El aumento de los costes militares, las tensiones presupuestarias y las dudas sobre la asociación con Estados Unidos aumentan la presión. Gramegna, jefe del MEDE, ve un potencial sin explotar en el fondo de crisis.
El jefe del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), Pierre Gramegna, ha sugerido que el fondo europeo de crisis podría utilizarse también para gastos de Defensa en el futuro. En una entrevista con la agencia de noticias Reuters, explicó que el MEDE podría proporcionar líneas de crédito para fines de defensa. "En estos tiempos de agitación geopolítica, que han provocado un aumento del gasto y de los costes de defensa en todos los países, debemos utilizar todo el potencial del MEDE", dijo Gramegna.
Los Estados más pequeños del euro con presupuestos ajustados, como los bálticos Lituania, Estonia y Letonia, podrían beneficiarse especialmente. Estos países casi han cuadruplicado su gasto en defensa desde el ataque ruso a Ucrania y ahora destinan a ello alrededor del cinco por ciento de su producción económica, financiado en gran parte con nueva deuda.
A cambio, Gramegna cree que el MEDE no exigiría estrictos requisitos de reforma económica. Esto evitaría que la utilización del fondo de emergencia de la eurozona se asociara a un estigma político o económico. "A Europa le interesa utilizar todo su potencial", subrayó.
Reforzar la defensa europea
Desde el inicio del ataque ruso a Ucrania el 24 de febrero de 2022, en violación del Derecho internacional, la política de defensa en la UE ha cobrado más importancia que en ningún otro momento desde la Guerra Fría. Gramegna ve una presión adicional para actuar en vista de las tensas relaciones con Estados Unidos desde el segundo mandato del presidente Donald Trump. Esta es otra razón por la que cada vez se piensa más en la defensa en términos europeos.
Para ser más independiente financiera y estratégicamente, la UE también mira más allá de sus fronteras. Por ejemplo, Canadá se integró en un instrumento de financiación de la defensa de la UE a finales del año pasado. Los Estados miembros de la UE adoptaron en mayo el programa "Acciones de Seguridad para Europa" (SAFE). Proporciona hasta 150.000 millones de euros en préstamos favorables a largo plazo para proyectos conjuntos de defensa.
SAFE está destinado a financiar, por ejemplo, sistemas adicionales de defensa antiaérea o municiones. El requisito es que al menos el 65% de las armas adquiridas se fabriquen en Europa, con excepciones para países socios como Canadá.
Los países bálticos ya han recibido miles de millones del programa SAFE, muy solicitado. El apoyo a través del MEDE funcionaría según un principio similar.
Sin embargo, la liberalización europea no avanza en todas partes. Las conversaciones sobre la participación del Reino Unido en SAFE fracasaron en noviembre. La adhesión no está prevista por el momento, razón de más para buscar vías de financiación alternativas.
Obstáculos políticos
Sin embargo, un requisito previo para utilizar el MEDE para gastos de defensa sería la aprobación de los Estados del euro que apoyan el fondo. Además, sólo los países de la eurozona podrían beneficiarse de estos préstamos, por lo que quedarían excluidos Estados como Polonia.
Como la defensa aún no se ha incluido en el mandato del MEDE, una reorientación sería políticamente delicada. Incluso países militarmente neutrales como Austria, Chipre, Malta o Irlanda tendrían que estar de acuerdo.
Para minimizar las reservas políticas, Gramegna sugirió que varios países podrían presentar solicitudes conjuntas. "El impulso debe venir de los Estados miembros", dijo.
El Mecanismo Europeo de Estabilidad
El Mecanismo Europeo de Estabilidad es un fondo de crisis respaldado por los Estados del euro con un importe garantizado de más de 700.000 millones de euros. Se fundó en 2012 como fondo de rescate permanente para apoyar con préstamos y garantías a los Estados del euro con dificultades financieras.
El objetivo es garantizar la confianza en la estabilidad del euro y evitar la especulación contra Estados miembros concretos. El MEDE se financia con garantías de los Estados miembros y sus propios empréstitos gracias a su calificación AAA. El principal donante en aquel momento fue Alemania: la República Federal tuvo que transferir inicialmente casi 22.000 millones de euros al MEDE para constituir el capital social. El capital que se podía solicitar a Alemania ascendía a otros 168.000 millones de euros.
Sin embargo, en los últimos años el fondo ha perdido mucha importancia.
La iniciativa de Gramegna recuerda a un instrumento del MEDE de hasta 240.000 millones de euros creado durante la pandemia de coronavirus para financiar gastos sanitarios, que finalmente quedó sin utilizar.