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¿Debería Alemania prohibir el partido Alternativa para Alemania? ¿Qué consecuencias podría tener?

Esta foto tomada el 10 de agosto de 2021 muestra a simpatizantes bajo un paraguas con el logotipo del partido ultraderechista Alternativa Para Alemania.
Esta foto tomada el 10 de agosto de 2021 muestra a simpatizantes bajo un paraguas con el logotipo del partido ultraderechista Alternativa Para Alemania. Derechos de autor AFP
Derechos de autor AFP
Por Giulia Carbonaro
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El año pasado, un tribunal alemán dictaminó que el partido de extrema derecha era una amenaza para la democracia, lo que permitió que fuera vigilado por los servicios de seguridad del país.

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Un reciente estudio del Instituto de Derechos Humanos de Alemania sobre la posibilidad de prohibir Alternativa para Alemania (AfD) ha puesto al partido político de extrema derecha en el punto de mira.

Publicado el 7 de junio, el estudio afirma que la AfD representa ahora tal peligro para el orden democrático del país que "podría ser prohibida por el Tribunal Constitucional Federal".

La AfD puede ser prohibida legalmente porque sus objetivos explícitos son "eliminar el orden básico democrático libre" y "abolir la garantía de la dignidad humana" consagrada en la Constitución alemana, afirma el instituto.

Creado en 2013, el AfD ha sido acusado de albergar tendencias antidemocráticas, aunque oficialmente apoya la democracia en Alemania. Euronews se ha puesto en contacto con el partido.

A principios de este año, Alemania decidió etiquetar al ala juvenil de AfD, Alternativa Joven para Alemania, como grupo extremista. La acusación formal de extremismo es lo máximo a lo que puede llegar el país sin decretar una prohibición total.

Michael Reichel/(c) Copyright 2021, dpa (www.dpa.de). Alle Rechte vorbehalten
El político de extrema derecha Bjoern Hoecke, líder del grupo parlamentario AfD de Turingia, fue acusado de utilizar un lema nazi en 2021.Michael Reichel/(c) Copyright 2021, dpa (www.dpa.de). Alle Rechte vorbehalten

Los servicios de inteligencia nacionales también han calificado a la sección del partido en el estado de Turingia de grupo de extrema derecha. A principios de esta semana, su líder, Björn Höcke, fue acusado de utilizar a propósito un eslogan nazi en un acto de la campaña de mayo de 2021.

Pero mientras el estudio del Instituto Alemán de Derechos Humanos reavivaba el debate sobre la prohibición del partido en Alemania, AfD aprovechó la situación, convirtiendo su condena en una llamada a las armas para sus seguidores.

El partido de extrema derecha -que se opone al islam, la inmigración y la UE- preocupa a la clase política alemana, con un apoyo que ha pasado del 10% en junio pasado al 18% actual, según el sondeo de Politico.

El tiro por la culata

Según Una Ivona Titz, periodista e investigadora de la Fundación Amadeu Antonio, un grupo centrado en el extremismo y la extrema derecha, la propuesta de prohibir la AfD "se ha vuelto en su contra de forma masiva porque la AfD se encargó de pintar una imagen diferente en los medios de comunicación".

"En este momento, están obteniendo mucho apoyo en Telegram porque están reuniendo a sus seguidores y se están pintando a sí mismos como un partido perseguido dentro de un sistema injusto contra el que están luchando desde dentro", aseguraba a Euronews.

Aunque el estudio pretendía aumentar la concienciación sobre las amenazas que plantea AfD, "lo que estamos viendo es que les ha envalentonado y en realidad les ha ayudado a reforzar la imagen de AfD", explica Titz.

"Alemania tiene elecciones próximamente en Sajonia, y ahora mismo la AfD ronda el 30%", añadía. "Tememos que esto envalentone aún más o que pueda llevar a personas que son escépticas o que retienen su voto a ir realmente a votar a la AfD porque los perciben como el tipo de desvalido que es tratado injustamente".

En las últimas elecciones de distrito celebradas en Sonneberg, al sur de Turingia, el pasado fin de semana, Robert Stuhlmann, de AfD, obtuvo el 46,7% de los votos, por delante de cualquier otro candidato, pero no lo suficiente para evitar una segunda vuelta, prevista para el 25 de junio.

