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Los padres de Valentina Orellana-Peralta, muerta en un tiroteo policial, exigen justicia

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Por Euronews en español  con AFP
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Los padres de Valentina, devastados durante su comparecencia para exigir justicia por lo sucedido
Los padres de Valentina, devastados durante su comparecencia para exigir justicia por lo sucedido   -   Derechos de autor  AFP

Les han arrebatado lo más preciado de sus vidas y ahora tan solo piden justicia. Son los padres de Valentina Orellana-Peralta, la niña chilena de tan solo 14 años de edad que moría la semana pasada en Los Ángeles por el impacto de una bala perdida durante un tiroteo efectuado por la policía en el interior de un centro comercial. Una actitud según denuncian tanto sus padres como la Liga de ciudadanos latinoamericanos unidos, totalmente irresponsable. 

"Escuchamos gritos y nos sentamos abrazadas rezando", contaba, devastada, su madre, Soledad Peralta. "Algo impactó a mi hija Valentina y nos lanzó al piso. Y murió en mis brazos. No pude hacer nada". 

"Ella lo único que quería era ser ciudadana americana", relataba por su parte su padre, Juan Pablo Orellana. "Yo le dije 'vámonos de este país', y me dijo que no, que este país es el país más seguro del mundo, el país de las oportunidades".

Una tragedia incomprensible

Todo sucedía el pasado jueves 23 en el Burlington Coat Factory. Valentina se encontraba haciendo compras prenavideñas cuando se iniciaba un tiroteo de la policia para reducir a un hombre, visiblemente alterado y armado con una cadena con la que golpeaba a una mujer.

Al ser disparado por un agente, una bala perdida atravesaba la pared del probador donde se escondía la niña, matándola al instante. El atacante también murió abatido. 

La Policía ya ha abierto una investigación completa del incidente, en la que se valorará hasta que punto era necesario abrir fuego en un centro comercial lleno de gente contra una persona que no estaba probado llevara algún arma de fuego.

"Este caótico incidente que resultó en la muerte de una niña inocente es trágico y devastador para todos los involucrados", confesaba el jefe de policía Michel Moore, encargado de ordenar la investigación. "Lamento profundamente la pérdida de la vida de esta joven y sé que no hay palabras que puedan aliviar el dolor inimaginable para la familia".

Se trata de una nueva muerte a manos de la Policía en un país tristemente acostumbrado a ello. Según un recuento del Washington Post, más de 900 personas habrían muerto por disparos de agentes en el último año.