdo mediante la reincorporación de Estados Unidos a través del levantamiento de sus sanciones, a cambio de que Teherán vuelva a aplicar al pie de la letra el texto del JCPOA, tras sus sucesivas desvinculaciones en respuesta a la retirada estadounidense.