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25 grados en restaurantes, peluquerías y hospitales: España introduce excepciones al plan energético

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Por Laura Llach
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Un empleado cerrando un bar en Pamplona, en el norte de España
Un empleado cerrando un bar en Pamplona, en el norte de España   -   Derechos de autor  Alvaro Barrientos/Copyright 2019 The Associated Press. All rights reserved

El Gobierno español se mantiene firme a pesar de la tormenta generada tras la publicación del plan de ahorro energético. Una semana después, la ministra para la transición ecológica, Teresa Ribera, ha sido la encargada de reunirse con los presidentes autonómicos para debatir las propuestas y garantizar su cumplimiento hasta noviembre de 2023.

Ante el rechazo de algunos líderes regionales, en particular los del Partido Popular que pedían la retirada de las medidas, la ministra ha sido clara: “El decreto está en vigor y se mantiene".

Misma respuesta contundente por parte de su compañera de gabinete, María Jesús Montero, ministra de Hacienda: “No vamos a permitir ninguna insumisión”.

Lo que sí ha permitido el Gobierno es una lista de establecimientos que no tendrán la obligación de mantener el aire acondicionado con un tope de 27 grados y la calefacción a 19 grados como máximo.

Los hospitales, los centros educativos (colegios, universidades y guarderías) así como las peluquerías quedan fuera de la limitación. El viernes pasado, el Gobierno precisó además que bares, restaurantes y determinados comercios, podrán utilizar el aire acondicionado “en el entorno de los 25 grados” y no los 27 que anunciaron en un principio.

Se permite rebajar la temperatura en espacios donde los trabajadores tengan “condiciones de ejercicio físico”, frente a los puestos de trabajo de tipo sedentario, como por ejemplo, una oficina o un comercio que no requiera actividad física de los empleados.

Recelo entre el sector de la hostelería

“Lo que habían dictado es un sinsentido”, comenta César García, dueño de uno de los restaurantes del Grupo Vips en el centro de Segovia. “Los hosteleros ya arrastramos las consecuencias de las restricciones durante la pandemia y ahora quieren imponer más. Nosotros no lo vamos a cumplir hasta que no nos sancionen”, añade.

Aunque García sostiene que permitir la temperatura a 25 grados es más realista, afirma que no es suficiente. “Nosotros, en el local, ponemos el aire a 18 grados porque entre las máquinas que utilizamos y el calor corporal de la gente, la temperatura nunca es la que marca la máquina. El restaurante se queda a 24 grados”.

“La gente pasea por la calle a 40 grados, así que cuando entra al local quiere que esté fresco. Si pusiese el aparato de aire acondicionado a 25 grados, entre la maquinaria de sala, la cocina y las puertas de la calle que se abren constantemente, el local estaría a 28 grados”, sostiene.

El plan energético sigue suscitando recelos entre el sector de la hostelería. En Madrid, Francisco Martínez, que trabaja en el bar de tapas Casa Paco, opina lo mismo que García.

“Con el calor que hace ahora mismo, en el interior de los locales es difícil estar a 25 grados, y más en nuestro bar al que le pega el sol todo el día”, señala. “¡Es que estamos a 42 grados en el exterior!”

Aún así, Martínez celebra que la temperatura límite no sean 27 grados y no teme que entre menos gente en el local por limitarla a 25. “Los clientes protestarán seguro, pero no creo que vayamos a perder clientela por aplicar la medida. No creo que les condicione”, cuenta.

Tanto García como Martínez todavía no saben cómo hará el Ejecutivo para controlar que se cumpla el límite de temperatura en los establecimientos. Comentan que no les han dado explicaciones e imaginan que será a través de inspecciones rutinarias.

¿Pérdida de clientes?

Las peluquerías también respiran más aliviadas al no tener que cumplir con el tope impuesto por el Gobierno. Mari Paz Osorno lleva varios años al frente de una peluquería en Palencia. Cada verano, al abrir el establecimiento, pone el aire entre 24 y 25 grados.

“Teniendo en cuenta que utilizamos tres secadores además de un solarium que suelta aire caliente, era inviable tener el aire acondiciondo a 27 grados. Las clientas sudarían muchísimo y el peinado no aguantaría. Así no podríamos dar un servicio en condiciones”, indica Osorno.

Al entrar dentro de las excepciones, la peluquera cuenta que no cambiará nada para ella, ya que seguirá poniendo el local a la misma temperatura que antes de que se publicase el plan de ahorro energético.

“25 grados es una buena temperatura. No supone demasiado frío o calor, por eso, se puede mantener una temperatura óptima”, comenta.

Lo que más preocupa a la peluquera es el límite a la calefacción que tendrá que acatar en invierno. “El cliente no puede estar a 19 grados con la cabeza húmeda durante dos horas, que es lo que dura poner un tinte. Tiene que estar por lo menos a 22 grados, sino es imposible. Se queda frío”, asegura.

“Yo no volvería a una peluquería que me hiciese estar a 19 grados”, añade.

Con respecto a la “flexibilidad” anunciada por el Gobierno, la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, era tajante.

A pesar de que el Real Decreto establece que “no tendrán que cumplir dichas limitaciones de temperatura aquellos recintos que justifiquen la necesidad de mantener condiciones ambientales especiales”, los establecimientos tendrán que justificar rigurosamente cuándo no aplican el límite de temperatura.