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Los traficantes de personas dificultan la llegada de miles de refugiados ucranianos a Berlín

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Por Euronews en español
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Refugiados ucranianos en la estación central de Berlín, Alemania
Refugiados ucranianos en la estación central de Berlín, Alemania   -   Derechos de autor  Markus Schreiber/Copyright 2022 The Associated Press. All rights reserved

El caos y el desconcierto reinan estos días en la Estación Central de Berlín. La capital alemana se ha convertido en uno de los principales destinos de miles de ucranianos que huyen de la guerra. Pero por si estas personas no tuvieran suficiente, a su llegada a la estación se topan con nuevas y duras normas de acogida por parte de las autoridades alemanas.

El problema radica en los traficantes de personas, que han aprovechado la actual situación para hacer negocio con prácticas ilegales. Para hacerles frente, las autoridades exigen a todo aquel que quiera ayudar o acoger a los refugiados a registrarse y rellenar minuciosamente los formularios oficiales. Un proceso que inevitablemente ralentiza aún más la larga odisea hacia la seguridad.

Jörn, voluntario de la estación reconoce que "la situación está degenerando un poco. No está todo controlado como debería. Aquí trabajan cientos de voluntarios durante el día y al menos treinta por la noche, y sin esos voluntarios esto no funcionaría".

Katja Gräbert es la coordinadora de la recepción de refugiados ucranianos en la estación de Berlín. Ella reconoce que "antes estaba todo organizado de forma totalmente privada, por lo que todo era posible, no estaba mal del todo. Pero desde que hay incidentes con los traficantes de personas, que vienen aquí con malas intenciones, llevándose a la gente a sus casas o a otros lugares, se desconoce por completo quiénes circulan por aquí", denuncia Gräbert.

Más de tres millones de personas, casi la mitad de ellas niños, han huido de Ucrania desde que comenzó la guerra hace tres semanas. En medio de una ola de solidaridad sin precedentes, se han producido casos de engaño y abuso que han hecho saltar las alarmas. Toda precaución, por tanto, es poca.