Los intentos anteriores de prohibir un partido electo en Alemania han fracasado y se han vuelto en contra de sus organizadores: en 2017, el segundo Senado del Tribunal Constitucional Federal rechazó una prohibición provisional del partido de extrema derecha NPD.

Los políticos también parecen cautelosos a la hora de sugerir la prohibición de AfD.

"El estudio ha cobrado fuerza como debate en Internet y posteriormente ha sido retomado por políticos de todo el espectro político", afirma Titz. "Así que había políticos de la CDU, del SBT y de la izquierda boicoteando la propuesta de prohibición o mostrándose escépticos ante la prohibición porque la veían como un intento fuera de lugar".

"Por ejemplo, Sebastian Hoffmann [del SPD] habló de la AfD como un partido anticonstitucional, pero, por otro lado, considera que el objetivo principal de la política es poner a la AfD en una especie de limbo político en el que deje de ser elegible y evitar así una prohibición", dice la investigadora.

Un dilema imposible

La idea de prohibir un partido no solo es políticamente delicada, sino que también plantea un dilema moral para muchos. Como dijo el profesor de Princeton Jan-Werner Mueller en un artículo de 2013, las democracias están "condenadas si lo hacen, condenadas si no lo hacen" a prohibir los partidos extremistas.

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Aunque prohibir un partido popular puede socavar los pilares de la democracia, afirma que dejar a un país expuesto a la amenaza del extremismo puede ser peligroso y "en última instancia, no dejar ninguna democracia que defender."

Por eso los países han evitado en general prohibir los partidos extremistas, y han explorado distintos enfoques.

"Hay un espectro de hasta dónde puede llegar el Estado para actuar contra los grupos extremistas", cuenta a Euronews Lorenzo Vidino, Director del Programa sobre Extremismo de la Universidad George Washington. "Y eso se basa en diferentes historias, diferentes enfoques constitucionales, sociales y culturales", aseguraba Vidino.

"No hay un camino correcto o incorrecto"

En un extremo del espectro, Vidino señaló el enfoque estadounidense, que se basa "en una tolerancia extrema de los intolerantes", lo que significa que los grupos nacionales considerados extremistas pueden ser tolerados.

"El Ku Klux Klan es legal en Estados Unidos", afirmaba, "pueden celebrar mítines, quemar cruces... A veces lo hacen. Eso es por una serie de razones basadas en la Constitución y la libertad de expresión".

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Estos grupos siguen estando vigilados por el Estado, "pero es básicamente imposible prohibir un grupo extremista nacional en Estados Unidos", continuaba Vidino.

En el otro extremo del espectro, señala a países como Alemania: "Hay muy poca tolerancia con los grupos extremistas, aunque no sean directamente violentos".

"Eso, por supuesto, proviene de la historia reciente de Alemania", cuenta el experto.  Incluso en los países donde se pueden prohibir los partidos extremistas, la decisión "nunca se toma a la ligera, por diversas razones", afirma Vidino.

"En primer lugar, hay un complicado proceso legal. Pero también tiene una vertiente política, que lleva a preguntarse si entonces prohibiríamos también los grupos extremistas de izquierda, como los ecologistas".

También hay una cuestión práctica, dijo Vidino. "Si prohíbes un grupo, no desaparece sin más. AfD tiene millones de seguidores: el problema que plantea no se resuelve después de prohibir el partido. De hecho, puedes perder el control que tienes sobre él al disolver el partido".

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¿Qué hacer entonces?

Vidino afirma que la mejor herramienta para contrarrestar a los partidos extremistas es la vigilancia. Pero hay otras.

Según Titz, una solución que ha demostrado su eficacia para debilitar el atractivo de partidos de extrema derecha como AfD es reforzar la alfabetización mediática hacia la democracia, especialmente en zonas como la antigua RDA, en el este de Alemania.

"Hay un alto nivel de escepticismo hacia la democracia en su conjunto, y lo que realmente ayuda, estadísticamente, es invertir en programas allí mismo, y mantenerlos [a la AfD] alerta con respecto a su retórica", afirma Titz que concluye: "Todo lo que lanza la AfD tiene que ser documentado, supervisado y contrarrestado". concluyó.

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