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La guerra en Irán fractura la bolsa europea entre energía e industria

Las bombas de petróleo operan en los campos petrolíferos del desierto de Sakhir, Baréin.
Bombas de extracción de petróleo trabajan en los campos petrolíferos desérticos de Sakhir, en Baréin. Derechos de autor  AP
Derechos de autor AP
Por Piero Cingari
Publicado Ultima actualización
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Tras 18 días de conflicto, los mercados europeos sufren caídas del 7%. Mientras las petroleras y el sector de renovables registran ganancias récord por el cierre del estrecho de Ormuz, las aerolíneas y la industria del acero se hunden ante unos costes energéticos que ya son inasumibles.

18 días después del inicio de la guerra en Irán, el balance de las bolsas mundiales resulta inquietante. Los principales índices europeos han perdido en torno a un 7% desde el comienzo de las hostilidades, el Euro STOXX 50 cae un 6,5%, el DAX alemán retrocede un 7%, el CAC 40 francés baja un 7,2% y el FTSE MIB italiano cede un 6,4%, una corrección muy superior al más moderado descenso del 2,5% del S&P 500 estadounidense, que se beneficia de la condición de Estados Unidos como mayor productor de petróleo del mundo y de su relativa protección frente al shock energético.

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Sin embargo, estas cifras solo cuentan la mitad de la historia. Bajo la superficie se ha abierto una brecha extraordinaria entre las empresas europeas que se benefician de una energía cara y las que están siendo aplastadas por ella.

El shock energético que está transformando el continente

La consecuencia económica más inmediata del conflicto ha sido un brusco y profundo encarecimiento de la energía.

El cierre de facto por parte de Irán del estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del petróleo mundial, disparó el precio del Brent de unos 70 dólares a casi 120 dólares por barril en cuestión de días.

Este martes, el Brent ronda los 105 dólares, una subida del 42% respecto a los niveles previos a la guerra. Para intentar contener la escalada del crudo, la Agencia Internacional de la Energía coordinó una intervención histórica.

Más de 30 países de Europa, Norteamérica y Asia nororiental acordaron liberar en conjunto 400 millones de barriles de petróleo de sus reservas de emergencia, la mayor operación de este tipo en los 50 años de historia de la AIE.

Sin embargo, el mercado del petróleo ha lanzado un mensaje claro, ni siquiera este enorme volumen basta para hacer frente a una interrupción de la oferta sin precedentes, y los precios del crudo han subido más de un 17% desde el anuncio.

El gas natural se ha visto aún más afectado. El índice TTF holandés, principal referencia del precio del gas en Europa, se ha disparado un 60% hasta 52€ por megavatio hora.

En un informe publicado esta semana, la analista de energía de Goldman Sachs Samantha Dart advertía de que alrededor de 80 millones de toneladas anuales de suministro de GNL, el 19% del total mundial, están actualmente fuera de servicio tras la interrupción en el estrecho y el cierre de las instalaciones de producción de GNL de Qatar.

Su equipo mantiene una previsión para el TTF de 63€/MWh para el segundo trimestre de 2026 y advierte de que el progresivo ajuste del balance físico del gas en Europa podría llevar los precios al nivel en el que las empresas empiezan a sustituir gas por petróleo antes de que el conflicto se resuelva.

Los ganadores: energía, renovables y fertilizantes

Los principales beneficiados han sido los productores europeos de petróleo y gas, cuyos ingresos se mueven al compás de la materia prima cuyo precio se ha disparado con la guerra.

El gigante energético noruego Equinor se ha disparado un 23,7% desde comienzos de mes, a medida que los inversores se vuelcan en uno de los mayores productores de petróleo y gas del continente, con activos significativos muy lejos de la zona del conflicto. La también noruega Vår Energi sube un 19,9%, mientras que Aker BP gana un 17,1%. La italiana Eni avanza un 14,7% y la portuguesa Galp Energia suma un 13,6%.

Los avances más llamativos, sin embargo, llegan de un frente inesperado, los biocombustibles. La alemana Verbio SE, productora de combustibles renovables, ha repuntado un 30,4%, y la finlandesa Neste Oyj, el mayor fabricante mundial de diésel renovable, gana un 28,1%.

A medida que los combustibles fósiles convencionales se encarecen y las cadenas de suministro se vuelven más frágiles, las alternativas energéticas resultan mucho más atractivas tanto para los compradores como para los inversores. La gasista alemana Uniper SE, que en los últimos años ha diversificado para reducir su dependencia del suministro ruso, ha subido un 19,1%.

El sector de fertilizantes también ha registrado fuertes subidas, con K+S avanzando un 15,3% y Yara International un 15,0%.

Estos movimientos reflejan una crisis de suministro de materias primas que pasa casi desapercibida, alrededor de un tercio del comercio mundial de fertilizantes transportados por mar, unos 16 millones de toneladas, pasa por el estrecho de Ormuz, incluido el 43% de las exportaciones marítimas de urea, el 44% del azufre y más de una cuarta parte del amoníaco comercializado.

Los perdedores: acero, aerolíneas y construcción

En el otro lado de la balanza, las pérdidas han sido igualmente contundentes. Las industrias intensivas en energía y las empresas expuestas a unos costes más altos sin capacidad para repercutirlos han sufrido duramente.

Las aerolíneas figuran entre las más castigadas. Wizz Air, la compañía de bajo coste con sede en Budapest y fuerte exposición a las rutas de Europa Central y del Este, se ha desplomado un 31,2%.

Air France-KLM ha perdido un 22,1% y easyJet cede un 21,8%. Las tres se enfrentan al mismo cálculo implacable, el coste del queroseno se ha disparado, los programas de cobertura solo ofrecen una protección parcial y temporal, y la capacidad para trasladar los aumentos de costes a los billetes es limitada y demasiado lenta para proteger los beneficios.

Los productores de acero han sufrido un golpe similar. Salzgitter cae un 27,9%, thyssenkrupp baja un 27,3% y ArcelorMittal pierde un 19,1%, a lo que se suma el especialista en acero inoxidable Aperam, que retrocede un 24,5%.

La producción de acero figura entre los procesos industriales más intensivos en consumo energético del planeta, y las plantas que operan con márgenes ajustados se enfrentan a una crisis inmediata de rentabilidad cuando el precio del gas sube un 60% en tan poco tiempo.

La ingeniería española Técnicas Reunidas ha caído un 23,7%, víctima de su elevada exposición a proyectos de infraestructuras energéticas en Oriente Medio ahora sumidos en la incertidumbre por la guerra.

El grupo constructor Webuild pierde un 26,6%, reflejo de un temor más amplio a que una desaceleración impulsada por la energía paralice la inversión en infraestructuras en las economías europeas más expuestas.

La minera Hochschild cierra la lista con un descenso del 21%, el encarecimiento de la energía comprime sus márgenes y reduce el apetito por el riesgo en los valores extractivos de menor tamaño.

Europa afronta esta crisis desde una posición estructuralmente vulnerable.

Pese a haber reducido de forma drástica su dependencia del gas ruso por gasoducto desde la invasión de Ucrania, el continente sigue siendo extremadamente sensible a las interrupciones del suministro energético, y los niveles de almacenamiento de gas de cara a 2026 ofrecen menos colchón que en años anteriores.

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